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La independencia pone en riesgo 3.400 millones de inversión

Seat, Nissan y Honda, las tres empresas del motor instaladas en Cataluña, comprometieron inversiones millonarias en sus instalaciones. Una separación de España haría peligrar los fondos a partir de 2020

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C. De Miguel / J. Martín.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

09 de octubre de 2017. 12:41h

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C. De Miguel / J. Martín.  Madrid. 9/10/2017

A mediados de la pasada semana, Banco Sabadell decidió trasladar su sede a Alicante. Al día siguiente, fueron Caixabank y Gas Natural; el sábado, la Fundación Bancaria La Caixa y Criteria Caixa, el holding de participaciones accionariales de la antigua Caja de Ahorros de Barcelona. Hoy lo estudiará Abertis. Mañana... Todos son buques insignias de la economía catalana, pero aún quedan por desvelarse muchas incógnitas en dos grandes sectores en manos de multinacionales: el sector químico y el automovilístico. Dos de los sectores estrella de la economía catalana, junto con el textil.

La práctica totalidad de las empresas tiene preparados los planes de contingencia ante una declaración unilateral de independencia, pero confía en que no sea necesario ponerlos en práctica. En el caso de las multinacionales del motor, una suspensión de los planes de inversión podría dejarles sin alrededor de 3.400 millones de euros, que son los que el Grupo Volkswagen, Nissan y Honda han comprometido hasta 2019 y podrían comprometer para los próximos cinco años.

Tanto Seat, como Nissan y Honda están a la expectativa. La mera declaración de independencia por parte del Gobierno de Puigdemont no modificaría sustancialmente la situación actual. Otra cosa sería su puesta en práctica efectiva, lo que sí les obligaría a modificar con carácter inmediato su domicilio social para no comprometer el futuro de sus fábricas y disfrutar de los beneficios arancelarios de la pertenencia a la Unión Europea.

Un sector vital

El sector del automóvil representa algo más del 8% del Producto Interior Bruto de Cataluña, lo que equivale a hablar de 17.890 millones de euros, teniendo en cuenta que el PIB de Cataluña de 2016, a precios de mercado, ascendió a 223.629 millones. La inversión «aparcada» en Cataluña por parte del sector es de, aproximadamente, 24.000 millones de euros.

La salida de un fabricante de automóviles de un territorio no es fácil. No es como el cambio de domicilio fiscal. Las empresas lo saben, pero disponen de dos armas económicas que pueden utilizar: las inversiones futuras y el traslado de producción a otros centros fabriles que mantengan las mismas condiciones arancelarias para un mercado como el europeo, que absorbe al 90% de la producción de las fábricas españolas dependiendo de Las marcas y los modelos.

El grupo Volkswagen propietario de Seat desde finales de los años ochenta, tiene un gran centro de producción en Martorell, con una capacidad de fabricación superior a las 500.000 unidades anuales y de cuya cadena de montaje salen no sólo vehículos de la marca Seat, sino también algunos modelos de Audi. El grupo posee asimismo las marcas Volkswagen, Audi y Skoda, además de otras más minoritarias como Lamborghini o Bentley.

El pasado año y después de un decenio continuado de pérdidas, Seat obtuvo un beneficio operativo de 153 millones de euros. Facturó 8.894 millones y produjo 409.000 unidades, que se destinaron en un 93,8% al mercado europeo. En septiembre de 2015, el Grupo se comprometió a invertir 3.300 millones de euros en la factoría de Martorell hasta 2019 (4.200 millones si se incluye la fábrica de Navarra). Una decisión de independencia de Cataluña haría peligrar nuevas inversiones para desarrollar y producir nuevos modelos.

Seat, integrada dentro del grupo VW, es la principal industria de Cataluña y la importancia de sus inversiones en la planta de Martorell, una de las más modernas y efectivas de Europa, no hace planteable el abandono de las instalaciones. Salvo en el caso de que, en el hipotético caso de una independencia, Cataluña saliera de la UE. Ello obligaría al grupo alemán a replantearse sus programas de producción y, a medio plazo, retirar modelos de Martorell para llevárselos a otros centros de Europa. No hay que olvidar que ya hay automóviles con marca Seat que salen de las líneas de montaje de Skoda, cerca de Praga. En el caso de su sede social, situada en Barcelona, se mantendrá allí si las circunstancias no obligan a otra cosa ya que, en el caso de la independencia, el régimen fiscal variaría radicalmente y sería perjudicial para sus intereses. Desde la dirección del grupo Volkswagen la posibilidad está estudiada, pero no se ejecutará salvo caso de fuerza mayor.

Un secreto bien guardado

En la Zona Franca del puerto de Barcelona se encuentra la factoría de Nissan, marca que fue integrada dentro del grupo francés Renault y que produce vehículos comerciales en su mayor parte de la firma japonesa. La tercera y última es Honda, que hace más de treinta años tomó la propiedad de la marca de motos española Montesa y por ello se mantiene en las afueras de Barcelona, en Santa Perpetua de Mogoda. En el sector de las dos ruedas, la presencia catalana es mucho mayor ya que, además de Honda y Yamaha, otras minoritarias como Bultaco, Gas Gas o Derbi tuvieron sus orígenes fundacionales en la región catalana, de gran tradición en el sector de las dos ruedas.

La totalidad de los altos directivos de las empresas tiene clara su posición ante un futuro inmediato. El presidente de una de ellas declaraba hace algunas fechas a este diario que «la independencia no se va a producir pero, en el caso que llegue, me iría de aquí porque de inmediato me lo exigirían desde la central de la multinacional». Es una máxima en casi todas las empresas globalizadas, sabedoras del riesgo de no pertenecer a un determinado grupo económico.

El grupo Volkswagen ha ido instalando algunos departamentos, como el de marketing, en Madrid. Nissan mantiene todos sus servicios en Barcelona. En Madrid dispone únicamente de una oficina de representación, algo que, en los últimos años, ha perjudicado sus ventas en este mercado, el mayor de España. La cuota de mercado de Nissan en Madrid es muy inferior al del conjunto del país.

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