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El soberanismo pierde la mayoría

ERC, PDeCAT y la CUP se dejan escaños y sumarían sólo 66 en el Parlament, dos menos de los necesarios para tener el control. PSC y PP aumentarían diputados y se abriría el terreno para nuevas alianzas.

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Marcos Pardeiro.  Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

24 de septiembre de 2017. 03:12h

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Que Cataluña está condenada a unas nuevas elecciones al Parlament más pronto que tarde es algo que pocos dudan. El gran interrogante es si el bloque soberanista conservará para entonces su actual mayoría absoluta, algo que no aclara ninguna de las últimas encuestas del Centro de Estudios y Opinión (CEO) de la Generalitat, ya que el fiel de su balanza electoral no se inclina con claridad hacia el costado independentista e incluso abre la posibilidad de una alternativa política. Pues bien, la última encuesta de NC Report para LA RAZÓN confirma que el bloque de ERC, PDeCAT y CUP perdería la mayoría absoluta y se quedaría con 66 escaños, dos por debajo de los 68 necesarios para tener el control del Parlament.

Según esta encuesta, elaborada a lo largo de esta semana en Cataluña a partir de 1.255 entrevistas, ERC sería la ganadora de las elecciones con 41 escaños. El PDeCAT (la nueva CDC) se quedaría con 18, una cifra asombrosamente exigua tras el dominio de los convergentes en las últimas décadas. Ambos partidos, que ahora están coaligados en el grupo de Junts pel Sí, pasarían de 62 escaños a 59. No obstante, faltaría por sumar a su bloque a los diputados de la CUP, que obtendrían 7 (3 menos que en la actualidad). En consecuencia, el independentismo totalizaría 66 escaños y perdería la mayoría absoluta.

Por otra parte, Ciutadans conservaría su condición de segunda fuerza y lograría 24 diputados (uno menos que hoy en día). Le seguirá el PSC con 17 escaños; Catalunya Sí que es Pot –la marca de Podemos e ICV– con 15; y el PP con 13. Sobre el papel, por tanto, existiría la posibilidad de que el bando no independentista ensayara un gobierno alternativo, aunque, en realidad, esta opción es más teórica que práctica debido al abismo ideológico que separa a los populares del espacio de Pablo Iglesias y Ada Colau.

Según los datos de este sondeo, Catalunya Sí que es Pot sería la formación que conserva mayor fidelidad de sus votantes (88,3%), seguida a poca distancia del PP (86,2%) y de Ciutadans (84,1%). La marca que mayores fugas experimenta es la CUP, que podría perder sufrir pérdidas muy significativas en dirección a ERC (13,6%), Catalunya Sí que es Pot (10,1%) y a la abstención (15,4%).

pactos con podemos

El estudio demoscópico consolida, por tanto, la inapelable victoria de la ERC de Oriol Junqueras. Los republicanos mantienen una ventaja muy holgada sobre la segunda fuerza, Ciutadans, (+17) y, sobre todo, obtienen una diferencia muy notable sobre el PDeCAT (+23), a quienes superan por más del doble de diputados.

Esquerra aceptó en las últimas elecciones al Parlament integrarse en la lista conjunta de Junts pel Sí con CDC para forzar una convocatoria de carácter plebiscitario. Esta maniobra, forzada por Artur Mas, dio aire a los convergentes para ocultar su declive, este oxígeno se agota, ya que el propio PDeCAT ha asumido que no podrá volver a ir de la mano de ERC y que tendrá que correr sin asistencia. Los problemas en este sentido para los neoconvergentes son enormes, puesto que, para empezar, tan siquiera tienen un candidato. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont –que fue de número 4 por Girona en las elecciones del 27 de septiembre de 2015–, ha asegurado en muchas ocasiones que no piensa ser cabeza de cartel. Y Mas, por su parte, permanece inhabilitado para un cargo público. Así las cosas, el PDeCAT debe buscarse un presidenciable.

Por si no fuera poco, los neoconvergentes deberán asumir el desgaste de la sentencia del caso Palau, que, presumiblemente, sentenciará a CDC como culpable de haberse financiado irregularmente mediante la obtención de comisiones por la adjudicación de obra pública. El PDeCAT ha intentado ponerse de perfil cuanto ha podido con este tema, pero su imagen pública no ha logrado recuperarse pese a refundación política y pese a las distancias marcadas con el clan familiar de los Pujol.

El declive del PDeCAT y también de la CUP abriría el terreno a ERC para estudiar alianzas alternativas. Nadie se perfila tan apetecible para Junqueras en este sentido como Catalunya Sí que es Pot, ya que la formación «podemita» ha mantenido la suficiente ambigüedad en el terreno de la autodeterminación como para que una eventual alianza no sea contra natura. Faltan, sin embargo, piezas en este tablero, ya que Catalunya Sí que es Pot no se repetirá como tal en las próximas elecciones. Colau ya ha puesto en marcha un nuevo partido, Catalunya en Comú, y está por ver si logrará atraer a Podem, la franquicia que dirige Albano Dante Fachin sin el respaldo de Pablo Iglesias y que amaga con ir por libre. También se desconoce quién será el candidato de Catalunya en Comú.

Todo ello podría significar un puñado de votos suficientemente significativo para decantar unas elecciones que serán, sin duda, muy reñidas debido a la enorme competencia electoral y a la fragmentación del voto que, hoy por hoy, existe en Cataluña.

El PSC, al igual que el PP, resiste sin aparentes dificultades, pero no logra ganar el suficiente terreno para imponerse. La formación que dirige Miquel Iceta, al igual que el partido de Xavier García Albiol, siempre tienen una parte de sus expectativas fiadas al comportamiento a nivel nacional de PSOE y PP y eso lastra sus oportunidades en el Parlament. En todo caso, y si nada sorprendente ocurre, ambos repetirán como número uno de sus partidos con la ventaja de no tener tensiones internas por resolver.

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