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¿El fin de las ideologías? Va a ser que no

En estos momentos la mayoría de los votantes se inclina por el centroderecha. Rivera estaría más cerca de parecerse a Suárez que a Macron

Lorente Ferrer. 

Tiempo de lectura 4 min.

14 de enero de 2018. 05:02h

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Lorente Ferrer.  14/1/2018

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Las principales economías democráticas se han dividido en dos grandes familias. Por una lado, EE UU, Japón y Corea del Sur. Y por otro, las europeas occidentales. En las primeras, la pugna política desde el fin de la II Guerra Mundial ha sido la de los liberales centristas frente a los conservadores de derechas, mientras que en el viejo continente hubo una polarización entre socialdemocracia y centroderecha. La desindustrialización de Europa occidental, tras la crisis de 1973 y la llegada del desempleo crónico y estructural, unido a la inmigración incontrolada, puso en jaque a los sindicatos y partidos de izquierdas. Francia, que actúa como campo de pruebas social en el continente, fue la primera en experimentar la transformación del voto obrero, que pasó del Partido Socialista o el Comunista directamente a la extrema derecha.

Sucedió por primera vez en las elecciones legislativas de 1986. La suma de los dos partidos tradicionales de la izquierda bajaron del 53,7% en 1981 al 40,8% en 1986. Mientras que el Frente Nacional remontaba en ese mismo periodo, del 0,4% al 9.7% de los votos, y la derecha de Chirac subía ligeramente, del 40% al 41%. Gráficamente se constató en las ciudades industriales, feudo de la izquierda francesa en las décadas anteriores de expansión y que pasan a conocer elevadas tasas de paro y el crecimiento descontrolado de la población inmigrante, que compite por los escasos puestos de trabajo y por los recursos cada vez más menguados. En Francia se percibe como superado el fratricida enfrentamiento de clases. La sociedad asume la globalización y para sobrevivir en este nuevo campo de batalla mundial la nación debe permanecer unida y dispuesta a sacrificios.

Una vez mentalizada la sociedad solo falta buscar un líder, y la sociedad francesa lo ha hallado en Macron. Para unos reúne lo mejor de las viejas izquierda y derecha. Para otros es equidistante y para la mayoría es la apuesta por una política nueva centrada en el bien de la nación por encima de clases sociales, centrando toda la atención en la empresa y emprendimiento y el crecimiento de la economía. La República en Marcha es el nombre de su grupo. Es lo bastante genérico como para que quepan buena parte de los franceses. Macron ha ocupado el centroizquierda en Francia, sacrificando a la vieja izquierda, que en la primera vuelta de las presidenciales de 2012 logró el 39,7%. En 2017, el 26%. En ese mismo período la derecha y la extrema derecha pasan del 45,1% al 41,4%. La mayor parte del voto de Macron es de la izquierda.

En el congreso de Cs, en febrero, se dejó ver su estrategia. Se desprendían de una de sus etiquetas, la de socialdemócratas, y se resaltaba su liberalismo. Desde febrero de 2017 Cs ya era técnicamente de centroderecha. Era el primer paso que daba Rivera para entrar en competición con el PP por el espacio político de centroderecha. Y también del centro, ocupado momentáneamente por el PP por incomparecencia del PSOE. De este modo, Cs llega a julio de 2017 rozando el 14% . La acentuación del desafío independentista les impulsará de nuevo en octubre al 17,8% y al finalizar el año hasta el 18,8 por ciento.

Desde junio de 2016 hasta la fecha, el centroderecha y la derecha en España se han expandido: del 46,1% en las generales de 2016 al actual 48,8%, sobre todo por el crecimiento de Cs, que en ese año y medio ha pasado del 13,1% al 18,8%, compensando el retroceso del PP.

Pero en el terreno de la izquierda, los malos resultados de Podemos han hecho que la suma Podemos-PSOE haya bajado del 43,8% al 39,9%. Con una izquierda en el entorno del 40% y un PP en el 30%, no hay espacio para que Cs alcance o supere el 20% de los votos.

Para que Rivera sea el Macron español debe compatibilizar su liberalismo, que lo hace atractivo para parte de los votantes del PP, con su cruzada en defensa de la unidad de España que cada vez cala más entre los votantes del PSOE. Debería debilitar a los dos grandes partidos, captando sus votantes para superar en votos a populares y socialistas. Tarea difícil al menos a corto y medio plazo.

Sólo el colapso de uno de los dos grandes partidos políticos españoles facilitaría la aparición en España de un Macron, desde el centroizquierda, o de un nuevo Suárez, desde el centroderecha. Por lo tanto, Rivera únicamente puede aspirar a erigirse en un nuevo Suárez.

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