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lunes, 21 abril 2014
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La Razón

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El corazón espiritual de Polonia

  • La que fuera capital polaca durante siete siglos alberga una plaza central de dimensiones colosales y una catedral con un abanico de estilos arquitectónicos. A 400 metros bajo tierra guarda una iglesia en una laberíntica mina de sal y, en su cara más sobrecogedora, la fábrica de «La lista de Schindler» y el vecino campo de Auschwitz-Birkenau
     

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El corazón espiritual de Polonia
El corazón espiritual de Polonia

A  diferencia de otras muchas ciudades del país, los daños que sufrió Cracovia durante la Segunda Guerra Mundial fueron escasos. Por una vez, la belleza y el arte no sucumbieron a la barbarie y a las bombas y hoy podemos disfrutar de la versión original de la que fuera capital de Polonia durante siete siglos, corazón religioso del país y hervidero de estudiantes y turistas.
Cracovia no ha sido sede de ningún partido de la Eurocopa de fútbol celebrada este verano en Ucrania y Polonia, no lo necesita, pues ya es la ciudad más visitada del país.


Y hablando de fútbol, habría que intentar calcular a cuántos campos equivale la superficie de la inmensa plaza del mercado. Es uno de los mayores espacios urbanos del mundo, similar en superficie a la de San Pedro de Roma. No lo parece porque no es un espacio diáfano. Se encuentra enmarcada, como en otras ciudades polacas, por una sucesión de edificios de interés histórico. Sin embargo, en el centro se ubica el mercado de los paños, un edificio gótico con una coqueta galería comercial en su interior. De día o de noche, resulta una imagen que siempre quedará en la retina mientras la rodeamos para contemplarla desde todos sus ángulos.


El bullicio no desciende y si la meteorología lo permite, rebosa vida en sus incontables terrazas, bancos y al pie de la estatua del poeta Mickiewicz, uno de los símbolos de la plaza. En una esquina vemos la iglesia de Santa María, espectacular templo gótico con bellos frescos en el techo de azul y oro, bellas vidrieras y un retablo a modo de políptico (varios cuadros) que una monja descubre con increíble solemnidad cada día a las 11:50 de la mañana.

La cuna de Karol Wojtyla
Esta histórica ciudad es abundante en iglesias de muchos estilos y épocas. De hecho, una omnipresente figura es la de Karol Wojtyla, otrora cardenal de Cracovia y luego convertido en el inolvidable Papa Juan Pablo II. De entre todos los templos católicos destaca su catedral de San Wenceslao y San Estanislao. Conglomerado de varios estilos artísticos, aquí eran coronados y enterrados la mayor parte de los reyes polacos. Sus 18 capillas, además de las naves centrales, aglutinan tanto arte que la catedral es considerada como el mayor museo de Polonia. Se encuentra en la colina del Wawel, donde, con el río Vístula a sus pies, se halla el castillo de la ciudad. La leyenda dice que hace dos mil años se encontraron unos huesos que la gente creyó de dragón y este animal mitológico se adoptó como símbolo.


Caminando por las medievales callejuelas podemos ver algunos edificios vinculados a la Universidad, la más importante de Europa Central en la época de oro de Polonia, con Nicolás Copérnico como estudiante más conocido. Hoy, una cuarta parte de la población de la ciudad es estudiante.
Pero entre ese centro comercial del Renacimiento y la capital turística y cultural de nuestros días queda por el camino unos de los periodos más negros e impactantes de la Historia de la humanidad. Saliendo un poco del centro histórico, algún resquicio queda de lo que fue el gueto de la ciudad donde los nazis confinaron a los judíos y cerca de esa zona un enclave que el cine inscribió en la memoria colectiva. Se trata de la fábrica del industrial Oskar Schindler, quien salvó a 1.200 judíos del Holocausto, contratándolos para la fabricación de artículos para la Wehrmacht. Recientemente se ha habilitado como museo interactivo de aquellos años y resulta una visita más que interesante.


Por último, si dispone de tiempo, a una distancia razonable hay varios puntos de interés, entre los que sobresalen las famosas minas de sal de Wieliczka, perteneciente al área metropolitana de Cracovia, que han sido explotadas sin interrupción desde el siglo XIII. En unas interminables galerías a 400 metros de profundidad se suceden las estatuas de sal de personajes famosos, densas lagunas y hasta una catedral subterránea. Más información en: www.polonia.travel/es.
 

Una visita en silencio al templo de la muerte de Auschwitz
Aunque Polonia tiene muchos atractivos turísticos, por desgracia para los polacos, todo lo relacionado con los terribles momentos vividos en la II Guerra Mundial despierta un inusitado –a veces excesivo- interés para los extranjeros. Conocer la Historia, incluso sus capítulos más negros y odiosos, es fundamental para tomar conciencia de lo que es capaz el ser humano. Oswiecim sería una ciudad más del mapa polaco si los alemanes no le hubieran concedido el título de capital de la muerte cuando decidieron instalar allí los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau. Las imágenes mil veces mostradas en el cine y los documentales se vuelven realidad en una visita íntima y reflexiva, pero especialmente sobrecogedora.


Cada brizna de hierba que crece en el suelo parece contagiada de lo que ocurrió en sus barracones atestados e insalubres, en las alambradas de espino y en los hornos. La dimensión de la cultura del odio tiene un reflejo en las enormes pilas de zapatos, gafas, maletas o pelo humano. Instantáneas que nunca se olvidarán, que no entiende una mente civilizada. Son incontables las pertenencias acumuladas, vitrinas y vitrinas de objetos cuyos dueños jamás imaginaron cuál sería su destino. Y sólo es una parte ínfima e insignificante de los objetos personales que se acumularon en el campo en menos de cinco años.
 

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