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Los 29.000 millones que se fugaron con Saracho

7.000 en el primer trimestre, 22.000 desde abril.

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11 de junio de 2017. 13:53h

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Las últimas semanas de existencia de Banco Popular fueron una espiral sin freno hacia el abismo, pero la aparente normalidad que se trató de transmitir desde la llegada del último presidente de la entidad, Emilio Saracho, no fue más que un espejismo. La realidad es que Popular comenzó el año con una fuga de depósitos cercana a los 7.000 millones de euros. Nada que ver con los 22.000 millones que retiraron los ahorradores desde mediados de abril, aunque suficientemente significativo como para que la cúpula directiva hubiera acelerado una nueva ampliación de capital, la única opción al margen de la venta en bloque del banco.

Y es que, mientras la cúpula de la entidad reiteraba una y otra vez la solidez de Popular, respaldada por todos los organismos habidos, lo cierto es que en el primer trimestre del año los depósitos a la vista cayeron desde los 42.759 millones de euros de diciembre hasta los 39.995 millones. Por su parte, los depósitos a plazo menguaron aún más, al pasar de los 40.736 millones de euros a 36.767 millones.

En total, la salida de depósitos sumó casi 7.000 millones de euros (6.733 millones), lo que derivó en la fuerte entrada de inversores bajistas. Todo esto, junto con la indefinición en la dirección del banco ante la ausencia de ofertas para colocar la entidad, acabó por pasar factura a Banco Popular, incapaz de retener el dinero de sus ahorradores y clientes más fieles, y abrumado por los ataques en el mercado.

18.000 millones desde mayo

Así pues, la gestión de Saracho, presidente «in pectore» desde diciembre de 2016 y ejecutivo desde febrero de 2017, se saldó con la pérdida de unos 30.000 millones de euros en los depósitos más estables, donde entran desde las nóminas a las inversiones más conservadoras. A los casi 7.000 que se fugaron el primer trimestre se sumaron los 22.000 millones desde abril hasta el pasado 6 de junio. Unos 18.000 millones se sacaron del banco en desde mediados de mayo, precipitando el descalabro definitivo.

La fuga de depósitos hizo que el pasado lunes, a 24 horas de su caída, Banco Popular dispusiera sólo de 60.347 millones en depósitos cubiertos y no cubiertos, de los que 35.863 millones correspondían a personas físicas y 8.280 a pymes. En 2015, la entidad disponía de 97.137 millones de depósitos totales de clientes, incluidos los «repos», los activos vendidos con pacto de recompra.

De esos 60.347 millones, sólo 35.410 millones estaban garantizadas por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) por ser iguales o inferiores a 100.000 euros. Fuentes del propio Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) admitieron esta semana que el impacto de la fuga de depósitos fue «lo suficientemente para generar un problema de liquidez importante» a la entidad quebrada tras casi 92 años de historia.

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