Cataluña

El presidente estudia celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona

La iniciativa ha surgido de García Albiol para incrementar la presencia del Estado en Cataluña

Santamaría y Puigdemont, el jueves en Barcelona en una entrega de medallas
Santamaría y Puigdemont, el jueves en Barcelona en una entrega de medallaslarazon

La iniciativa ha surgido de García Albiol para incrementar la presencia del Estado en Cataluña

La nueva estrategia política del Gobierno en Cataluña combinará la actitud dialogante, dentro del respeto a la Ley, con una decidida apuesta por defender la presencia del Estado en Cataluña, informan fuentes populares. «Sin estridencias», sino dentro del respeto a la normalidad institucional, aunque ésta haya adquirido en esa comunidad autónoma un valor simbólico por la ofensiva secesionista impulsada desde la Generalitat y desde el Parlamento catalán.

En el PP son conscientes de los límites de su política de comunicación y hasta de las carencias que ésta ha tenido en Cataluña. El entorno es «hostil», pero el debate está abierto y el propio presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, reconocía la pasada semana en el programa «La Brújula», en Onda Cero, que tenían que hacer un mayor esfuerzo para conseguir que lleguen mejor a los catalanes las medidas del Gobierno y del Estado, «las políticas en favor de Cataluña que tapa la propaganda independentista».

El debate sobre la comunicación va ligado al que trate sobre cómo sostener la presencia del Estado en Cataluña dentro de la normalidad institucional. En las propias filas populares hay opiniones divididas y hay una corriente que está, por supuesto, con quienes creen que el Estado ha ido haciendo dejación de algunas de sus funciones, incluso aunque sea en el plano mas simbólico, por miedo a la «manipulación» soberanista. «Y no lleva a nada», porque la parte independentista utilizará siempre cada decisión en su propio beneficio dentro de la estrategia victimista en la que se mueve, alegan los partidarios de actuar «sin complejos».

Rajoy ha demostrado en sus años de Gobierno que él está más en la idea de no salirse de una estrategia de moderación, firme en la aplicación de la Ley, pero contenida en lo político. Sin sobreactuaciones ni decisiones que ayuden a la «manipulación independentista». Encontrar el punto de equilibrio es complicado, admiten fuentes populares, «cuando desde el otro lado no se abandona la política de tensar la cuerda».

Por eso, el debate está abierto y en él entra buscar la estrategia más eficaz para visualizar los beneficios de una buena relación de Cataluña con el Estado y de la presencia de éste último en esa comunidad autónoma. En el plano más simbólico se valoran propuestas como la celebración de una reunión del Instituto Cervantes o hasta convocar un Consejo de Ministros en Cataluña. Esta última se la planteó el líder del PP catalán a Rajoy, y la respuesta de éste fue comunicarle que lo estudiaría. En Moncloa precisan que no hay todavía una decisión al respecto. No confirman que vaya a atenderse esa propuesta, pero también anticipan que negar su aceptación es precipitado y que es una idea que está en estudio, como tantas otras.

Rajoy también mide sus tiempos en Cataluña, aguantándolos, como en todas las demás decisiones que adopta. La elección de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, para llevar el peso de la relación con Cataluña y con las demás comunidades autónomas confirma que ni quiere «sobresaltos» ni sorpresas en un tema tan delicado como éste. Quiere justo lo contrario. Con Sáenz de Santamaría tiene garantizado que no habrá salidas del esquema con el que él quiere trabajar, ni en las actuaciones ni tampoco en el discurso.

«Recuperar posiciones en Cataluña para hacer política es un objetivo necesario. Pero hay que hacerlo con prudencia, huyendo del cortoplacismo y de frivolidades», sentencian en la dirección popular. Sáenz de Santamaría tiene el encargo de salvar la relación institucional con la Generalitat. Desde Madrid advierten de que en esta nueva etapa jugará un papel muy importante el nuevo delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, elegido precisamente por tener un perfil que le permite presentarse como un puente con el nacionalismo más moderado. El partido seguirá teniendo su espacio, pero Millo será el hombre de Sáenz de Santamaría para penetrar con más eficacia en el tejido catalán. La vicepresidenta es una de las dirigentes del PP con mejor imagen en Cataluña, cuestión que Rajoy también ha valorado a la hora de recolocar sus piezas para afrontar esta Legislatura en minoría. «El Estado de Derecho seguirá actuando, pero el mensaje que ya han dejado todos los dirigentes independentistas que están bajo la lupa judicial por su desobediencia es que digan lo que digan los tribunales ellos van a a hacer política. Y ése es nuestro reto en esta nueva etapa: combatirles también en el terreno político y no sólo esperar a que ellos solos se sigan estrellando», sentencia un miembro del Comité de Dirección del PP.

La reforma de la constitución «no es el antídoto»

El debate está abierto, incluso con revisión interna de la estrategia, pero en lo que no hay discusión es en que en ningún caso la solución en estos momentos pasa por utilizar una reforma de la Constitución como «antídoto» para corregir la fractura de la sociedad catalana y seguir ganando partidarios para el «no» a la independencia. La ponencia de reforma constitucional se constituirá, y el PP participará en ella, pero la tesis del partido de Rajoy es que es muy difícil que no acabe «en un simple ejercicio de melancolía». «La izquierda está dividida sobre lo que quiere hacer con España. Pueden derogar, pero no tienen capacidad para conformar alternativas. Y con el marco de convivencia no caben experimentos», zanjan en La Moncloa, donde trabajan ya para concretar una entrevista de Rajoy con Puigdemont.