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jueves, 30 octubre 2014
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La Razón

Gente

Richi Castellanos: «En diciembre tengo audiencia con el Papa Francisco»

Conozco hace muchos años a Richi Castellanos y nunca imaginé que llegaría a apreciarlo tanto. Siempre he desconfiado de la personas que te lo ofrecen todo sin pedir nada a cambio y, naturalmente, más de los que lo hacen siendo relaciones públicas; así que cuando Richi empezó a llamarme, pensé que escondía algo oscuro. Lo curioso es que no sólo me pasó a mí. Un día hablando con Santiago Segura, hoy uno de sus mejores amigos, descubrí que a él y a otros tantos personajes populares que ya no pueden vivir sin Richi les había sucedido lo mismo: todos ellos le recibieron con prevención y al final acabaron dejando que les hablara al oído y les convenciera. De ahí el título del libro que ha escrito Eloy Arenas sobre él, «El hombre que susurraba a los famosos»(Planeta), que Richi negoció con mi editor en la presentación de mi «Madrid me Marta», organizada por él. Conseguir la confianza de los artistas no es tarea fácil, pero Richi Castellanos, sin más estudios que los del graduado escolar y hasta segundo de protésico dental, lo ha logrado en todos los ámbitos.

Con Springsteen en El Retiro

Aunque él sea un futbolista frustrado –«lo abandoné a los 23 años por una lesión y sufrí mucho porque quería ser Maradona»– y tenga especial sintonía con los deportistas en general y los futbolistas en particular, no hay famoso grande o pequeño por el que no se desviva. Lo mismo le da que sea Julio Iglesias, «de quien tengo sus zapatos»,que uno de los participantes de la quinta edición de «Operación Triunfo», si es que la hubo. A todos los trata tan bien, tan bien, que no pueden evitar caer rendidos a sus encantos. ¿Ése es su secreto? «Más bien mi secreto ha sido demostrar siempre que yo lo que quería era dar y no pedir». Es su renombrado «cerocomacero», cuya leyenda empezó, como se cuenta en el libro, el día que llevó a Jean Claude Van Damme junto a otras diez personas a comer paella y ver flamenco a las diez y pico de la noche. «Llamé al Corral de la Pacheca y pedí una mesa, no recuerdo para cuántos, y un simulacro de paella valenciana. Van Damme se quedó encantado, pero es que, además, cuando fue a pagar le dije que la cuenta estaba saldada. Se quedó estupefacto y contentísimo. Y el dueño del local mucho más, porque sacaron en el «Hola» que Van Damme y Antonia dell'Atte, que estaba en el grupo del artista, habían pasado por allí. «Lo más sorprendente de Richi es que da sin que le pidan. Pero de todo. No sólo pone en contacto a los artistas o les organiza los saraos, sino que además les proporciona médicos, dentistas, esteticistas u oftalmólogos con descuentos fabulosos o completamente gratis ¡y sin cobrarles un duro! Lo que le genera las ganancias a él es siempre un misterio, pero debe tenerlas porque vive bien, aunque no se le vean los lujos ni los vicios por ninguna parte: «No fumo, no bebo, no "voy al baño...". Lo mío es el colacao con galletas y la Coca-Cola». Que es un hombre sencillo no tiene discusión. No conduce, no maneja el ordenador, no habla inglés..., pero no sólo se ha codeado con Frank Sinatra y Michael Jackson sino que incluso se ha llevado a remar al Retiro al mismísimo Bruce Springsteen. Doy fe de que Maradona le quiere tanto como para dejarle fotografiar el momento en el que besó en la boca a Beckham después de que Richi se lo presentara y tras decirle al británico que «era demasiado guapo para ser futbolista», y de que Joaquín Cortés, desde aquel lejano día en el que le regalara sus botines, cuando empezaba, hasta hoy, lo tiene de consejero y amigo; también puedo asegurar que no hay quien no le descuelgue el teléfono, sea actor, político, banquero, deportista, cantante o torero y que no creo que haya personaje público que no sepa quién es. Lo conocen hasta los Príncipes de Asturias y no me extrañaría que también tuviera su teléfono, aunque no lo cuente. Porque esa es otra: Richi nunca cuenta lo que no puede contar. Él jamás vio a nadie «ir al baño» ni hacer ninguna locura y por discreción hasta niega tener teléfonos que se sabe de memoria, antes de preguntar a sus dueños si puede proporcionarlos.

Más que un amigo

Dice que nunca ha hecho de Celestino, pero muchas parejas famosas le deben su relación sentimental (a Guti le presentó a Arancha de Benito después de que el futbolista se quedase prendado de las pantorrillas de la presentadora, y Carlos Moyá no hubiera conocido al amor de su vida, Carolina Cerezuela, de no haber sido por Richi) y hay grandes personalidades que han recuperado sus relaciones amistosas gracias a él (Paco de Lucía y Curro Romero llevaban años sin hablarse hasta que Richi se empeñó en juntarlos de nuevo). A nadie le sorprende que José Mota le considere uno de sus mejores amigos, que Ana Obregón lo adore o que Eugenia Silva le responda al segundo. Pero a mí me dejó muerta saber que, incluso, lo recibió Juan Pablo II: «Me recibió por llevar a veinte sacerdotes a ver a Alejandro Sanz. Y como yo soy católico y rezo todas las noches ,me emocioné mucho y hasta lloré...Y el otro día me confirmaron que en diciembre tengo audiencia con el Papa Francisco. Yo no soy nadie...Pero ahí estaré con él».

Personal e intransferible

Entrar en el despacho de Richi Castellanos es «una experiencia religiosa», que cantaría su amigo Enrique Iglesias, tanto por las fotografías como por los «objetos de famosos»: la raqueta de Nadal, la guitarra de Paco de Lucía, los botines de Joaquín Cortés, camisetas de muchísimos futbolistas...Tantas son las sonrisas congeladas de Richi junto a los más inimaginables mitos nacionales e internacionales que a veces parece que él no tuviera vida propia. Y tuvo al menos una novia. Y ayuda a mucha gente..., pero lo cierto es que vive por y para sus «clientes», que en realidad son sus amigos. Lo suyo va después, pero porque él así lo quiere. Ocio y negocio juntos. Sin línea divisoria. La única manera de ser un «seven eleven» para los famosos, como él dice, y de estar considerado como el mejor relaciones públicas.

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