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«La intuición es, a mi juicio, más importante que la formación para emprender»

  • José Azulay es CEO y Fundador de UNOde50
    José Azulay es CEO y Fundador de UNOde50
Juan Delgado. 

Tiempo de lectura 5 min.

11 de septiembre de 2017. 12:41h

Comentada

El despacho es un reflejo fidedigno de la personalidad de su propietario. Su carácter peculiar, rompedor, original, ecléctico, industrioso, concienzudo... se pone de manifiesto en esta estancia, el «sancta sanctorum», la fábrica de ideas de UNOde50, la criatura empresarial de José Azulay. El resultado de ese cóctel impacta, seduce, envuelve... al igual que las creaciones de esta firma joyera cuya tribu de fans ya se extiende por más de 40 países. Además de CEO, es el director de Diseño. El cargo que más le gusta.

– ¿Qué lección o lecciones le han dado en estas dos décadas de trayectoria?

– He aprendido muchísimo en estos 20 años, sobre todo a gestionar porque la faceta creativa me es innata y la he ido desarrollando sin tregua. En cambio, no tenía ni idea de cómo se creaba una empresa día a día. Lo he ido asimilando con mucha dificultad gracias a la gente que ha trabajado conmigo. Al principio me ocupaba de todas las áreas, pero yo no sabía nada de recursos humanos o marketing, por lo que me tuve que poner las pilas. De todas las lecciones que he interiorizado, sin duda la principal es la de que todo se puede conseguir. La ilusión y el empeño son las mejores armas para desarrollar cualquier proyecto.

– ¿Le habría resultado más fácil emprender si hubiera tenido una formación académica más amplia?

– Tanto la preparación y la experiencia como la intuición son sustanciales. Sin embargo, para mí es más trascendental ésta porque en las aulas te enseñan teoría, pero no la realidad práctica.

– ¿Qué es para usted ser empresario?

– Es una ilusión, un reto. Un camino y una meta a la vez. Ser feliz, en definitiva.

– ¿Se siente identificado con el prototipo de empresario que tenemos en la cabeza los españoles?

– Con algunos sí. Soy un empresario de alma que transmito sentimientos y emociones a través de mis diseños y que trato de llegar al público contagiándoles positividad y alegría. El fin no justifica los medios para mí.

– ¿Para muchos colegas suyos todo vale para conseguir un objetivo?

– Puede que para muchos el dinero y el éxito sean lo primero. Para mí hay muchas cosas que están por encima de todo.

– ¿Por ejemplo?

– Ayudar. Los que somos afortunados en la vida y tenemos una buena posición debemos ser conscientes de que, en buena medida, nos lo han regalado y, consecuentemente, estamos obligados a dar y compensar a la sociedad.

– El éxito de UNOde50 se debe sin duda a su carácter disruptivo. ¿Se puede mantener en el tiempo ese espíritu rompedor?

– Es fruto del ADN de nuestras creaciones. Transmitimos sensaciones. Tengo una forma de ver la vida muy determinada. Soy una persona inconformista, muy mío, que traslado a través de ellas lo que tengo dentro de mí. El producto de UNOde50 posee identidad propia. Mientras sigan teniéndola, la compañía mantendrá ese carácter disruptivo.

– ¿Hay mucho miedo al error y al fracaso?

– Sí, están muy extendidos en España, pero quien pretenda emprender debe anteponer sus ganas y su pasión a cualquier temor. Las oportunidades se presentan inopinadamente. Queda mucho por descubrir y hay que saber identificar esos nichos. Siempre hay un agujerito por tapar. Hay que intentarlo sin duda y si no se consigue, no pasa nada.

– ¿Le daba vértigo cuando se le pasaba por la cabeza la necesidad de conquistar otros mercados?

– No. Me entusiasmaba. Me iba bien en España y veía claro que tenía la necesidad vital de salir fuera. Quizá no sabía cómo hacerlo, pero todo en la vida tiene su tiempo y no se puede precipitar, y repentinamente se me presentó la oportunidad, a través de un amigo que me lo propuso: abrir la primera tienda en Miami. Mi respuesta fue afirmativa porque tenía mucho que ganar y poco perder. Cuando la empresa estaba más profesionalizada y consolidada, era la hora de hacer la maleta y salir a ganar mercados.

– La imagen de la compañía, subraya en el libro, tiene una importancia capital. ¿Cómo la definiría? ¿Cuáles son sus ingredientes?

– Todos los que tenemos una marca aspiracional debemos mimarla. Hemos de estar pendientes en cómo se expone el producto, de la manera y el estilo de atención de nuestros vendedores a los clientes, mejorar cada colección, cuidar la decoración, el «packaging»... Todos estos elementos deben transmitir homogéneamente una imagen, una filosofía y unos valores únicos.

– ¿Qué busca, clientes o fans?

– Yo digo que tengo una tribu. Busco clientes, pero cada día más éstos se transforman en fans. Estoy encantado por su complicidad con UNOde50.

– Del libro se desprende la importancia de su figura en la cadena de gestión y valor de la compañía. ¿Tiene algún plan para que UNOde50 sea mucho más que José Azulay?

– No tengo proyecto de futuro porque vivo mucho el presente. Mi vida se basa en el hoy. No me inquieta lo que pasará mañana y me interesa poco lo que pasó. Dicho esto, tengo tres hijos a los que estoy muy unido. Los tres trabajan para UNOde50 en puestos no directivos. Están haciendo un «training». Dos en la oficina de Nueva York y una en el Departamento de Comunicación. Tengo depositadas muchas esperanzas en ellos. El futuro dirá y lo que sea será.

EL PERFIL

La vida del fundador y CEO de UNOde50 está exhaustivamente detallada en el libro que acaba de publicar, «Un universo creativo». En José Azulay se aúnan dos facetas, la de creador y empresario. La primera es innata a él, pero empezó a florecer en el popular bazar de Melilla, donde también se empapó del espíritu comercial. Ha cogido las oportunidades al vuelo. Primero se dedicó a diseñar y vender relojes diferentes que le fabricaban en Hong-Kong. Después, dado que su inspiración empujaba, se hizo con UNOde50. Y dio rienda suelta a su creatividad rompedora.

Una marca rompedora

Fundada a finales de la última década del siglo XX, UNOde50 destaca por un catálogo de productos hechos a mano en España que son inconfundibles. Reflejan el espíritu de vida, la positividad, los sentimientos, la loca creatividad de un melillense, poco aficionado a los estudios, que desde su infancia y adolescencia, le encanta «juguetear» y dibujar prototipos que están en su cabeza. José Azulay es el «alma mater» de esta empresa que le hace feliz, que da empleo a unas mil personas y que tiene implantación en más de 40 países. El futuro está en manos de sus tres hijos, aunque a él le queda áun mucho carrete.

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