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jueves, 23 octubre 2014
13:48
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La Razón

Internacional / Crisis en Egipto

Golpe de Estado en Egipto

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Egipto vivió ayer uno de los días más tensos de su transición a la democracia, que regresa al punto de partida, con la vuelta de los militares al poder, que ya ocuparon después de la revolución de 2011. La expectación y los nervios fueron en aumento hasta las 17:00 hora local, cuando expiraba el ultimátum impuesto por el Ejército para alcanzar un acuerdo para salir de la actual crisis, mientras los rumores se multiplicaban y al cierre de esta edición aún se cree que Mursi podría estar incluso bajo arresto domiciliario por parte de la guardia republicana. Al presidente y a los líderes de la Hermandad se les habría prohibido salir del país, mientras miles de sus seguidores permanecían al cierre de esta edición en la plaza de Rabaa al Adawiya, esperando un destino ya prefijado. El diario estatal «Al Ahram» titulaba ayer en primera plana: «Dimisión o derrocamiento», y ese era el sentimiento generalizado en las calles y en la plaza Tahrir, que se fue llenando ayer por la tarde, a la espera de poder celebrar de forma ya oficial un golpe anunciado y prácticamente consumado.

Finalmente, el ministro de la Defensa, Abdelfatah al Sisi, apareció en la televisión pública a las 9 de la noche, hora local, anunciando que Mursi había sido apartado de la presidencia, que la ocupará ahora de forma transitoria el presidente de la Corte constitucional, hasta que se convoquen elecciones nuevas presidenciales. El Ejército presentó una «hoja de ruta» acordada con las fuerzas políticas opositoras y los líderes religiosos, con los que Sisi había estado reunido durante todo el día para negociar una solución aceptada por todas las partes. A la reunión acudió el premio Nobel de la Paz, Mohamed Al Baradei, designado el día anterior como portavoz y representante del Frente 30 de Junio, que está detrás de las protestas multitudinarias del domingo, con las que se desencadenó la actual «revuelta». También estuvo presente la principal autoridad religiosa del islam, el gran imam de Al Azhar –que desde antes del 30 de junio advirtió de la posibilidad de una «guerra civil» en Egipto– y el papa copto, Tauadrus II, que desde el primer momento ha llamado a la paz entre los egipcios, aunque su postura crítica y sus conflictos con el presidente islamista son conocidos. Ambos hablaron en la televisión pública después del ministro de Defensa, asegurando que este acuerdo salva al país de la división y el caos.

Por su parte, el presidente Mursi y los líderes de los Hermanos Musulmanes, rechazaron reunirse con Sisi y, al término del ultimátum, la presidencia volvía a reiterar su postura terca y desafiante, y proponía la creación de un Gobierno de Unidad Nacional, hasta que se celebren elecciones parlamentarias. En los pasados meses, se intentó en varias ocasiones formar un gobierno tecnocrático o de consenso, pero fue imposible y, a estas alturas, ya es demasiado tarde para la oposición y, sobre todo, para la calle, que ya daba por hecho que Mursi se marcharía.

El Ejército también suspendió la Constitución egipcia, que era una de las principales demandas de la oposición, que rechazó el texto desde que fue aprobado en referéndum el pasado mes de diciembre, porque ésta había sido escrita por los islamistas sin el consenso de las demás fuerzas laicas. El Ejército veía con creciente preocupación la actitud sectaria de los islamistas en el poder, sobre todo la alianza de Mursi con grupos más radicales, los salafistas, y parece que la gota que colmó el vaso de la paciencia de los militares fue la intervención de Mursi en una conferencia, en el estadio de El Cairo, junto a clérigos extremistas, en la que incluso se llamó a la yihad o guerra santa en Siria. En la madrugada entre el martes y el miércoles, los generales publicaron un comunicado en el que aseguraban que estaban dispuestos a sacrificar a sus soldados para defender la patria de «terroristas y extremistas». Anoche, Sisi reiteraba las advertencias de que las Fuerzas Armadas no permitirán que nadie sacuda use la violencia. Por ello, los militares se desplegaron ayer de forma masiva en la capital, para evitar disturbios y caos en las calles. Sin embargo, sólo ayer otras cinco personas perdieron la vida en Alejandría y Marsah Matrouh.

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