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miércoles, 26 noviembre 2014
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Lo hispano manda por José Antonio Gurpegui

  • Es la minoría poblacional más importante de Estados Unidos n Ambos candidatos han usado una estrategia especial dirigida a los latinos 

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Lo hispano manda
Lo hispano manda

El número de hispanos residentes en Estados Unidos superó los 50 millones en el último censo, lo que convertía a este grupo en la minoría más importante de los Estados Unidos, superando a los afroamericanos. Casi la mitad de ellos, 23,4 millones, tiene derecho a voto (19,5 en las elecciones de 2008) en caso de registrarse, es decir, en torno al 11 por ciento total de votantes (en el año 2008 representaron el 7,4% de los votos emitidos). Se trata de una cifra lo suficientemente importante como para que los contendientes en esta disputada campaña electoral presten singular y especial atención al voto hispano. Ya en las convenciones de republicanos y demócratas (Tampa y Charlotte, respectivamente) los hispanos jugaron un papel protagonista: Antonio Villaraigosa, alcalde demócrata de Los Ángeles, presidió su convención; y fue la joven promesa republicana, el senador por Florida Marco Rubio, quien propuso formalmente la candidatura de Mitt Romney en la de su partido.

Todos los indicadores coinciden en destacar que en estas elecciones de 2012 los hispanos apoyarán mayoritariamente a Obama, incluso hay quien asegura que en porcentajes superiores al 70%. Lo que no resulta tan claro es si el actual presidente logrará motivar a este fiel electorado para superar, incluso igualar–pese al referido aumento de casi 5 millones desde 2008–, la cifra de 9,5 millones de votos emitidos en 2008. La ilusión que despertó Obama entre el electorado hispano hace cuatro años no se ha visto refrendada por las cifras y tampoco satisfecha. Los índices de paro entre los mexicoamericanos  –casi el 80% del total de hispanos– supera en más de cinco puntos al de los anglos, y aunque la Administración Federal ha impugnado draconianas leyes migratorias estatales como las de Arizona o Alabama, la cifra de deportados durante esta misma Administración ha sido numérica y porcentualmente la más alta de la historia. Obama ha intentado neutralizar esta negativa percepción con distintas actuaciones como la inauguración hace menos de un mes del monumento a César Chávez –una suerte de Martin L. King para los mexicoamericanos–, y, sobre todo, reactivando leyes como la «Dream Act» (Development, Relief, and Education for Allien Minors) que posibilita la legalización temporal para unos 2-3 millones de «dreamers» –jóvenes que siendo niños emigraron ilegalmente con sus padres a Estados Unidos–. De todas formas, sólo el 33% de los hispanos considera «extremadamente importante» –según el Pew Hispanic Center– el tema de la emigración, por debajo incluso del 36% que considera más importante el déficit, y muy alejado del 55% para quienes lo más importante es la educación, el 54% que menciona el trabajo y la economía, mientras que el 50% considera que es la cobertura sanitaria.

La política de Romney respecto a la emigración ha estado condicionada por el peaje debido al ala más conservadora de su partido, el Tea Party. Su propio correligionario Newt Gingrich ya le «reprochó» en las primarias haber radicalizado sus presupuestos migratorios respecto a 2008. Aboga el candidato republicano por la «autodeportación», eso es, propiciar que sean los propios emigrantes ilegales quienes decidan abandonar Estados Unidos impidiendo que puedan trabajar y negándoles por ley algunos beneficios sociales de los que ahora disfrutan. Tampoco han sido populares entre los hispanos las medidas impulsadas por los republicanos en algunos estados –Florida, por ejemplo– obligando a identificarse mediante un documento con fotografía el día de las votaciones. En la campaña de 2008, John McCain perdió con el 31% de los votos del grupo (Obama obtuvo el 67%), y en ésta de 2012, Mitt Romney considera que podría alcanzar la Casa Blanca con un porcentaje en torno al 35-38%. Arriesgada apuesta, pues académicos estudios basados en las últimas cinco elecciones presidenciales revelan que resulta prácticamente imposible obtener la victoria con un porcentaje de voto hispano inferior al 40%. Probablemente considere Romney que casi la mitad de estos votantes se encuentra en California y Texas, dos estados claramente definidos en cuanto a su intención de voto; en Florida, estado clave que puede decidir el nombre del futuro presidente, representan el 15% de los votantes, un porcentaje similar a los también indecisos Colorado y Nevada, y muy superior al 5% de los también «swing states» Virginia y Carolina del Norte. En poco más de 48 horas conoceremos el nombre del próximo «emperador del imperio» y comprobaremos hasta qué punto las matemáticas son una ciencia exacta en los procesos electorales.
 

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