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viernes, 24 octubre 2014
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«Futboling»: el futbolín de toda la vida se hace un «lifting»

  • Emprendedores españoles reinventan el futbolín para devolverlo a los bares y universidades

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«Futboling»: el futbolín de toda la vida se hace un «lifting»
«Futboling»: el futbolín de toda la vida se hace un «lifting»

Futbolín. ¿Te acuerdas? Futbolín. Pellas en el bar, malabares con los pies (el pie) de un muñeco de madera. El Madrid contra el Atleti, el Sevilla contra el Betis, el Bilbao contra la Real Sociedad. Futbolín. ¿Qué ha sido de él?

Apréndete este otro nombre: Futboling. Si les sale bien la apuesta, un grupo de emprendedores españoles devolverá a los bares aquellos armatostes que encandilaron a tantas generaciones, pero sometidos a un "lifting" que les hará adaptarse a las nuevas tecnologías.

El proyecto se propone rescatar del olvido el futbolín, unir con la modernidad la magia del combate cara a cara, del botellín de cerveza en la barra, de los "goles de madera" y los mirones que contemplan por encima del hombro; resucitar el encanto de la moneda de cinco duros sobre la portería, premonición de un nuevo reto, una nueva partida, un nuevo combate a siete asaltos; el mito de un juego "made in Spain" que reinó en los salones recreativos y las universidades, los bares de copas y los bares de bravas, y que ahora se apaga ahogado por la Wii, la play y la Nintendo.

Jugadores con dos piernas en lugar de una
Futboling es, básicamente, el mismo futbolín de siempre pero con marcador electrónico, partidas interconectadas entre todos los jugadores, una clasificación a nivel mundial y la posibilidad de ir subiendo o bajando posiciones según tu rendimiento. Ah, y con jugadores de dos piernas en lugar de una.

La idea ha partido de Nacho Escobar y un grupo de emprendedores, que se definen como jugadores normales –tirando a malos- de futbolín tradicional, pero empeñados en que no se pierda este juguete del pasado.

"Yo jugaba de pequeño en salones recreativos con monedas de 25 pesetas, y luego en la Universidad también lo pasé muy bien, sudando, gritando, emocionándome con los amigos intentando medir mi habilidad, mi compenetración con mi pareja, mi destreza para coordinar cabeza y manos... –explica Escobar a larazon.es-. El fútbolín es de los iconos de diversión de mi infancia, junto con el paracaidista de plástico que se tiraba hacia arriba. Ese tipo de cosas nunca deberían desaparecer".

Una clasificación en directo
El futboling, presentado hace unos días en la feria HUB de Madrid, rediseña la tradicional mesa de los jugadores aprisionados en una barra, pero manteniendo su esencia. Las partidas seguirán siendo igualmente en vivo y en directo, cara a cara, pero los resultados quedarán registrados en una clasificación online que se podrá seguir en directo desde la web.

A cada jugador se le computará en función de su nivel, de tal manera que al ganar o perder con una pareja de desconocidos, se le atribuirán una serie de puntos que les harán progresar o retroceder en la clasificación virtual. La evolución se podrá seguir en directo desde cualquier ordenador o Smartphone. Tradición y tecnología, juntos.

Una parte del euro, a fines sociales
Las partidas costarán un euro, pero haciendo honor al lema del proyecto, Fun for a better world (Pásatelo bien mejorando el mundo), un tercio de ese dinero se destinará a fines sociales. En cada partida, los jugadores podrán elegir, como beneficiarias directas del proyecto, a diferentes ONG con las que se han suscrito convenios: Intermón Oxfam, Fundación Josep Carreras contra la leucemia, Cáritas, Infancia Solidaria, Manos Unidas, Fundación Vicente Ferrer, Medicus Mundi, Vencer el Cáncer y Adena WWF España.

Otro tercio se destinará a la Fundación Fun for a better world, organización sin ánimo de lucro que impulsa The Futboling Company, S.L. (TFC), para integrar a las personas discapacitadas. El resto irá a parar al local que albergue el futbolín.

El futbolín, de vuelta en las universidades
La iniciativa está todavía en fase de experiencia piloto, pero sus promotores quieren empezar por las universidades españolas, para garantizarse así que hay un mínimo de jugadores que va variando y que mantiene viva la competición. El primer objetivo es llegar a los 60 centros.

La presentación del nuevo invento se hace a través de un vídeo de algo más de ocho minutos de lo más sugestivo. En él se evoca el espíritu de su creador, Alejandro Campos, alias "Finisterre", un joven de 17 años herido en la Guerra Civil, que quería de esta forma cumplir el sueño de que volvieran a jugar al fútbol aquellos que -dramas de la guerra- jamás podrían hacerlo.

Ahora, a aquella utopía que dio la vuelta al mundo se le ha añadido una "g" al final y el espíritu de la tecnología para seguir cumpliendo con esa misión.

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