Valencia- Todo nuevo medicamento que se investiga en los laboratorios debe ser probado en personas antes de su comercialización, única vía para confirmar sus efectos y detectar las reacciones adversas. Los riesgos que corren los que se someten voluntariamente a estas pruebas son mínimos, pero se dan. De hecho, se suele firmar un seguro para indemnizar al paciente en caso de que ocurra algo grave. No obstante, esta posibilidad no frena la oleada de peticiones.
La crisis económica está llevando a muchas personas a las puertas de los organismos que, como el de Centro Superior de Investigación en Salud Pública (CSISP), desarrollan nuevos fármacos. Según su nuevo director, Andrés Moya, siempre ha habido interés en participar en los ensayos. «Nunca hemos tenido problemas para contar con voluntarios, pero ahora, mucho menos». Tanto es así, que en estos momentos hay treinta solicitudes en espera.
Y es que, pese a que la legislación española solo permite pagar pequeñas compensaciones por las molestias y el desplazamiento y especifica que «nunca serán tan elevadas como para inducir a un sujeto a participar por motivos económicos», a muchos esos 500 euros -unos 25 euros por cada visita- que se pueden llegar a pagar resultan un salvavidas.
De los últimos estudios que ha puesto en marcha el CSISP destaca la evaluación de distintas vías de administración de la vacuna del herpes «zóster», una investigación sobre el neumococo en adultos de más de cincuenta años, el estudio de eficacia de la vacuna antigripal tetravalente en niños de 6 a 35 meses o la del papiloma humano nuevevalente, entre otras.
En previsiones están los «Ensayos clínicos Fase I con vacunas», tal y como recoge su página web en la que se recuerda que «se recompensará económicamente por las molestias» y que todos los ensayos «cumplen la normativa vigente y cuentan con la aprobación del Ministerio de Sanidad y del Comité Ético de Investigación Clínica».
A la caza de fondos privados
Las dificultades económicas se extienden más allá de los hogares para adentrarse en los laboratorios, que, con los recortes en materia de investigación y sanidad, tienen cada día más dificultades para mantener su actividad, tal y como se vio recientemente en el Centro de Investigación Príncipe Felipe, víctima de un ERE. Sin embargo, el CSISP no solo aguanta el chaparrón, sino que rentabiliza por cinco los recursos que obtiene de la Administración. No obstante, da la bienvenida a la entrada de capital privado. «Juntos podemos encontrar soluciones para los problemas de Salud Pública (...) Puedes hacer un donativo ahora mismo, a través de internet. Así estás ayudando al desarrollo de programas de cáncer, sida o hepatitis», reza su página web.

