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Juntos por el Sí no suma

CDC y ERC pierden 9 diputados, se quedan con 62 y necesitan a la CUP para gobernar. Mas, que no tiene la presidencia asegurada, arranca negociaciones para avanzar hacia la independencia

Oriol Junqueras, junto a Raül Romeva, anoche, hace una valoración de los resultados
Oriol Junqueras, junto a Raül Romeva, anoche, hace una valoración de los resultadoslarazon

Artur Mas vivió ayer, a la hora de votar, el ambiente que se respira en la calle tras el huracán plebiscitario. Un grupo lo recibió en la puerta del colegio electoral con banderas españolas y un puñado de ciudadanos salió en su defensa coreando el clásico «in-inde-independència». Si bien la mayoría observaba la escena como quien mira el rodaje de una película. Decía el ex ministro Josep Piqué que pase lo que pase habrá que reconstruir la cohesión social. Y ¿qué ha pasado? Que el invento de Mas de Juntos por el Sí ha ganado las elecciones, pero no ha conseguido la mayoría absoluta que soñaba. La candidatura de CDC y ERC de la mano de la ANC y Òmnium Cultural, no han sobrepasado los 71 escaños que CiU y ERC sumaban esta legislatura (50+21). Se ha quedado con 62. La CUP que pasó de 3 a 10 diputados le robó votantes a ERC y la llave del gobierno que tuvo en los tripartitos.

¿Y ahora qué? Es la pregunta que se hacen los catalanes, hayan votado «sí» o «no» porque, aunque el Gobierno rechace el carácter plebiscitario, si algo logró Mas es que se contaran votos a favor y en contra de las candidaturas soberanistas: Juntos por el Sí y la CUP. «¡Ahora pido que se respete el mandato de Cataluña, que ha dicho sí!», trasladó Mas al Gobierno, a quien insiste que no puede negar el carácter plebiscitario con un histórico 76 % de participación.

«President, president», jaleaban centenares de soberanistas ante el Mercat del Born, donde Jxsí celebró la noche electoral embriagados por la euforia, sin caer en la cuenta de que Mas no tiene asegurada la presidencia. Tiene dos problemas. El primero es que la suma de votos, según la lectura que se haga, no alcanza el 50 por ciento que la CUP exige para legitimar el proceso hacia la independencia. Sin embargo, Oriol Junqueras resolvió el dilema antes de tenerlo sobre la mesa, aplicó una fórmula matemática para restar votos en blanco y nulos que le dio una mayoría también en votos. «¡Tenemos el mandato más que suficiente para sacar adelante este proyecto!», prometió para devolver la ilusión a los soberanistas que veían cómo Juntos por el Sí perdía escaños a medida que los resultados avanzaban. «En las próximas semanas nos tocará poner los fundamentos del Estado independiente. ¡Estamos escribiendo las páginas más gloriosas de nuestra historia!», proclamó.

Pero aunque Mas también se comprometiera a trabajar y no aflojar, su segundo problema es que la CUP tiene la llave para gobernar porque Jxsí no alcanza por sí sola los 68 diputados. Y la CUP, que en su día acusó a CDC de hacer chantaje para conseguir cerrar la lista de Jxsí, no quiere investir a Mas, para los antisistema, icono de la corrupción y los recortes. El futuro del artífice de este proceso queda ahora en manos de las negociaciones que arrancarán hoy. En Convergència confían en que la CUP acabará cediendo como Oriol Junqueras hizo en su día con la candidatura unitaria y hará presidente a Mas aunque no sólo le basta con abstenerse, debería ceder algún diputado como a Ada Colau en Barcelona. Sea president Mas o Junqueras, que es una figura de consenso y podría así ver compensado el paso atrás que dio ERC al integrarse en Jxsí, se abre un escenario de inestabilidad institucional y de difícil gestión del día a día.

La mayoría soberanista, pese a articularse con el único objetivo de constituir el futuro Estado catalán, cosa que tampoco será coser y cantar, deberá hacer frente a la gestión gubernamental con un alto riesgo de desgastarse por contradicciones internas. El corte de mangas de Mas a la banca no lo convierte en un antisistema de la noche al día. El plan de Mas empieza con una declaración simbólica en el Parlament que acaba en 18 meses tras unas elecciones constituyentes. Y la CUP quiere una declaración unilateral de independencia. El 27-S solo es el punto de partida del proceso.