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Los jefes de ETA querían forzar una negociación en diciembre

Entre las funciones de este grupo estaban la confección de los comunicados y la fijación de la estrategia general de todo el entramado criminal

  • David Pla, en el centro de verde, es introducido en un coche policial tras su detención por las fuerzas de seguridad francesas.
    David Pla, en el centro de verde, es introducido en un coche policial tras su detención por las fuerzas de seguridad francesas.
  • Los jefes de ETA querían forzar una negociación en diciembre
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

23 de septiembre de 2015. 19:51h

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Madrid. 22/9/2015

Un error de principiante o que lo que tenía que comunicar a su compañera en el «aparato político» no admitía demora y era un alto secreto. David Pla apareció hace una semana en el lugar en el que se escondía su compañera en dicho «aparato» Iratxe Sorzabal. Dos años llevaba la Benemérita detrás de los supuestos ideólogos de ETA hasta que ayer, por fin, cuando se juntaron, logró arrestarles en Francia, cerca de la frontera con España, en una casa rural de la localidad de Saint-Étienne-de-Baigorry llamada «Agorerreka Etxea».

La «operación Pardines», en homenaje al primer guardia civil asesinado por ETA en 1968, acababa de dar sus frutos. Sorzabal estaba más o menos localizada y no podía escapar al cerco de la Benemérita, pero Pla no aparecía. Ambos iban armados y con documentación falsa.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas, hay otros dos arrestados: el dueño de la casa y, éste es un dato importante, Ramón Sagarzazu, que había sido dirigente del «aparato internacional». Fue detenido en Francia y, tras cumplir condena, entregado a España, donde fue puesto en libertad. Vivía en Oyarzun y, pese al aparente «cese de actividades» de la banda, había acudido a visitar a sus jefes se supone que para darles algún tipo de «novedad». Todo está relacionado con la negociación con el Gobierno que salga de las urnas el próximo mes de diciembre.

En la sesión que celebraban los tres en «Agorerreka Etxea» se diseñaba, según las citadas fuentes, una estrategia para relanzar en los próximos meses una campaña a nivel internacional con el fin de buscar apoyos de países e instituciones. Se trata de que presionen al Gobierno que salga de las elecciones generales de diciembre (salvo que el Partido Popular obtuviera de nuevo mayoría absoluta) con el fin de que negocie con ETA la salida de los presos de la cárcel y la expulsión de las Fuerzas de Seguridad y los Ejércitos del País Vasco y Navarra.

Asimismo, estudiaban planes para todo el «complejo ETA», en especial de cara a las elecciones generales, en las que resulta fundamental que Mariano Rajoy no revalide la mayoría absoluta que obtuvo hace cuatro años. Los terroristas prefieren un gobierno débil, de coalición, que suponen encabezado por los socialistas, para poder volver a la situación de 2009-2011, en que se negociaba encubiertamente. Para ello, han dado la orden que todo el mundo permanezca «quieto», en especial los presos, y que no se realicen declaraciones fuera de tono, que pudieran dar la imagen de radicalidad que realmente tiene ETA y animar a algunos indecisos a volver a votar al PP.

Otro de los problemas que Pla y Sorzabal tenían sobre la mesa es el de la mala situación económica por la que atraviesa ETA y la necesidad de dar una solución urgente a este problema, sin tener que recurrir de nuevo al cobro del «impuesto revolucionario» a los empresarios. A lo sumo, solicitar la contribución voluntaria de aquellos más afectos al separatismo vasco.

Al anunciar ETA el «cese definitivo de la actividad armada» , en octubre de 2011, el «aparato político» cobró una importancia capital dentro de la estrategia de ETA ya que, según la palabrería de la banda, se pasaba de un ciclo de «enfrentamiento político-militar» a un ciclo de «enfrentamiento exclusivamente político». Precisamente, los últimos comunicados, redactados por Pla y Sorzabal, estaban dirigidos a a desviar la presión que sobre la Izquierda Abertzale ejerce el PNV, (que tan buenos resultados le ha dado en las últimas elecciones municipales y forales), en el sentido de que si no se avanza más en el independentismo y no se encauza el problema de los presos (una nueva amnistía), es por culpa de ETA. Los jefes «políticos» de la banda detenidos ayer insistían en que es el inmovilismo del Gobierno vasco y del partido que lo sustenta, alineados con los Estados español y francés, el que impide una resolución definitiva «del conflicto y sus consecuencias». Argumentos que, de tantas veces repetidos, ya convencen a muy pocos.

Pla y Sorzábal que, no se olvide, tenían detrás la fuerza que da la existencia de un «aparato logístico-militar», que dirige el ex comisario político de Ekin Mikel Irastorza, que esconde numerosas armas y explosivos en zulos diseminados por Francia, estaban empeñados en el mantenimiento del orden interno.

Los malos resultados electorales obtenidos en el País Vasco les habían restado fuerza ya que desde el 2011 habían transmitido que no había que cuestionar a la Izquierda Abertzale. El relativo «éxito en Navarra, en que a base de mezclar tirios y troyanos, habían accedido a algunas instituciones, había amortiguado algo el malestar existente.

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