Navarra

Escoltas, cuando tu sombra va cinco metros por detrás

No toman café juntos. A Juan Antonio no le gusta el café. Es concejal del PP en el bastión abertzale Etxarri Aranatz. Lleva cuatro años pegado a su escolta y aún así a veces tiene miedo. Ahora tendrá que ir solo.

Juan Antonio junto al que hasta el pasado viernes fue su escolta. Cuenta que conectaron desde el principio
Juan Antonio junto al que hasta el pasado viernes fue su escolta. Cuenta que conectaron desde el principiolarazon

No toman café juntos. A Juan Antonio no le gusta el café. Es concejal del PP en el bastión abertzale Etxarri Aranatz. Lleva cuatro años pegado a su escolta y aún así a veces tiene miedo. Ahora tendrá que ir solo.

La distancia más larga que separa a un escolta de su protegido son cinco metros. Ayer fue el primer día en el que muchos de los que contaban con este servicio de protección en el País Vasco y Navarra dejaron de tener alguien que les cubra las espaldas. Algunos tienen miedo, aunque son varios los que desde hace ya algunos meses habían dejado de contar con esta protección que ha ido desapareciendo de manera paulatina desde que en 2012 se inició la primera criba.

Juan Antonio Extremera es concejal del PP de Navarra en Etxarri Aranatz. En julio de 2012 se ofreció a su partido para ocupar el puesto de concejal del municipio abertzale después de que la lista del partido dimitiera en bloque y, desde entonces, ha llevado escolta. Fue en agosto de 2013 cuando comenzó a tratar con el que hasta el viernes ha sido su protector. Precisamente por él se enteró de que se la retiraban.

Etxarri Aranatz es uno de los bastiones de la izquierda abertzale: refugio de etarras que salen de prisión y a quienes reciben con honores, cuna de los asesinos de Gregorio Ordóñez, Jesús Ulayar o Fernando Buesa.

Las miradas de odio se dispersan por las calles del pueblo y los balcones y bares reivindican el fin de la dispersión y la libertad de sus presos. También la Guardia Civil presta seguridad cuando el joven edil sube al pueblo y, según delegación del gobierno, seguirá contando con ello cada vez que suba al Pleno. «Después de cinco años uno se resigna a transitar por determinadas calles o locales; no sólo por seguridad, sino por miedo, incluso cuando voy acompañado por el escolta», asegura Extremera. En el municipio navarro gobierna Bildu con nueve concejales frente a dos del PP. Los populares ganaron un concejal más con respecto a las pasadas elecciones y Extremera se convirtió en la voz de los no abertzales de un pueblo en el que por miedo no se atreven a ir en listas.

Han pasado cinco años pegado cada día a su escolta. A pesar de todo ha tenido que enfrentarse a insultos, amenazas, escupitajos e, incluso, momentos de tensión como la vivida en las elecciones de 2015 cuando una persona del entorno abertzale trató de que se quitara de las mesas de recuento poniéndole el codo en el estómago. A principios de febrero de 2014 recibió una carta amenaza en su trabajo en Pamplona donde le dibujaban una bala del calibre «9mm», la típica que empleaba ETA en sus asesinatos. En el texto decía: «Txacurra. Hijo de puta del PP. Esto es para ti. Gora Euskadi. Gora Bildu».

En otra ocasión, su trabajo apareció con pintadas de dianas y son reiterados los insultos y amenazas que recibe vía Twitter. Su escolta ha tratado en todo este tiempo de que venciera el miedo y ha estado muy encima de él para que pudiera hacer su vida normal. Reconoce Extremera que su familia le ha pedido muchas veces que lo dejara, «pero creo que debo representar a los vecinos que me han votado», aunque, «en algunos momentos, pienso dejar el cargo por mi seguridad y por la preocupación que produce a mi familia la retirada del escolta». También los vecinos del pueblo tienen miedo. «Me piden vernos a escondidas» y recuerda cómo un día «uno me dio un abrazo y las gracias por estar allí. Son cosas que reconfortan».

Pero no todos saben apreciar el riesgo y la generosidad. Se da el caso de que algunos le han dicho a sus padres eso de que «no se queje» porque seguro que su hijo está ganando por estar ahí un buen sueldo. Pero no. El concejal navarro este año ha cobrado 570 euros por su representación. «Jamás he cobrado más de 1000 euros en un año» por ser concejal y cuando la gente se entera de ello «piensa que estoy loco por estar ahí». Por ser del PP le han llegado a llamar «ladrón» y le duele que se generalice que los políticos de su partido son todos unos corruptos. «Somos muchos concejales, desde albañiles, médicos o abogados los que intentamos hacer lo mejor por sus vecinos».

Con el que hasta hace dos días era su escolta le ha unido un trato «cordial». Quien ha cubierto sus espaldas tiene sólo un año más que Juan Antonio Extremera y encontraron desde el primer momento sintonía generacional. Aunque con el anterior escolta, mayor que él, mantuvo un trato cercano que se ha extendido a día de hoy. «Hace poco le operaron y fui a verle al hospital. He tenido mucha suerte con los escoltas» y subraya de ambos su «profesionalidad y rigor» en el día a día.

No se toman un café juntos salvo que la situación requiera hacerse pasar por amigo.

Desde unos metros de distancia su protector revisa el lugar, pero tras compartir tantas horas durante cuatro años sabe que Extremera no toma nunca café. Donde más tiempo comparten juntos es en los treinta minutos que van de Pamplona a Extarri, que es cuando hablan normalmente de temas de seguridad, de la agenda del día o el cambio de rutinas o de cosas tan corrientes como si Cristiano Ronaldo ha metido algún gol pues ambos comparten su afición por el Real Madrid. También coinciden en su gustos musicales, series o por haber estudiado en colegios similares aunque el protector no sea navarro.

También hay tiempo para la política donde encontraron sintonía. Extremera solía comentar lo que iba a hacer en el Pleno, su escolta le instruía en cómo afrontar desde el plano de la seguridad determinadas reacciones.

En una ocasión, regresando de uno de los plenos les sorprendió a las diez de la noche una nevada y casi se quedan atrapados en Extarri. Pero estaba seguro, estaba con su escolta, un trayecto que ahora de vuelta a casa tendría que recorrer solo, destaca. Cuando le llegaron las amenazas, recuerda, le doblaron la protección con la presencia de guardias civiles en el pueblo y destaca cómo las mujeres abertzales, con sus hijos en los carritos, se afanaban por hacer fotografías de los agentes para tratar de intimidarlos. «A mí no me sorprendió lo de Alsasua», comenta su escolta y confiesa que llegó a pasar miedo en el pueblo cuando les acorralaron en la plaza mientras grababan un reportaje para un programa de televisión. «Le tuve que decir que saliéramos de allí».

No sólo se verá afectada la seguridad personal del concejal, también el trabajo de su escolta. Muchos de ellos de la empresa de seguridad Ombuds se van al paro. A otros les han ofrecido marcharse de guarda de seguridad a Cataluña y, en el caso del de Extremera, se queda por el norte reconvertido en guarda de seguridad aunque prepara las oposiciones a la Policía Nacional. El escolta de Extremera reconoce que la situación del concejal del PP «me deja preocupado» porque Extremera «tiene miedo y tiene razones para ello.

La labor que hace en el pueblo en el que está es importante a la vez que molesta para los abertzales» y subraya que, aunque «en Pamplona parece que no hay tanta presión, el problema de Extremera es que saben dónde vive, dónde trabaja, le han hecho pintadas con dianas...».

Por ello su escolta solía siempre adelantarse a sus movimientos. «Antes de que fuera a un sitio ya sabía que iba a ir. Es muy importante entender al protegido, saber cómo piensa y adelantarse» y sobre todo la contravigilancia que ejercía cada mañana antes de sus desplazamientos. No entiende por qué se le retira la protección al concejal navarro y asegura que él «estaría dispuesto a volver a protegerle si me necesita» y en la despedida le ha dado unas pautas de seguridad.

El fantasma de la «kale borroka» de los años 90 regresaba hace quince días al Casco Viejo de Pamplona. El concejal de Etxarri Aranatz advierte de que hay una generación de jóvenes educados en el odio que son «una bomba de relojería» y está convencido de que «están dispuestos a todo». «No veo una situación de tranquilidad ante lo que me ha pasado. En estos momentos no te puedes fiar de nadie», y recuerda que los abertzales están más envalentonados que nunca y que no matan, pero sí agreden e intimidan.

La Guardia Civil ha elaborado un informe sobre el caso concreto de cada protegido que Extremera espera que hayan leído a tiempo en Interior porque son muchos los que le han aconsejado que no se quede sin protección. «La que está más preocupada de todos es mi madre».