Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
miércoles, 17 septiembre 2014
03:35
Actualizado a las 

La Razón

Finde

«Monuments men»: Barras y estrellas

  • Dirección: George Clooney. Guión: G. Clooney y Grant Heslov, según el libro de Robert M. Edsel. Intérpretes: Matt Damon, George Clooney, Bill Murray, John Goodman. EE UU-Alemania, 2014. Duración: 118 minutos. Aventuras.

Incluso en su película menos política (la nefasta «Ella es el partido»), George Clooney ha mostrado un insólito interés en captar el devenir histórico de la América del siglo XX. En su filme más contemporáneo, «Los idus de marzo», había ecos diáfanos del «affaire» Clinton, y hasta cierto punto podía leerse como una reedición del espíritu desencantado de «El candidato» y las sátiras políticas de los setenta. «The Monuments Men» se añade a la tendencia de Clooney hacia el revisionismo histórico, pero lo que sorprende, más allá de la negación de cualquier tensión dramática o desarrollo de los personajes, es que toma como modelo el cine bélico de propaganda hollywoodense. No hay nada en el filme que nos haga sospechar que detrás de la cámara hay un liberal: el mensaje es que gracias a los americanos pudo salvarse el patrimonio artístico de la humanidad.

Clooney olvida que ya existía una notable cinta sobre el tema («El tren», de John Frankenheimer) y se lanza a la piscina teniendo más en cuenta a Hawks y su camaradería masculina que al Aldrich de «Doce del patíbulo». Desgraciadamente para él, las hermosas digresiones del cine del director de «Río rojo» no son fáciles de imitar, porque en ellas, sí, se hablaba de la condición humana, de la falta de jerarquías de la amistad verdadera, con una envidiable ligereza en el tono. Por el contrario, ésta es pesada, densa y tediosa, y se mueve con dificultades hacia no se sabe qué dirección, con un «dream team» de actores que se reparten en sucesivos dúos sin excesiva química, envueltos en las barras y estrellas que un actor-cineasta que ha hecho bandera de su visibilidad humanitaria ha pintado distraídamente, sin más convicción que la que le da su sueldo.

Vídeos

  • 1
  • 1

    ENCUESTA