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jueves, 31 julio 2014
17:33
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La Razón

Columnistas

España sin griego ni latín por Francisco Rodríguez Adrados

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Viajé a Grecia el 13 de octubre, recibía un doctorado honoris causa. Antes, habíamos redactado un escrito argumentando contra la nueva ofensiva contra las lenguas clásicas: el nuevo anteproyecto, que las ponía en peligro grave. Una vez más. Al ministro yo no lo conocía, no procede del mundo de la enseñanza. Intentamos que nos recibiera, escribimos también al Presidente Rajoy. Era un asunto grave. Se adhirieron al escrito docenas de académicos y gente  relevante del país. En internet se manifestaron en el mismo sentido muchos miles de personas. Y la víspera de mi viaje, Luis Alberto de Cuenca y yo abordamos a Wert en un acto oficial. 

Estuvo amable, la verdad, aunque hube de decirle que sentía hacer de mensajero del sentir de muchísimos profesores: que aquel Anteproyecto era, para las Clásicas, pésima noticia. Wert nos dijo que hablaríamos. También nos escriben del Gabinete del Presidente. Estamos esperando. 

Al día siguiente volé a Grecia: la encontré, a primera vista, más tranquila que a esta nuestra España. Y fue emotivo cuando leí mi discurso en griego, en Kalamata, ante 400 estudiantes y profesores, sobre la originalidad de los antiguos griegos. Inventaron lo que es o era el núcleo de nuestra cultura.

Todos tomamos préstamos, les dije, pero crear, muy pocos crean. Los griegos inventaron el individuo humano, la libertad, la ciencia, el teatro, la democracia, la enseñanza. No está mal.

Los estudiantes griegos que me oían eran puro entusiasmo. ¡Ya me gustaría algo igual en España, donde algunos programas casi niegan la Reconquista, no ven sino exterminio en la europeización de América y apenas se acuerdan de nuestros fundadores griegos y romanos!

Vuelvo a España, veo los periódicos: nos habían atendido LA RAZÓN, «ABC» y «El País», poco más, habíamos llamado a todas las puertas. Pero nadie puede ignorar la calidad y el número de nuestros apoyos. Seguimos esperando.

Parece haber, contra las lenguas clásicas, la misma hostilidad en los sucesivos gobiernos. Es tan irracional que, para que no parezca una imaginación, voy a contar una mínima historia de esta hostilidad en España desde fines del franquismo. Mucho antes había escrito Menéndez Pelayo que en lo único en que coincidían, en sus días, liberales y conservadores era en la hostilidad al griego.

El cultivo de las lenguas y literaturas clásicas había tenido en España un crecimiento exponencial, sólo comparable, decía Laín Entralgo, al de las ciencias biológicas.
Pero vean: en aquella fecha comenzaron las ofensivas. Las conozco, he hablado con sus promotores cuando quisieron recibirme. He escrito libros, artículos sin fin (en «El País» en diciembre del 84, luego en «ABC», «Ya», «El Independiente», «El Sol», LA RAZÓN...).

Estoy cansado de luchar contra los franquistas, contra los socialistas más y menos radicales y contra los pedagogos, predicadores de supuestas verdades, los peores de todos.

¿Y el PP? Respiraba a favor de nuestras tradiciones culturales, antes del 96 me invitaban a su Fundación y allí proyectábamos, ilusos, un Bachillerato serio, de tres o cuatro años. Y cuando ganó el PP en el 2001 «ABC» me pidió que saludara, desde sus páginas, a Pilar del Castillo, la nueva Ministra. Escribí: «Coja Vd. el toro por los cuernos, Sra Ministra». Pero la torearon a ella en supuestas negociaciones. Cuando perdió el PP en 2004, el PSOE anuló ese poco.    

Y tuvimos PSOE y más PSOE. Y llega al fin el PP, en 2011 y encontramos, el 2012, una ofensiva más contra nosotros. Habían leído los informes PISA, las estadísticas: la enseñanza iba mal. ¡Vaya! Ya lo sabíamos: venía de la intocable LOGSE. Y el remedio propuesto era aberrante: rebajarlo todo... y arremeter contra el Griego y el Latín. Una vez más.

Yo recordaba mis viejas experiencias. Por ejemplo: cuando el ministro Maravall, a comienzos del 84, no quiso recibirnos a Laín, Tovar, Fontán, Gil y a mí, intentábamos ayudarle a caerse del burro. Nos recibiría un secretario. Mis amigos se abstuvieron, humillados, yo fui pese a todo a ver si...

Escuché las consabidas monsergas pedagógicas. Pregunté: «¿Y dónde aprenderán los chicos algo?» Respondió: «En las enciclopedias y la televisión».

Luego, con los socialistas de Felipe González siguió la ofensiva. Pero pudimos discutir en buenos términos con Solana, Rubalcaba y Marchesi. Imposible evitar que se cargaran el año de Latín obligatorio que yo había salvado de Villar. Pero nos concedieron la Cultura Clásica y una opcionalidad razonable para el Griego y el Latín.
De esto hemos vivido, con mayor éxito del que algunos creen. Y esto es exactamente lo que ahora nos quieren quitar. Es la muerte.

Ante todo este horror, esta bajada a los infiernos anticulturales por puro parti pris, puro prejuicio, ¿qué propone Vd., me preguntarán? Se lo voy a decir.

Lo primero, volvería a un Ministerio de Instrucción Pública: el rebajamiento de la Instrucción debe cortarse. Lo segundo, volvería, más o menos, al Bachillerato de la República, el del año 35, el que yo estudié, obra de Villalobos, de Renovación Española, un médico ilustrado: pruebas de ingreso, de intermedio y fin. Serias, nada de evaluaciones ni de mezcla de éstas con factores distorsionantes.

Oposiciones serias, con prácticos, para ingresar en el profesorado. Asignaturas serias y centrales. Con Latín (¡cinco años en aquel Bachillerato!). Y Griego opcional, como ya desde el Instituto Escuela, maduro ahora.

Esto sería lo máximo. Como mínimo me contentaría con que nos dejen como estamos.
En fin, queremos hablar.

 

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS
De la Real Academia Española
 

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