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«Es más engorroso el papeleo que la efectividad de la ayuda pública para vender fuera»

  • Francisco Coll Director general de Laboratorios Quinton/Luis Díaz
    Francisco Coll Director general de Laboratorios Quinton/Luis Díaz
Juan Delgado. 

Tiempo de lectura 5 min.

13 de noviembre de 2017. 12:05h

Comentada
Juan Delgado.  13/11/2017

Él y su padre no han creado ninguna empresa, pero sí han reflotado una con más de un siglo de existencia y fundada por el biólogo y fisiólogo René Quinton, en base a sus investigaciones sobre el agua del mar y sus aplicaciones curativas o preventivas para la salud. La familia Coll compró Laboratorios Quinton en 1996. Su sede francesa fue desmantelada y trasladada al municipio alicantino de Cox. Francisco Javier Coll, su director general, está al frente de esta empresa familiar que, en poco tiempo, ha crecido notablemente y ha logrado tener presencia en buena parte del mundo.

– ¿Cómo vino a parar a este sector un informático como usted?

– Cuando acabé los estudios, mi padre, que trabajaba en esta industria, me preguntó si estaba interesado en montar con él una empresa familiar dedicada a la distribución de productos farmacéuticos. Dado que no tenía ninguna pasión por la informática, le dije que sí. Empecé a otear el mercado en busca de referencias diferentes que no existieran en España. Me puse en contacto con Laboratorios Quinton y trajimos varios de sus productos. En 1996 compramos los laboratorios y los trasladamos a Alicante.

– ¿Por qué se declaran herederos del biólogo y fisiólogo francés René Quinton?

– Empezamos a distribuir en 1995 en España productos del laboratorio original de René Quinton que había pasado por distintas manos y, un año más tarde, lo compramos. Casi simultáneamente nos pusimos en contacto con sus descendientes para ofrecerles que participaran como accionistas con nosotros. De hecho, una nieta es socia nuestra y presidenta de la Fundación René Quinton.

– Quinton no son unos laboratorios al uso. Presumen de contar con un producto único y exclusivo en el mundo.

– Cualquiera podría hacerlo. El agua de mar está al alcance de todos, pero nosotros no comercializamos agua de mar sin más, sino una muy específica que se recoge en puntos muy definidos, que son torbellinos marinos de fitoplancton y que contienen hasta 78 minerales biodisponibles. La bombeamos con barcos a 30 metros de profundidad, justo debajo de ellos. La sacamos todos los meses en el Golfo de Vizcaya y estamos analizando otros posibles puntos de extracción que también están en el Cantábrico.

– ¿Cuál es el proceso que sigue ese agua de gran pureza?

– Una vez extraída la llevamos en camiones frigoríficos desde San Sebastián a Alicante. Antes de envasarla la volvemos a filtrar a 0,22 micras. Esa tamización es considerada estirilizante en farmacopea europea, por lo que ponemos en el mercado un producto totalmente seguro.

– ¿Les cuesta mucho persuadir al gran público de los beneficios tan desconocidos de esta terapia natural?

– Sí. Sin embargo, nos resulta más sencillo hacérselos llegar a los médicos. Disponemos de una red de visitadores que se dedican a difundirlos.

– ¿Cuál es su política de I+D+i?

– Siempre estamos buscando nuevos departamentos universitarios que quieran investigar con nosotros. Ahora tenemos varios frentes abiertos. Trabajamos con las universidades de Alicante, Valencia, CEU Cardenal Herrera y Granada, entre otras. Además, hemos abierto otra línea en La Habana con la Agencia del Medicamento. La realidad es que cada año invertimos más en este capítulo; actualmente, supone un 7% de la facturación.

– Se definen como internacionales, pero ¿mucho o poco?

– Estamos en casi 40 países.

– ¿Esta implantación es heredada u obra de ustedes?

– La hemos desarrollado nosotros. Cuando compramos los laboratorios, sólo se vendían sus productos en Francia y España. Después, nos introdujimos en Japón, Malasia, China, Filipinas, Emiratos Árabes Unidos, Líbano, Estados Unidos y Canadá, además de casi toda Europa.

– ¿Resultan muy complicados los mercados externos?

– Cada país tiene su dificultad. Algunos, como Brasil, son complejísimos. Sólo el registro del producto tardó 10 años, mientras que en otros se hace incluso en menos de tres meses.

– ¿Les cuesta mucho a los empresarios españoles salir al exterior? ¿Encuentran apoyos públicos?

– Ninguno. Al menos ésa es nuestra experiencia. Los pocos contactos que he tenido con el Instituto Valenciano de Exportación han sido un fracaso. Es más engorroso el papeleo que la efectividad de la ayuda pública para vender en el exterior. En las embajadas sí que he contado con la ayuda de algún agregado comercial para presentar un producto.

– ¿Cuesta bastante hacer empresa en nuestro país?

– Sí, pero también es cierto que hemos vivido la peor pesadilla posible, que ha sido la crisis económica.

– ¿Le parecen correctos los sistemas de financiación empresarial que existen en nuestro país?

– Dependen excesivamente de la banca. Y, además, siempre van a las mismas empresas, al igual que las subvenciones de algunos organismos públicos.

– ¿Cree que se debe fomentar más la financiación alternativa?

– Esa fórmula es muy complicada en España. Nosotros hemos tenido que surtirnos de socios capitalistas.

EL PERFIL

Francisco Javier Coll Sanchez, natural de Cartagena, estudió para ingeniero informático, pero optó, quizá influido por su padre con el que siempre ha tenido una relación excelente, por la industria farmacéutica. Ejerció de visitante médico durante un año y, a partir de 1995, se dedicó, junto a su progenitor, a distribuir productos farmacéuticos. Un año más tarde compraron Laboratorios Quinton y, desde entonces, está al mando de la Dirección General.

Una empresa familiar

El biólogo y fisiólogo francés René Quinton demostró, hace más de un siglo, que nuestros líquidos orgánicos tienen la misma composición mineral que el agua de mar. A partir de estas conclusiones, el investigador fundó Laboratorios Quinton que, tras diversas peripecias, es desde 1996 propiedad de la familia Coll –posee el 75% del capital– y cuenta entre sus accionistas con una nieta del científico galo. Tras su adquisición, la planta fue desmantelada y trasladada a Cox (Alicante), donde dispone de unas amplias y funcionales instalaciones equipadas con las últimas tecnologías y avaladas por los certificados de seguridad y de calidad más relevantes.

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