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Sánchez arrasa a Díaz y dinamita el PSOE

Se impone en diecisiete de las diecinueve federaciones con una participación del 80 por ciento. La presidenta logró menos votos que avales en una derrota histórica que sólo salvó en su tierra.

Tiempo de lectura 4 min.

22 de mayo de 2017. 14:41h

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Siete meses y medio después, Pedro Sánchez ha recuperado las riendas de Ferraz. 232 días han pasado desde que compareciera en rueda de prensa para presentar su dimisión, tras perder una importante votación en el Comité Federal. Los militantes del PSOE volvieron ayer a confiar mayoritariamente en el líder madrileño, como ya hicieran en 2014, con la nada despreciable diferencia de que esta vez Sánchez no contaba con tutela alguna para ocupar la cuarta planta de la sede federal. El secretario general in pectore se impuso sobre Susana Díaz con el 50% de los votos, frente al 40% de la andaluza, una diferencia de diez puntos que ya preveían los pedristas la semana pasada. Con una participación histórica del 80%, Sánchez logró vencer a los avales: 74.200 votos, respecto a sus 57.300 firmas y Díaz tuvo un importante retroceso: 59.000 votos, respecto a los 63.600 avales. Patxi López obtuvo la esperada tercera plaza con el 10% de los apoyos. Sorprendentemente la pugna no estuvo lo disputada que anticipaba la recogida de apoyos, donde la andaluza se impuso al madrileño por un estrecho margen de 6.500 firmas de diferencia. Tanto es así, que Díaz felicitó al nuevo líder al filo de las 21:30 horas, cuando un escrutinio al 70% ya anticipaba el resultado final, según desveló el coordinador de su campaña, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Sánchez ha logrado vencer a los pronósticos y al perfil de ganadora y favorita de la presidenta, que contaba con el apoyo de los principales referentes del partido y de los dirigentes territoriales. El ya secretario general socialista ha cimentado su victoria frente al aparato en las bases, alimentando la brecha entre afiliados y dirigentes.

Sánchez tenía relato. En un contexto político en el que el discurso lo es todo, el nuevo líder cabalgó a lomos de la «vergonzosa abstención a Rajoy», que le obligó a dejar su escaño, y explotó el victimismo de su dimisión el 1 de octubre. Desde su entorno se apunta que esta victoria le supone a Sánchez un plus de legitimidad, pues se ha fraguado a contracorriente del poder territorial del PSOE, sólo sostenida por el impulso de los afiliados. No en vano, estas primarias se concibieron en algunos territorios como un verdadero plebiscito a los barones, que son además presidentes regionales de estas comunidades. El triunfo del madrileño nace de un excelente dato en Andalucía, donde logró arrancar un 30% de los apoyos al oficialismo, y de la victoria en declarados feudos susanistas como Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, Asturias o la Comunidad Valenciana. Sólo permaneció «fiel» a Díaz su federación –también ganó en América– y perdió en territorios como Madrid, Murcia o Ceuta, en los que sí se impuso en avales. Por tanto, Sánchez ganó en 17 de las 19 federaciones: Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, la Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Madrid, Murcia, Navarra, La Rioja, Ceuta, Melilla y Europa. Patxi López sólo venció en el País Vasco.

Este mapa territorial, teñido de bases que se oponen al sentir de sus dirigentes, dibuja un escenario muy complicado para el PSOE en el futuro. Los liderazgos de Emiliano García-Page, Guillermo Fernández Vara, Javier Lambán, Javier Fernández o Ximo Puig, entre otros, están en entredicho y se enfrentan a un complicado proceso de congresos en sus federaciones tras la celebración del federal. Por ejemplo, el propio García-Page vinculó su continuidad al frente de su territorio a la victoria de Díaz y Lambán también se expresó en los mismos términos. Las consecuencias de la victoria de Sánchez no esperaron si quiera al final del escrutinio. El portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, presentó su dimisión cuando el resultado fue lo suficientemente solvente. Con una credibilidad muy cuestionada tras pasar de defender el «no es no» a Rajoy a la abstención, el nuevo líder ya anticipó la semana pasada que no contaría con él para la Portavocía, si ganaba las primarias. Otro frente que se encontrará abierto Sánchez es la división en el grupo parlamentario, la mayoría de los diputados están alineados con Susana Díaz y sólo una escasa veintena le respalda abiertamente. Este es el principal desafío para el nuevo líder: lograr unir un PSOE que él mismo ha contribuido a fracturar.

La victoria de Sánchez no sólo implica un periodo de inestabilidad en el seno del Partido Socialista, también lo hace en la escena política española. Tanto el Partido Popular como Ciudadanos esperaban la victoria de la presidenta andaluza para arrojar cierta calma al panorama y agotar la legislatura sin incidencias. El triunfo del líder pone sobre la mesa la posibilidad de una moción de censura a Mariano Rajoy y una nueva relación de colaboración con Unidos Podemos, que rechaza una mayoría del partido.

Tras la batalla de las primarias no acaba la guerra en el PSOE. La siguiente meta volante será la elección de delegados para el 39º Congreso. Los delegados son los encargados de votar las enmiendas al proyecto político y económico del partido y elegir la Ejecutiva. Su elección depende en gran medida de los aparatos territoriales y no tanto de la militancia, donde reside la fortaleza de Sánchez, por lo que podría darse la situación de que el nuevo líder tenga dificultades para sacar adelante sus propuestas en el Congreso federal si Díaz consigue más delegados.

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