Energía

El fin del carbón

El fin del carbón
El fin del carbónlarazon

Aquel Londres cubierto por la ceniza negra de las chimeneas que retrató Charles Dickens en la genial «Oliver Twist» hace tiempo que quedó relegado al pasado. Y lo hará aún más antes de 2025.

Aquel Londres cubierto por la ceniza negra de las chimeneas que retrató Charles Dickens en la genial «Oliver Twist» hace tiempo que quedó relegado al pasado. Y lo hará aún más antes de 2025. La cuna del carbón, donde comenzara la revolución industrial, la isla orgullosa de su vapor, sus máquinas, sus industrias grises y su característico «smog», esa mezcla pestilente de niebla y contaminación, ha puesto fecha de defunción a la quema de este mineral que fue motor de desarrollo del norte de España y de media Centroeuropa. En su estrategia para luchar contra el cambio climático, el Gobierno británico ha anunciado que cerrará antes de 2025 las centrales eléctricas de carbón que todavía se encuentran operativas, cuyo uso quedará muy mermado antes de 2023. La ministra de Energía y Cambio Climático, Amber Rudd, fue incluso más allá al calificar de «perversa» la dependencia de Reino Unido del carbón, que proporciona aún cerca del 28% de la electricidad nacional. «Es inaceptable que una economía avanzada como la nuestra dependa del carbón». La declaración vino acompañada de una apuesta decidida por el gas, que se convertirá en el eje de la política energética. Desde que Margaret Thatcher comenzara con el cierre de las minas deficitarias a mediados de los años 80 del pasado siglo, la industria carbonífera británica fue apagándose lentamente. Tanto como para que el próximo 15 de diciembre cierre la última explotación de carbón en profundidad que quedaba abierta, situada en Kellingley, al norte de Inglaterra. De acuerdo a los planes de Bruselas, todas las explotaciones hulleras que hayan recibido ayudas deberán cerrar antes de 2016. El Gobierno español pretende mantener activas aquellas que hayan dejado de ser deficitarias, entre las que es poco propable que se encuentre ninguna en profundidad. La estrategia forma parte del plan para que en cinco años el 20% de la energía del continente sea renovable. Según la patronal europea de energía eólica (EWEA), la UE se ahorraría más de 11.500 millones de euros en combustibles fósiles entre este año y 2020 si se redoblara la apuesta por esta fuente. Además, se reducirían casi un 64% las emisiones de CO2 si se triplicara la potencia eólica. La cumbre del clima que se celebrará en París a finales de este mes podría suponer el fin del carbón en Europa. De momento, ya es historia en Gran Bretaña.