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El mayor de los Mossos que no es soberanista

El hijo de «El Lino» y «La Luisa», procedentes de Valladolid, forjó su carrera policial con dirigentes de Unió. Amigo del presidente de la Generalitat, su entorno señala: «Si Puigdemont se salta la ley, él la defenderá»

  • El mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, durante la rueda de prensa
    El mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, durante la rueda de prensa / Efe

Tiempo de lectura 5 min.

27 de agosto de 2017. 20:56h

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Pilar Ferrer 27/8/2017

«Cien por cien policía». Así definen a José Luis Trapero veteranos dirigentes de Unió Democrática de Cataluña, el partido que tanto tiempo dirigió Josep Antoni Duran i Lleida. Bajo el mando de varios de ellos en la Consejería de Interior trabajó y consolidó su carrera el actual Mayor de los Mossos de Esquadra. Su principal mentora en el Cuerpo fue la democristiana Nuria Aymerich, directora del Instituto de Seguridad Pública de Cataluña (ISPC), la escuela de formación de la Policía autonómica. Allí entablaron una buena amistad, fue profesor y llegó a comisario jefe. Sus alumnos le recuerdan como un hombre «extremadamente reservado y muy disciplinado». Además, destacan su lealtad con Aymerich cuando sufrió la denuncia de un grupo de alumnos hacia las pruebas de selección de los Mossos. Trapero y sus compañeros de promoción defendieron la ortodoxia de los exámenes de acceso, duros y rigurosos para lo que califican de «excelente preparación».

La estrecha relación de Trapero y Aymerich llevó a la directora a proponerlo como Mayor de los Mossos al entonces consejero de Interior de la Generalitat, el también democristiano Ramón Espadaler, uno de los hombres de máxima confianza de Duran Lleida. El cargo había quedado vacante, pero la política se cruzó por medio. Eran tiempos de soterrada tensión entre Convergencia y Unió dentro de la Federación nacionalista bajo la presidencia de Artur Mas. Espadaler y la directora del IPSC defendieron la sólida formación de Trapero y su idoneidad para ser Mayor, pero los convergentes maquinaron en contra. El puesto es vitalicio, sólo se abandona por jubilación o deseo propio, y siempre estuvo en manos de Convergencia. «Conspiraron injustamente contra Trapero», cuentan dirigentes socialcristianos de entonces, tras lo cual Mas se inclinó por otro candidato.

Fue entonces cuando Ramón Espadaler, a instancias de Nuria Aymerich, le nombró comisario jefe de los Mossos y se convirtió en su mano derecha. Ambos destacan su honestidad y defensa del «código de ética propio» de los Mossos. «Es un policía pata negra», coinciden todos cuantos le trataron. De carácter un tanto hosco, que sus íntimos atribuyen a una gran timidez, este hijo de charnegos afincados en Santa Coloma de Gramanet, en el humilde barrio de La Guinardera, siempre fue un defensor del orden y hoy sus vecinos recuerdan una anécdota. El entonces presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, visitó el pueblo y el joven Trapero se acercó al «Molt Honorable» para reclamar asfalto en sus calles. La petición se cumplió y el hijo de «el Lino» y «la Luisa», como le llamaban en esos días, fue elegido portavoz de la comunidad de vecinos de la barriada.

Aunque nunca tuvo veleidades políticas, los entonces altos mandos de Interior democristianos le definen como una persona «recta y de principios». Uno de sus momentos vitales más duros fue la muerte de su padre a causa de un cáncer de páncreas. El personal médico Can Ruti, el hospital donde falleció, le recuerda como un hijo abnegado, muy ligado a su madre y sus dos hermanos. Tras la muerte de Lino, se despidió de todos los médicos y enfermeras, y publicó una carta muy emotiva en un medio catalán: «Descansa en paz papá», terminaba la misiva. Cuentan que en esa época visitaba a menudo el Monasterio de Montserrat, con cuyo Abad tenía buena amistad. En su círculo de amigos íntimos, bastante reducido, resaltan que es muy celoso de su privacidad. «A ninguno nos ascenderá por enchufe», dicen algunos de ellos destinados en la sección de homicidios de Barcelona.

Apasionado de la naturaleza y los animales, José Luis Trapero se licenció en Derecho y quiso estudiar Biología, pero finalmente entró en la Escuela de Policía de Cataluña. «Le gustaba vigilar», dicen antiguos vecinos ante su actitud de guardián sobre las mejoras del barrio. A pesar de que muchos le tildan de soberanista, con «amistades peligrosas» como Pilar Rahola, Joan Laporta y el propio Carles Puigdemont, en su entorno lo niegan tajantemente. «Es falso y le enfurece». Según estas fuentes, no le gusta el fútbol, aunque su número de promoción de Mosso, 1.899, coincide con la fecha fundacional del Barça. La famosa foto de la paella en Cadaqués, en casa de Rahola con Laporta y Puigdemont, no le hizo ninguna gracia, dada su aversión a la publicidad, pero allí apareció con sombrero de paja, camisa hawaiana y guitarra en mano.

Las mismas fuentes explican que acudió invitado por Pilar Rahola, a quien conoce de sus veraneos en Cadaqués con Sonia, «su novia de toda la vida». Trapero es un forofo de las baladas de Serrat y ya tocaba la guitarra de joven en su barrio: «En algunos guateques, Paraules de amor», en alusión a la mítica canción de Juan Manuel Serrat. Sea como fuere, la foto se difundió por todas partes y en ella aparece también Carles Puigdemont cantando el «Let it be» de los Beatles. Desde entonces, el Mayor de los Mossos tiene aversión a los focos mediáticos, aunque ahora los trágicos atentados le han erigido en protagonista. Sus profundas ojeras y su desplante al periodista holandés que le exigió hablar en castellano han hecho ya historia.

Frente a sus detractores, que le acusan de simpatías secesionistas, sus leales le definen como «un pura sangre catalán». Aseguran que su primera lengua es el castellano, que siempre hablaba con sus padres procedentes de Valladolid. Desde luego domina el catalán y se aferra a lo que en este sentido digan sus superiores. Mientras para unos es disciplinado y leal hasta la médula, para otros es un «trepa» ambicioso. Testarudo y distante, presume, sin embargo, de tener un despacho de «puertas abiertas». Cuando toma una decisión es firme hasta el final, ajeno a todo desliz emocional. Su círculo personal es muy reducido, limitado a su familia, un grupo de amigos del Cuerpo y su novia Sonia, a quien conoce desde los 15 años.

Tras los atentados, José Luis Trapero Álvarez, afronta un gran desafío el próximo 1 de octubre. ¿Qué hará si se convoca el referéndum?. ¿Qué pasará si se sacan urnas a la calle?. Quienes bien le conocen aseguran que actuará como un riguroso policía. En su opinión, «si Puigdemont se salta la ley, el Mayor defenderá la ley».

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