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domingo, 21 septiembre 2014
16:54
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La Razón

Sanidad

Congelaba los fetos y luego los trituraba

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Madrid- El ginecólogo peruano llegó a comprar hasta tres trituradoras, una de ellas industrial, para deshacerse de los abortos practicados, algunos de más de 30 semanas de gestación. Según queda de manifiesto en el sumario del caso, una de estas trituradoras estaba situada en la clínica TCB. Detrás de la mesa de recepción de las clientas había una puerta que escondíauna pila de lavabo y debajo de ésta estaba situado un triturador industrial. Morín llegó a declarar que no había comprado ninguna, sino que se la encontró instalada al comprar el local. Según explicó un testigo protegido durante la instrucción, en los casos en los que los abortos ilegales terminaban por la noche, se depositaban los fetos en el congelador y se trituraban al día siguiente para no molestar a los vecinos con el ruido de la máquina. El triturador tenía capacidad para 400 kilos por hora y pesaba 95 kilos. Era similar al utilizado en mataderos y pescaderías.
 
Pago en efectivo
Morín practicó abortos por un precio que oscilaba entre los 350 y los 6.000 euros. Siempre pedía que el abono de la intervención se hiciera en efectivo. Es por esto por lo que las auditorías nunca revelaban la verdadera cuantía que movía el peruano y su esposa, María Luisa, que pasó de ser su paciente a su mayor apoyo.
Antes de hacer negocio en España, Morín vivía en un humilde barrio de Trujillo (Lima). El patrimonio que reunió con la práctica de abortos puede considerarse una pequeña fortuna, ya que los agentes inmobiliarios tasan su casa en 4,2 millones de euros. También tenía coches de lujo.

Persuadió a menores
A Morín se le ha acusado de practicar abortos a niñas de 13 años. También convenció a muchas jóvenes para abortar y a sus madres para que diesen la correspondiente autorización. En el juicio al que se sometió en Madrid en 2010, la madre de una joven llegó a declarar que desconocía que su hija estaba embarazada, situación de la que se enteró por una llamada de la clínica en la que se le informaba de que sólo faltaba su autorización para que se pudiese practicar el aborto a la menor. Ambas acudieron a la clínica y allí fue donde la trabajadora social «la convenció de que diera su autorización, porque la niña tenía poca edad para lo que le había pasado». Ese mismo día la firmó y de forma inmediata le practicaron el aborto a su hija. Otra menor que abortó en una de las clínicas de Morín reconoció que «firmó por su madre la autorización necesaria». En otros casos, Morín llegó a practicar abortos sin rellenar ningún cuestionario ni recibir atención psiquiátrica, según declararon algunas de las pacientes. Las clínicas llegaron a generar «turismo abortivo», ya que jóvenes francesas, holandesas o alemanas, que en sus países no podían interrumpir sus embarazos, no tuvieron problemas para hacerlo en uno de los centrosdel polémico doctor Morín. Una mujer española también declaró que el Ayuntamiento de Barcelona le pagó un aborto en una de estas clínicas.

Fetos de 34 semanas
A Morín se le acusa de haber practicado interrupciones del embarazo de hasta 34 semanas de gestación y se calcula que sólo en cuatro años pudo practicar 8.000 abortos.

Otros servicios
Las clínicas aprovechaban la ocasión para ofrecer otros servicios a los acompañantes de las mujeres que iban a abortar. Un testigo que fue a abortar con su pareja declaró que también le ofrecieron practicarle una vasectomía para «aprovechar» la visita.
 

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