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El apoyo a Sánchez dejó a Podemos y Cs sin 1.424.914 votos

Entre el 20-D y el 26-J ambas formaciones perdieron al 10,2% de sus votantes, mientras que el bipartidismo creció un 9,7%. La mayor caída para los de Rivera e Iglesias se registró entre los electores más jóvenes

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Lorente Ferrer.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

21 de junio de 2017. 12:14h

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La composición del Congreso de los Diputados nacida de las elecciones generales de 2015 adivinaba una nación difícilmente gobernable. La fragmentación del voto ciudadano había dejado al bipartidismo en su porcentaje más bajo desde las elecciones de junio de 1977. El promedio que durante once elecciones consecutivas habían obtenido los dos grandes partidos nacionales, desde 1977 hasta 2011, había sido del 75,8% del voto nacional. Y nunca había bajado del 70%. Pero en las elecciones del 20-D de 2015, populares y socialistas sólo pudieron sumar el 50,7% del voto válido. Lo que significaba que habían perdido a uno de cada tres votantes. La principal razón la encontramos en las dos fuerzas emergentes pretendidamente alternativas al PP y PSOE. Las candidaturas de Podemos, incluyendo a las confluencias y a Izquierda Unida, alcanzaron el 24,3% de los votos, y los de Rivera captaron el 13,9% de los electores. Entre ambos sumaban el 38,2% de los votos, frente al 50,7% de los partidos «viejos».

Seis meses más tarde, y debido a la imposibilidad de contar con una mayoría suficiente para gobernar el país, volvemos a las urnas. En las elecciones generales del 26-J, la ciudadanía se pronuncia y evalúa el comportamiento de los partidos políticos del último semestre. El bipartidismo crece y pasa del mínimo histórico del 50,7% al 55,6%, al tiempo que las nuevas fuerzas políticas son castigadas en las urnas. Unidos Podemos y Ciudadanos retroceden conjuntamente desde el 38,2% del 20-D al 34,3%. Pierden el 10,2% de su fuerza electoral en tan solo un semestre. Prácticamente el mismo porcentaje que gana el bipartidismo, que crece un 9,7% . Acompañan en la caída el resto de pequeñas formaciones, que pasan de sumar el 10,2% el 20-D al 9,4% el 26-J.

La aritmética del Congreso de los Diputados tras el 26-J, y como se ha demostrado posteriormente con los Presupuestos Generales del Estado, ha creado tres grandes bloques ideológicos. El primero es el centroderecha, con PP, Ciudadanos, PNV y CC, que suman 175 escaños, a uno sólo de la mayoría absoluta. El segundo es la izquierda, con PSOE y UP, que suman 156 parlamentarios. Y el tercero son los independentistas de ERC, PDeCAT y Bildu, con 19 escaños.

¿Qué ocurrió entre diciembre de 2016 y junio de 2017 para que el electorado comenzara de nuevo a confiar más en el bipartidismo y desconfiar en las nuevas formaciones, así como en las de menor peso?

El Pacto PSOE-Cs que debería facilitar la investidura de Pedro Sánchez terminó en fracaso y no fue entendido por buena parte del electorado de los de Rivera, que perdieron entre las dos elecciones 372.958 votantes, el 10,3% de su electorado del 20-D. También vieron reducida su representación parlamentaria de 40 a 32 escaños.

Otro tanto le sucedió a Unidos Podemos, que tras un acercamiento al PSOE finalmente torpedearon la investidura de Sánchez y estrenando una nueva fórmula electoral, se sometieron al veredicto de las urnas. El resultado fue muy negativo: perdieron 1.051.956 votos, el 16,8% de su electorado de diciembre de 2016. Su porcentaje de voto pasó del 24,3% al 21,2%.

Los «nuevos partidos» perdieron mayoritariamente votantes entre los electores más jóvenes. Las pérdidas de Podemos son especialmente llamativas entre los votantes de 18 a 24 y 25 a 34 años, con pérdidas en el entorno de 10 puntos. Aunque en todos los segmentos de edad deja escapar votantes. Sus pérdidas son menores entre los electores de más de 54.

La caída de votantes en Cs entre los 18 y 54 años es significativa, aunque menor que en el caso de Podemos, ya que el recorte oscila entre 2 y 3 puntos.

La inmensa mayoría del electorado de Cs se ubica en el centroderecha, por lo que consideraron que el aliado natural y más cercano del partido naranja no era el PSOE, sino el PP. Mientras que Unidos Podemos olvidó que prácticamente la mitad de sus votantes de diciembre de 2015 habían votado anteriormente al PSOE y confiaban en un acuerdo de gobierno en torno al núcleo PSOE-Podemos que finalmente Iglesias abortó, desvelando su verdadera estrategia de no quemarse en un Gobierno PSOE-Podemos y sobrevivir en la oposición, desde la que intentará desgastar al PSOE y atraer su electorado.

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