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miércoles, 01 octubre 2014
15:29
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La Razón

Fútbol

Bale marca y el Madrid empata

  • El Villarreal, dirigido por Cani, juega un partidazo que sólo las paradas de Diego López enturbian

Si el Madrid de Ancelotti jugara al fútbol como el Villarreal de Marcelino habría goleado en El Madrigal. Si el Villarreal acumulara en sus filas las figuras del Madrid, también habría goleado. Pero cada uno tiene lo que tiene; el local, un sistema de juego implantado con interesantes variantes ofensivas que la inspiración divina de Diego López enturbió, y el visitante, camino por recorrer, que no ha de ser muy largo porque derrocha un talento que sólo necesita mezclar, no agitar. Y seguro que al final el punto le sabe a poco al anfitrión, y al Real, algo mejor.

Diego López estropeó con dos magníficas intervenciones los mejores momentos del Villarreal y cedió un empate en el primer tiempo. Mereció bastante más, por fútbol y por ocasiones. Aprovechó la desconexión entre líneas del Real Madrid, sus pérdidas en el centro del campo, las facilidades de Nacho en la banda izquierda y los despistes de Pepe en el centro de la defensa, pero no remató. Podía haber ido ganando 3-0 en el minuto 28 y sólo diez después encajó el 1-1.

El gol del Villarreal lo marcó Cani porque su equipo perseveró. Aquino, Trigueros, Bravo y el mencionado goleador desactivaron a Modric, Isco e Illarramendi. Y vieron también que Bale, la enésima estrella madridista, no cuajaba en la banda derecha. El gigante de Gales deambulaba por la zona, sin rigor ni perspectiva, contagiado de la espesura de su equipo, aplomado. Apenas intervino el galés y cuando lo hizo fue lanzando vaselinas excesivas, diagonales con destino cierto, por detrás de la línea de fondo.

Cuando marcó Cani, más atento que Pepe y Ramos, después de un lío monumental en la defensa, Diego López ya se había ganado el sueldo al despejar un remate a bocajarro de Jonathan Pereira. Después repitió acción semejante, para desesperación de Aquino. Naufragaba el Madrid, más perdido que Bale, hasta que se mudó a la izquierda y Cristiano apareció por la derecha. No fue determinante esta variable sustancial en el cabezazo de Ramos que Asenjo despejó. Fue un aviso. Luego erró Cristiano una ocasión que le brindó Sergio con un pase de virtuoso, y casi acto seguido Bale empezó a amortizar su coste.

Llegó el empate por la banda derecha, centro fácil que Carvajal no complicó y que acabó en el pie derecho de Gareth, quien se adelantó a Dorado y marcó. Ni los porteros tienen que meter dentro las que van fuera, que dice Alfredo di Stéfano, ni los delanteros han de chutar fuera las que son de dentro.

Casi sorprendido celebró Bale su primer tanto con el Madrid, pero no se olvidó de dibujar el corazón que le caracteriza. Fue su mejor intervención, la definitiva y casi la única en esta primera mitad que desde antes de empezar llevaba su nombre.

Empató el Madrid, unido por la presión en pos de la victoria. Cuando se fue arriba a por el Villarreal y le importunó en la salida del balón, recuperó terreno y prestaciones. Sin embargo, lo aprendido en estos minutos postreros se le olvidó en el vestuario y comenzó la segunda parte con los problemas de la primera. Cani reclamó penalti de Nacho, que en un rebote tocó con la mano, y Jaume Costa dispuso de la oportunidad más clara del partido y tiró fuera cuando lo fácil era marcar. Perdonaba y Bale se atrevía a correr por la banda. No dejaba la estela de la velocidad supersónica, pero resultaba inalcanzable.

Cumplía Bale, pero Ancelotti no abusó y le relevó Di María; y Khedira a Illarra, el otro debutante, correcto. Sólo dos minutos después, Isco organizó el contragolpe y combinó con Cristiano, que terminó por hacer el gol después del despeje de Asenjo al zapatazo de Benzema. El 1-2 espoleó al Madrid, creció Modric, Isco le dio réplica y Uche entró por Pereira en un intento de Marcelino por remontar... Lo consiguió con fútbol, después de que en otra combinación Diego López rechazara el tiro de Cani y casi el de Giovani. Casi tocó el del mexicano, pero no pudo evitar que entrara.

El 2-2 hacía justicia a la calidad individual del Madrid y a la calidad futbolística del Villarreal, recién ascendido, sí, pero con altura de miras para jugar en Primera, y no sólo eso, para entretener también. Marcelino García ha dado con la tecla; Ancelotti la busca y no la encuentra. Se rezaga respecto del Atlético y del Barça. No es un drama, sólo el primer aviso.

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