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lunes, 24 noviembre 2014
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La Razón

Energía

Energía solar para un parque verde en el sahara

  • Convertir un desierto en un bosque capaz de producir agua fresca, alimentos y electricidad en grandes cantidades. Ésa es la ilusión de tres visionarios británicos: el arquitecto Michael Pawlin, el ingeniero Bill Watts y el inventor Charlie Paton

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Su idea nace de la preocupación por la creciente reducción de agua fresca que afecta a nuestro planeta y que amenaza con ser uno de los principales problemas que los gobiernos de todo el mundo tendrán que afrontar en este siglo, situación agravada por el calentamiento global y el consiguiente cambio climático. Paton, Pawlyn y Watts presentan una alternativa a los tradicionales métodos de obtención de agua: la extracción desde pozos subterráneos, que se antoja insuficiente ante el descenso en cantidad y calidad de estas aguas; la desalinización, que implica grandes costes económicos; y los costosos trasvases de unas regiones a otras, que  provocan conflictos políticos y sociales.
La intención de los tres creadores para convertir en realidad este proyecto es combinar dos tecnologías ya existentes: por un lado, la utilización de invernaderos de agua marina y, por otro, la tecnología CSP –Concentrated Solar Power–, un modo de obtención de grandes cantidades de electricidad a partir de la energía solar que requiere de grandes superficies para ser instalado.
Como explica Charlie Paton, «afortunadamente, nuestro planeta no está falto de agua, sencillamente está en el lugar equivocado. Dos tercios de nuestro planeta están cubiertos por océanos. Convertir el agua del mar en agua fresca en los lugares apropiados puede ser la solución». Charlie Patton es el máximo responsable de Seawater Greenhouses –invernaderos de agua marina–, una alternativa más barata y sostenible a los tradicionales invernaderos. Con precedentes en Tenerife y los Emiratos Árabes, su funcionamiento imita el ciclo hidrológico natural: el agua del mar se evapora a partir de una serie de rejillas instaladas en el exterior de la instalación, y crea las condiciones de humedad fría necesarias para el crecimiento de los cultivos en el interior del invernadero. Posteriormente, se condensa en la parte trasera como agua destilada, que carece tanto de cloro como de elementos nocivos.
«La gran ventaja sobre los invernaderos tradicionales es la posibilidad de obtener agua fresca a partir del agua del mar y crear mejores condiciones de frío y humedad para el crecimiento de los cultivos. Además, el consumo de energía se reduce notablemente en comparación con los invernaderos ya conocidos o las grandes plantas desalinizadoras, ya que el trabajo de enfriamiento y destilación es llevado a cabo por la acción del sol y el viento», asegura Charlie Paton. «Bajo mi punto de vista, ésta es la mejor solución a largo plazo para crear nuevas zonas de vegetación al tiempo que se obtienen grandes cantidades de energía, y habría sido la herramienta más adecuada en el caso de Almería, que cuenta con más de 20.000 hectáreas de invernaderos que consumen cinco veces más agua de la que la región obtiene en forma de lluvia».

energía solar concentrada
 El segundo pilar en el que se sustenta esta novedosa solución es la energía solar concentrada (Concetrated Solar Power), que ha ganado popularidad en los últimos años y se presenta como una alternativa también más sostenible a la habitual energía solar fotovoltaica. Su objetivo es concentrar grandes cantidades de calor procedente del sol para crear vapor capaz de mover una serie de turbinas encargadas de generar electricidad con el doble de eficacia que las placas solares fotovoltaicas. Una de sus ventajas nombradas consiste en la posibilidad de transmitir la electricidad generada a través de líneas DC (corriente directa) en lugar de las tradicionales AC (corriente alterna), con mínimas pérdidas de energía. Además, el coste de estas placas es mucho menor que el asociado a las tradicionales placas solares. Michael Pawlyn, arquitecto encargado del proyecto y director del estudio Exploration Arquitecture, asegura que «la energía solar concentrada es mucho más eficiente que la fotovoltaica. Pensamos que nuestro Sahara Forest Project sería viable en numerosas zonas desérticas del mundo, aunque hemos elegido el Sahara para lanzar nuestra idea por reunir todas las condiciones idóneas.  Además, este tipo de instalación, situada en el norte de África, podría abastecer de energía eléctrica a los países del norte de Europa. En el desierto del Sahara la intensidad del sol es tan alta que en una zona de 300 kilómetros cuadrados se podría obtener la energía eléctrica necesaria para abastecer a todo el planeta».
La viabilidad y atractivo económico del proyecto radica en la combinación de ambas tecnologías: «la energía solar concentrada produce una gran cantidad de calor de bajo grado que suele ser eliminado, normalmente con un gran coste añadido. Sin embargo, nuestro invernadero puede utilizar este calor para evaporar agua del mar y condensar una mayor cantidad de agua fresca. Asimismo, este agua desmineralizada es a su vez utilizada por las turbinas de energía solar concentrada para generar mayores cantidades de vapor», comenta Charlie Paton.
 Michael Pawlyn redunda en las ventajas aportadas por la combinación de estas dos técnicas: «en este sentido,  nuestro mayor reto es aprovechar el calor sobrante del CSP y la producción de agua y dispersión del polvo proporcionados por los invernaderos de agua marina. Con el correcto funcionamiento de ambos sistemas, será posible la obtención de alimentos libres de carbono, la producción de agua fresca e incluso la generación de vegetación en zonas desérticas». 
Esta visión idílica de desiertos convertidos en zonas con vegetación capaces de producir agua fresca para la agricultura y grandes cantidades de energía eléctrica necesita ahora de la confianza de las administraciones públicas. «En este momento nos encontramos en negociaciones con diversas fundaciones en distintas localizaciones del planeta, pero este proyecto podría ser puesto en pie rápidamente», asegura el arquitecto británico.

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