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viernes, 25 julio 2014
04:18
Actualizado a las 

La Razón

Cataluña

Pascua de Cristo, Pascua de la Iglesia

Los cristianos hemos de profesar con gozo nuestra fe. Siempre, pero especialmente en esta fiesta de Pascua, la fiesta de las fiestas, la principal y primera fiesta cristiana de todo el año. Nuestros hermanos de Oriente expresan esta fe y esta alegría con la salutación tradicional: «¡Cristo ha resucitado!»; a la que sigue la respuesta: «¡Verdaderamente ha resucitado!»

Esta alegría pascual estamos llamados a vivirla, de una manera especial en este Año de la Fe, en Iglesia. Porque la Iglesia es el signo eficaz de Jesucristo –el Vaticano II la contempla como el sacramento de Cristo– y por esto la Pascua de Cristo es también la Pascua de la Iglesia, en el Espíritu Santo.

La profesión de fe, que hacemos con una solemnidad especial en la Vigilia Pascual y en la misa de la solemnidad de hoy, contiene un tercer artículo correspondiente al Espíritu Santo: «Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna».

Las dos últimas afirmaciones describen especialmente los frutos de la Pascua de Cristo y de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, comunidad visible de los que creen en Cristo, el «primogénito de la nueva creación», el «primogénito entre muchos hermanos».

Resucitado por la fuerza del Espíritu Santo, Jesucristo es la primicia del mundo definitivo.

De esta manera, el Credo relaciona las misiones correspondientes del Padre como «creador del cielo y de la tierra»; del Hijo, «Jesús, nacido de la Virgen María», como mediador, sobre todo por su muerte y resurrección de entre los muertos; y del Espíritu Santo, «viviente en la Iglesia», como principio de vida y de resurrección definitivas. Por esto, la Iglesia es un pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En este clima de Pascua, estamos llamados a valorar debidamente la llamada eclesialidad de la fe. La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. Como afirma el «Catecismo de la Iglesia Católica», podemos decir «creo y creemos», ya sea la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada cristiano en el momento del bautismo, ya sea la fe de la Iglesia proclamada por el Santo Padre y los obispos en momentos especiales o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. Creemos en la Iglesia, porque ella es nuestra Madre, que responde a Dios con su fe y nos enseña a decir: Yo creo; y también: Nosotros creemos.

Os deseo a todos una santa y gozosa Pascua de resurrección.

* Cardenal arzobispo de Barcelona

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