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domingo, 21 diciembre 2014
04:15
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La Razón

Horacio Vázquez Rial muere el escritor incansable

  • El autor argentino falleció en Madrid a los 65 años

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Madrid- Horacio Vázquez Rial era la cortesía en persona. Se ponía en el lugar del interlocutor –y muy especialmente del lector– con una naturalidad tal que muchas veces este no se daba cuenta del esfuerzo que Horacio estaba haciendo para argumentar, informar, aclarar y puntualizar. Entonces entraba en juego una ironía tan fina que le convertía en un personaje literario, alguien que viviera en un plano distinto del de la realidad común. Ahora que ya no está con nosotros, nos queda de él, además de su recuerdo y sus libros, esa forma de evadirse tan libre, tan limpia, tan elegante, y también tan comprometida con la vida.

Horacio Vázquez Rial, por otro lado, no sabía lo que era el diletantismo. Era un profesional absoluto, volcado en una dedicación sin límites a la literatura. Jamás supo ni quiso hacer otra cosa que no fuera escribir. Le gustaba embarcarse en libros ambiciosos que le requerían un interminable trabajo de investigación. Ahí está el libro sobre Perón, el dedicado a Gustavo Durán («El soldado de porcelana») y su saga bonaerense «Frontera Sur». El último trabajo que anduvo escribiendo, recién publicado en Encuentro, es uno de estos grandes libros, esta vez dedicado al general Liniers, el virrey español del Río de la Plata que acabó fusilado por los independentistas argentinos. A Horacio Vázquez Rial le fascinaban estos personajes complicados, a caballo entre dos mundos y en perpetuo movimiento entre esquemas vitales irreconciliables. Aunque no estaba hecho para el heroísmo, tampoco a él la vida le resultó fácil. Llegó a España en los setenta, huyendo de una Argentina donde no regía el respeto a la vida civilizada. Aterrizó en Barcelona, una ciudad destinada por entonces a convertirse en capital de la cultura española e hispánica. Cuando el proyecto nacionalista hizo de ella una capital de provincias, Horacio, que no aguantaba un ambiente tan enrarecido, se fue a vivir a Madrid. Madrid le sentó bien, aunque nunca acabó de acostumbrarse a la atmósfera madrileña, tan dura, tan inhóspita, tan poco cordial. 

Detrás de esto estaba una experiencia que debió de ser dolorosa y que muchos de los que le queríamos sentimos ahora como una responsabilidad propia. Horacio Vázquez Rial no tuvo, en particular al final de su vida, el reconocimiento que se merecía. Por cobardía, también por pereza y por sectarismo, la sociedad española desperdicia cada día talento y generosidad sin límites. Escritor de raza,  no se dejó avasallar, pero patriota, amante y conocedor de España como era, no podía engañarse a este respecto.

Su pecado fue dejar de ser de izquierdas en una sociedad donde eso no se perdona. Resulta paradójico, porque de los muchos que hicieron ese trayecto, fue el más ajeno al sectarismo. Había conservado amigos en todo el espectro político y era de los pocos intelectuales capaces de moverse en (casi) todos los ambientes. Dio igual. Lo que cuenta es su generosidad y su honradez personal e intelectual. Ese es el legado de un hombre que ha vivido una vida intensa y cumplida como pocas.

Bibliografía esencial
Novela l «Historia del triste» (1987), que fue finalista al premio Nadal
 La isla inútil» (1991)
«El soldado de porcelana» (1997)
«La pérdida de la razón» (1999)
«Las dos muertes de Gardel» (2001)

Ensayo
«Perón, tal vez la historia» (2005)

Poesía
«Los borrachos en el cementerio» (1979)
«Juegos del archipiélago» (1965)

 

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