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Anna Gabriel: La heredera de Ceaucescu

Dirigen a los grupos independentistas y anticapitalistas bajo el paraguas de la CUP con mano de hierro. Anna Gabriel es la jefa de la infantería y de las fuerzas de choque en la calle y en las asociaciones. Benet Salellas es el estratega del grupo que con su política de palo y zanahoria ha logrado domesticar a ERC y al PDeCAT.

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Toni Bolaño. 

Tiempo de lectura 4 min.

21 de septiembre de 2017. 02:51h

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«Son como el matrimonio Ceaucescu», dice un ex dirigente de la CUP que ahora ya no tiene el favor de Anna Gabriel y Benet Salellas, los dirigentes que «cortan el bacalao» en la formación independentista antisistema, comparándolos con los dictadores de Rumanía. Este ex dirigente de la CUP supo en carne propia lo que significaba discrepar de los líderes. Duró menos que un telediario y pasó a la historia de la CUP, aunque sería más ajustado decir que «desapareció de la historia de la CUP», como apunta un analista político catalán. Gabriel tiene bien engrasada la maquinaria de la movilización mientras que Salellas es quién lleva el peso de las negociaciones con los sumisos socios de PDeCAT y ERC.

Ambos manejan la organización con mano de hierro, con el inestimable apoyo de Quim Arrufat y David Fernández, dos de los astronautas –como ellos se autodefinían– que llegaron al Parlament en la legislatura de 2012. Con este núcleo duro, la CUP se ha convertido en el eje fundamental del proceso soberanista consiguiendo que los chicos de Puigdemont y Junqueras asuman su lenguaje marxista leninista, compren su análisis de la situación política y acepten –aunque sea a regañadientes– la estrategia frente al Gobierno de España y los partidos constitucionalistas.

La CUP y sus organizaciones satélite se han subido al carro de la independencia porque la independencia es una forma de poner en jaque al sistema. De poner en jaque al Estado español, pero también a la burguesía nacionalista como se pudo comprobar con el envío de Mas a «la papelera de la historia». La frase, acuñada por Salellas marcó un antes y un después en el proceso soberanista.

Benet Salellas Vilar –Gerona 1977–es un clásico en el movimiento izquierdista. Lo heredó de su padre Sebastián que tiene un curioso récord político. Militó en el PSUC, PSC, ERC, CNT y EUiA, y fue asesor de movimientos antimilitaristas. Su patrimonio hace enmudecer a los cuperos que quieren la ocupación de las segundas viviendas porque los hermanos Salellas no están con una mano delante y otra detrás. Abogado de profesión ha defendido a yihadistas e independentistas «agredidos por el Estado». Anna Gabriel i Sabaté –Sallent (Barcelona) 1975– defiende la tribu frente a la familia tradicional y afirma que nunca ha celebrado la Navidad. De familia minera, es la dirigente de Endavant, el partido con más peso en la CUP, y el más ideologizado junto con sus juventudes, Arran.

Ambos son las cabezas pensantes de estos últimos bolcheviques de Occidente. Funcionan como los partidos marxista-leninistas tradicionales, pero harían sonrojar al viejo partido comunista de la transición si oyeran a Mar Ampurdanés, la portavoz de Arrán que compagina un discurso ultraizquierdista con un casoplón de alto standing, cuando defiende el «derecho a follar cuando queramos y con quien queramos». Lo curioso de estas afirmaciones es que se produjeron en el mitin de la CUP al final de la manifestación de este 11 de septiembre. Hasta los militantes cuperos no daban crédito a las afirmaciones de su dirigente, poniendo cara de circunstancias.

Sin embargo, no sólo son marxista–leninistas. Son mucho más. Son los abanderados del Comité Invisible, la organización antisistema que nutre a la extrema izquierda europea. Su portavoz es el grupo Tiqqun que se nutre de los filósofos anarquistas e izquierdistas como Agambem, Foucault, Heidegger, Butler, Hart, Rancière, Zizek, Debord o Antoni Negri, el viejo profesor que ya fue la inspiración teórica de las Brigadas Rojas italianas. La CUP son la esencia de las nuevas organizaciones de la izquierda europea que abanderan la revolución permanente para desbancar al sistema con todo lo que representa. Desde su organización política y económica hasta sus postulados ideológicos, porque como dice Quim Arrufat, «la CUP se construye a través de la agrupación de luchas. Vamos creciendo de abajo arriba», porque no oponen «un discurso a otro, un grupo a otro», los antisistema oponen «un mundo a otro». Dicen que van a ganar porque «el sistema está enfermo y la revolución ya está aquí».

Lo sorprendente es que la CUP no se esconde, dice lo que piensa y actúa como piensa. Lo sorprendente es que sus aliados, sean los burgueses catalanes, PDeCAT, y los aspirantes a sucederles, ERC. Manejan como nadie los tiempos y sus pegadas en los medios de comunicación. Desde sus acciones contra el turismo hasta la petición de copas menstruales para destituir a la compresa capitalista. Su último golpe, la denuncia contra el propio Puigdemont en su gestión de las aguas de Gerona. La denuncia la hizo Lluc Salellas, el hermano de Benet, a la sazón muy unidos a Irene Rigau, la consellera procesada por el 9-M, que fue pareja durante años de su padre. Más cayó en la papelera de la historia, ahora puede caer Puigdemont. Todo vale para «hackear» al sistema.

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