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miércoles, 01 octubre 2014
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La Razón

Cataluña

Hacia dónde va CiU

  • El nacionalismo catalán toma alas en la Diada para impulsar la aventura soberanista  n El PP advierte a Mas de que el viaje independentista pondrá fin a la colaboración que han mantenido

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El Govern y los líderes catalanes, ayer, sobre el escenario de la Diada institucional, único acto al que acude el PP
El Govern y los líderes catalanes, ayer, sobre el escenario de la Diada institucional, único acto al que acude el PP Miquel González/Shooting

BARCELONA–  A Jordi Pujol se le recordará en los libros de historia, mal que le pase, como un gobernante decisivo a nivel español. Artur Mas ha optado por otro camino. Quiere ser recordado como el presidente de la Generalitat que, cuanto menos, puso las bases para «la libertad de Cataluña», una confusa manera de referirse a la independencia. A Mas no le ha importado estar a la espera de recibir el rescate del Gobierno de  5.023 millones de euros –un síntoma inequívoco de la dependencia catalana producto, entre otras cosas,  de su insostenible deuda– para alimentar una Diada, cuyas consecuencias son ahora imprevisibles.

Mas está convencido de que la manifestación de ayer va a ser de gran ayuda para ganar una posición de fuerza en la negociación que planteará al Gobierno para lograr un nuevo pacto fiscal. El presidente de la Generalitat se ha marcado como gran objetivo de la legislatura corregir el déficit fiscal de Cataluña y, para eso, va a instrumentalizar la marcha multitudinaria de la Diada.
La estrategia del Govern es simple: o España atiende el clamor de la calle y mejora la financiación catalana, o Cataluña pone rumbo a lo desconocido. El nacionalismo catalán se siente con fuerzas para plantear este órdago al Gobierno después de tres décadas donde CiU ha colaborado insistentemente con PSOE y PP. No hay que volver la mirada muy atrás para hallar precedentes. Sin ir más lejos, los presupuestos en vigor de la Generalitat han sido aprobados gracias al pacto que alcanzaron CiU y PP.

De hecho, la colaboración entre convergentes y populares ha sido muy fructífera desde que Mas accedió al gobierno de la Generalitat. No sólo ha permitido la aprobación de dos presupuestos (2011 y 2012), sino que ha facilitado el impulso de la inmensa mayoría de la obra legislativa del primer bienio de Mas. Todo ello puede saltar por los aires porque el PP catalán no piensa caminar de la mano de una formación empeñada en romper todos los lazos con España.
Ése es el gran interrogante que se cierne sobre CiU y sobre su futuro programa electoral. ¿El próximo destino es el estado catalán? En realidad, no debería extrañar que fuera así porque el último congreso de Convergència consagró el «estado propio» como horizonte. Antes, sin embargo, debe resolverse la cuestión crucial del pacto fiscal. «Sin un acuerdo sobre el pacto fiscal, el camino hacia la libertad de Cataluña está abierto», dijo Mas, ayer, durante los actos institucionales de la Diada en una respuesta (en inglés) a un periodista de la cadena británica BBC.

Hay que deducir, por tanto, que una negativa del Gobierno de Mariano Rajoy a conceder a Cataluña un régimen de financiación similar al vasco puede suponer el semáforo verde para una Convergència netamente independentista. Hasta ahora, CDC se ha refugiado en expresiones como «la plena soberanía», «la plenitud nacional» y otras para no referirse a la secesión. Pero encuestas como las que elabora el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, según las cuales el independentismo es una opción creciente en Cataluña, han convencido a los nacionalistas catalanes de que el autonomismo es una vía muerta y de que el camino que reclama la mayoría es el del estado catalán.

Sin embargo, CiU no puede ignorar que tiene una parte de su electorado –que no es menor– partidaria del moderantismo, es decir, de buscar el entendimiento con el conjunto de España pese a la tensión creciente. Sólo hay que observar las posiciones que defiende Unió –contraria al secesionismo– para darse cuenta de que la aventura soberanista puede provocar una fractura en la parroquia nacionalista.

El plebiscito
Para evitar esta fractura, Mas no tiene más remedio que intentar capitalizar el enfado de los catalanes ante una eventual negativa a la soberanía fiscal de Cataluña. Así, con toda probabilidad, se plantearán las próximas elecciones catalanas, que muchos analistas dan por seguro que serán anticipadas (primavera u otoño de 2013). Los convergentes no ocultan que los siguientes comicios pueden ser algo parecido a un plebiscito para que Convergència plantee a la sociedad catalana si es partidaria de una consulta para la independencia.
El resultado es una enorme incógnita. Hay sondeos que prevén una votación dividida a partes iguales, mientras que otros insisten en que la mayoría de catalanes se siente tan catalán con español. Lo único que está claro es que Convergència se siente únicamente catalana y que Mas está en plena «transición nacional». Queda ahora por resolver si esa transición tiene como punto final la soberanía fiscal o si la reivindicación convergente no se detendrá  hasta la proclamación del Estado catalán.
 

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