sábado, 25 febrero 2017
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Economía

Economía / Agricultura

La tecnología ayudará a la agricultura a usar hasta un 30% menos de recursos

  • Se prevé que para 2030 se necesitará un 50% más de alimentos. El cambio climático o la falta de mano de obra añaden retos a un sector que ve en las TIC una posibilidad de producir más consumiendo menos

De izquierda a derecha, arriba: Carlos Vicente, Javier Borso. Abajo: Cristina Sánchez y Emilio Camacho
De izquierda a derecha, arriba: Carlos Vicente, Javier Borso. Abajo: Cristina Sánchez y Emilio Camacho
Gonzálo Pérez

Se prevé que en 2030 la necesidad de alimentos habrá aumentado un 50 por ciento; para entonces la población mundial alcanzará los 8.500 millones. Además, este aumento vendrá acompañado de un crecimiento de los ingresos medios y del nivel de vida. Bajo esta premisa, el agricultor se va a convertir en el verdadero protagonista de la próxima revolución tecnológica. No sólo habrá que producir más, sino que recursos como el agua, el suelo de cultivo o la energía serán cada vez más limitados. El cambio climático, a su vez, provoca que haya que minimizar las emisiones de CO2 en el campo y si es posible incluso capturarlo.

El reto de la sostenibilidad agrícola es de tal magnitud que implica los esfuerzos de todos los agentes sociales y es uno de los principales focos del trabajo de Naciones Unidas. «La ONU ha establecido hace un año su Plan de Acción para el Desarrollo Sostenible, fijando 17 Objetivos (ODS), que se caracterizan primero por que la universalidad de la agenda es mucho más clara. Es evidente que los problemas sobre todo los medioambientales y sociales son universales y afectan también a los países desarrollados. Otra característica es la introducción del rol de la empresa privada en la solución de estos retos. Por último, sobresale la transversalidad de los objetivos ya que si trabajamos en mejorar la eficiencia de los sistemas de riego, estamos impactando en el medio ambiente pero, también en la calidad de vida de las personas», ha explicado Cristina Sánchez, directora de Innovación y proyectos del Pacto Mundial durante el foro «Agricultura, Agua y Desarrollo Sostenible» que ha tenido lugar en LA RAZÓN.

Y es que la satisfacción de las necesidades alimentarias se apoyará necesariamente en la cultura del regadío. Hoy en día el regadío demanda en torno a un 70 por ciento de los recursos hídricos y ocupa un 20 por ciento de la superficie mundial. «En términos nacionales, el orden de magnitud es 18 por ciento de superficie regada y el uso de recursos hídricos está entre el 70 y el 80 por ciento. Sólo de ese 18 por ciento de superficie de regadío depende el 50 por ciento de la producción de alimentos», ha explicado Emilio Camacho, catedrático de Ingeniería Hidráulica de la Universidad de Córdoba. También hay que pensar que hacia 2050 más del 40 por ciento de la población mundial vivirá en cuencas con estrés hídrico, mientras que el cambio climático aumentará en más de un 20 por ciento los requerimientos de agua. En este contexto, España es un país que merece una especial atención en otras cosas porque se prevé un descenso del volumen de precipitaciones de hasta un 24 por ciento tanto en invierno como en verano en las próximas décadas.

Los agricultores tienen, por tanto, una de las mayores responsabilidades en el futuro y es dar de comer al resto de las personas. Y para salvar el reto de producir más con menos recursos parece necesario que se apoyen en las TIC. «Cualquiera de nosotros necesitamos a los agricultores tres veces al día. Durante un ciclo de cultivo anual, cada uno de ellos toma unas 40 decisiones en un entorno complicado y abierto. Gracias al manejo del Big Data se pueden obtener datos con un aparato en la propia cosechadora o en el tractor. Los datos de diferentes sensores, junto a otros de satélite, se analizan con complejos algoritmos y se ofrecen de forma sencilla en una aplicación móvil, con el fin de ayudar al agricultor en la toma de decisiones. Hoy en día un tractor lleva más tecnología que un coche de alta gama», en opinión de Carlos Vicente, director de Asuntos Corporativos de Monsanto España y Portugal.

Profesionalización

Unos lo llaman plataformas tecnológicas, otros agricultura digital o smart, aunque lo cierto es que las TIC se presentan como el factor clave de la que dependerá la buena gestión agrícola a nivel mundial. «La incorporación de las TIC lleva unos cinco años, aunque va a suponer un cambio de paradigma, ya que casi el 70 por ciento de la producción mundial se va a apoyar en esas tecnologías. Se estima que puede mejorar hasta un 30 por ciento el uso de los recursos y que conseguirá aumentar la productividad en torno a un 20 por ciento. En el año 2000 no había sensores en el campo y para 2020 se prevé que unos 500 millones de explotaciones a nivel mundial cuenten con 2.000 millones de sensores, que medirán desde la humedad a la temperatura, etc.. Serán de media unos cuatro por explotación. Pero es que ara 2030 se estima que serán ya 20.000 millones los sensores del campo», explica Camacho.

Uno de los retos de futuro para conseguir la incorporación masiva de la tecnología en las explotaciones agrícolas (a día de hoy hay poco nivel de penetración) es que la agricultura empiece a verse de forma empresarial, se profesionalice y consiga, incluso, ser atractiva para los millenials. «No hay que olvidar que la agricultura tiene que ser sostenible social, medioambiental y económicamente; el agricultor tiene que ganar dinero y ser competitivo. Actualmente se está despoblando el territorio rural, y se prevé que poco a poco se irá reduciendo la superficie cultivable en los países desarrollados. Las empresas tenemos la obligación de ayudar al agricultor y es que muchas veces la tecnología va por delante de lo que pasa en el campo», explica Javier Borso, director de Mercado de Regadíos de Suez Spain.

Universidades y empresas del sector trabajan en decenas de soluciones que incluyen el uso de biotecnología o el aprovechamiento de recursos naturales como los microoganismos del suelo. Entre todas ellas los ponentes destacaron la llamada agricultura de conservación (en nuestro país a día de hoy ocupa ya medio millón de hectáreas): «Consiste básicamente en no tocar el suelo. Cuando labras el suelo destruyes su estructura que es lo peor porque es la que te permite retener agua, regar menos o si estás en secano retener el agua de lluvia. Si usas menos agua estás minimizando el consumo energético y emites menos gases de efecto invernadero. Estudios hechos en la Universidad de Córdoba dicen que este tipo de sistema captura incluso un 30 por ciento más de carbono que a un cultivo convencional», explica Vicente.

Las energía renovables tienen un enorme potencial de aplicación en el campo puesto que riego y energía van de la mano. «Los planes de modernización llevados a cabo en España desde 1996 nos han convertido en líderes en riego localizado, con dos millones de hectáreas sólo por detrás de Estados Unidos (es decir, se ha pasado de un 17 por ciento a más del 50 por ciento). Ha habido un mejor aprovechamiento de los recursos, en torno a un 20-30 por ciento y una especialización de los cultivos. Casi la mitad de ellos son leñosos, el 30 por ciento son olivares y viña, que se adaptan muy bien al riego deficitario. Sin embargo, ha aumentado el riego a presión en torno al 180 por cien desde 1996 y con él los requerimientos de energía hasta un 600 por cien en cuanto a término de potencia. Los costes han aumentado en torno a cuatro veces por unidad de superficie. Hay que tener en cuenta que los planes han tenido una clara vinculación con situaciones de escasez de recursos, lo que significa se ha tenido más en cuenta la actualización técnica que la gestión», explicó Camacho. «El término de potencia se paga todo el año y sólo se riega cuatro meses», matizó Borso. Para muchas explotaciones sería posible funcionar como una isla energética gracias a las renovables que ayudarían además a bajar los costes de producción aunque para que haya una apuesta clara hace falta una política energética decidida. Además, su aplicación todavía tiene algunas limitaciones porque las necesidades de riego no coinciden siempre con la disponibilidad de irradiación solar.

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