Toros
Aplauden luego cabalgamos
Albacete. Sexta de feria. Toros de Fermín Bohórquez, grandes y con peso pero parados y de poco juego. Casi lleno.
Andy Cartagena, rejonazo (oreja); rejonazo (oreja con petición de otra).
Diego Ventura, rejonazo, descabello, pie a tierra (oreja); dos pinchazos, rejonazo (ovación).
Joao Moura hijo, pinchazo, rejonazo trasero (silencio); tres pinchazos, rejonazo trasero y caído (silencio).
Se lo pasó bien la gente que casi llenó ayer la plaza en la corrida de rejones del abono albacetense. Público más deseoso de contemplar los caballos de los rejoneadores y sus evoluciones que lo que se hacía ante los toros. Y fue buena su elección, puesto que el festejo no resultó en exceso brillante, fundamentalmente por el poco juego del ganado. Toros de Fermín Bohórquez muy distraídos, de mucha alzada y más romana. Un peso que acabaron acusando casi todos y que hizo que su lidia fuese una continua intentona por parte de los rejoneadores.
Andy Cartagena fue el gran triunfador de la función. Se las vio con un primer toro de casi 600 kilos que fue muy a su aire y con el que volvió a lucir, sobre todo, con sus espectaculares quiebros en la cara para banderillear. Con el rejón de muerte estuvo eficaz, al igual que sucedió en el cuarto, otro astado muy desentendido que le obligó a exponer mucho y sudar la gota gorda para ir clavando los hierros en una labor en la que todo lo tuvo que hacer él.
No tuvo suerte Ventura con su lote. Dejó llegar mucho a su primero, falto de fijeza y que le apretó al sentirse herido. Tuvo que tirar de su habitual y característico repertorio de gestos y provocaciones hacía los tendidos -que aplaudieron sobre todo sus acciones lejos de la cara del toro- para calentar el ambiente. El quinto fue casi tan alto como sus caballos y se paró pronto. Más
comedido ahora, también su labor fue más apagada.
El tercer toro fue, en los primeros tercios, el de mejor son. Codicioso y con pies, pero acabó pagando el esfuerzo y terminó buscando las tablas, complicando la vida a Joao Moura a la hora de rematar una actuación irregular y poco vistosa.
Tampoco tuvo entrega el sexto, con el que compuso una faena plagada de guiños a la gente y clavando también de manera desigual, luciendo especialmente al clavar las banderillas cortas.

