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lunes, 28 julio 2014
00:17
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La Razón

Cine

«Abraham Lincoln: cazador de vampiros»: Acción de serie Z

  • Dirección: Timur Bekmambetov Guión: Seth Grahame-Smith, según su novela.  Intérpretes: Benjamin Walker, Dominc Cooper, Anthony Mackie. EE UU, 2012. Duración: 105 minutos. Acción/terror.

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lo mejor:  El punto de partida, entre brillante y demencial, es oro puro para los cinéfilos bizarros
lo mejor: El punto de partida, entre brillante y demencial, es oro puro para los cinéfilos bizarros

Hubo un tiempo en que los republicanos parecían demócratas. Cuando las tropas de crudos esclavistas hacían de su rabia xenófoba una nueva forma de vampirismo, el defensor de las libertades, Abraham Lincoln, versión ONG de Van Helsing y decimosexto presidente de los Estados Unidos, cortaba cabezas para saciar su sed de venganza. Este escenario, pura política-ficción, es el atractivo punto de partida que el kazajo Timur Bekmambetov tira por la borda.

Los ecos ideológicos que esta premisa ofrece en plena campaña electoral norteamericana, con Obama y Romney como protagonistas de una lucha sin cuartel, son sistemáticamente ignorados por el director de «Guardianes de la noche», demasiado ocupado en imitar el gastado efecto «bullet time» popularizado por los Wachowski, en despedazar las secuencias para dinamizar artificialmente lo que carece de ritmo, en jugar con los géneros –ese amor por el cine de artes marciales– sin demostrar ninguna sensibilidad «pulp».

«Abraham Lincoln: cazador de vampiros» necesitaba, sin duda, un cineasta con sentido del humor, que trabajara con distancia autoparódica la dimensión alegórica (¿no serán los vampiros miembros de Al Qaeda?) de esta camuflada historia de superhéroes. Por el contrario, Bekmambetov es un Tony Scott de serie Z: su problema no es su falta de sentido del exceso, sino la vulgaridad discotequera de su estilo, nacido para caducar al término de la proyección.

 

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