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martes, 28 octubre 2014
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La Razón

Columnistas

Sin vergüenza por César Vidal

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Hace ya algunos años, Clint Eastwood dirigió e interpretó un «western» titulado «Sin perdón».  La obra –que no pocos calificaron de réquiem por el género y que fue la triunfadora en los Oscars de aquel año– narraba la sencilla peripecia de dos antiguos pistoleros que deciden aceptar un contrato para matar a un vaquero culpable de haber cortado a cuchilladas el rostro de una prostituta.  A lo largo de su metraje, la historia no se nos antojaba heroica sino cansada, desprovista de sentido e incluso ridícula, pero, al final, resultaba trágica porque en medio de todo nadie iba ni a pedir ni a tener perdón. He recordado semejante ausencia al comprobar cómo los nacionalistas catalanes han decidido anunciar al resto de los españoles que les entreguemos más de cinco mil millones de euros.  En su exigencia –que no solicitud– se han dado cita las peores características del peregrino y enano movimiento que mantiene cautiva esa región española desde hace décadas. Ni el menor gesto de responsabilidad, ni una palabra de dolor por el desaguisado causado, ni el más mínimo propósito de enmienda, ni un asomo de promesa de recortar los gastos superfluos que han arruinado a la que hace décadas, no tantas, era la región más próspera de España.  Por el contrario, todo se ha resumido en exigir, en excitar el ánimo victimista de los catalanes que aún estén por tragarse esas ruedas de molino de que la culpa de todo la tiene «Madrit» y en gritar a los cuatro vientos que quieren el dinero sin contraprestación alguna.  En otras palabras, vamos a cargar todavía más nuestra asendereada economía mientras el nacionalismo catalán mantiene televisiones deficitarias para colocar paniaguados y tocar las narices a valencianos y aragoneses; sigue con sus fantasmagóricas embajadas abiertas en el extranjero; se pasa por el forro de la barretina las sentencias del Tribunal Supremo sobre la inmersión lingüística y subvenciona a los pícaros y espabilados que difunden en sus provincias natales el dislate de los «países catalanes». Ha dicho Rajoy que tiene la más que loable intención de tratar a Cataluña igual que al resto de las comunidades autónomas. Ojalá nos lo haga bueno porque si los nacionalistas catalanes recibieran en términos proporcionales lo mismo que Murcia e incluso que Valencia ya habríamos avanzado no poco trecho hacia salir del hoyo donde estamos sumidos.  Incluso, hasta muchos llegarían a la conclusión de que este Gobierno conserva un mínimo de vergüenza.  Justo aquella de la que carece el nacionalismo catalán o porque la perdió hace mucho o porque en su esencia está el no conocerla ni por asomo.  Y es que, como en la historia relatada hace tiempo por el maestro Eastwood, en ésta no hay heroísmo sino que todo es repetitivo, estúpido y ridículo fundamentalmente porque el nacionalismo catalán lleva años viviendo sin vergüenza.
 

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