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El superhéroe de los pequeños: Policía, Spiderman y Edu Balboa

Eduardo Rodríguez dedica su tiempo libre a cumplir los sueños de niños en fase terminal. «Se me han marchado 29 en cinco años»

El superhéroe de los pequeños: Policía, Spiderman y Edu Balboa
El superhéroe de los pequeños: Policía, Spiderman y Edu Balboalarazon

Eduardo Rodríguez dedica su tiempo libre a cumplir los sueños de niños en fase terminal. «Se me han marchado 29 en cinco años».

Eduardo Rodríguez González acude a los hospitales infantiles de toda España con una misión: hacer sonreír y soñar a los más pequeños. Como todo héroe de cómic que se precie, tiene doble identidad. O en su caso, triple. Eduardo se hizo policía «para ayudar a los demás. Estaba entre bombero, sanitario y policía. Me hice policía nacional porque al final siempre estamos en todas partes, ya sea en un tiroteo, un incendio o un accidente». Desde hace cinco años este malagueño de 28 años, que trabaja como agente en Madrid, exprime al máximo de lo posible su tiempo libre. En los hospitales infantiles es conocido como Spiderman y en aquellos casos en los que los padres de un niño con una enfermedad terminal le piden ayuda como acompañante a domicilio lo hace como Edu Balboa, por «Rocky Balboa». De hecho, «me conocen como Edu Balboa».

«Se me han marchado ya 29 pequeños en cinco años», explica a este periódico. Hace cuatro semanas se «me fue un niño de 11 años de Málaga». Nos pide por respeto no dar sus nombres. «Tenía cáncer de hueso, en concreto sarcoma de Ewing», un tipo de tumor que se forma en el hueso o en los tejidos blandos cercanos a los huesos.

Allá donde le piden que acuda va como Spiderman. «Voy a toda España. La última vez fui a Córdoba, al Hospital Reina Sofía, porque todos los niños querían verme». Y como Edu Balboa, que es lo que más hace, suele ir en su «tiempo libre al Hospital Niño Jesús, en Madrid, y al Materno Infantil de Málaga. Conozco a todos los niños. Cada vez que puedo voy, como cuando uno va a visitar a un familiar, pues yo también, pero visito a los niños». «Cuando un pequeño está muy malito, en fase terminal, que le mandan a cuidados paliativos porque no hay remedio para él, me llaman a mí para hacer acompañamiento a domicilio».

En el caso del pequeño de Málaga «iba como Edu Balboa. Estuve con él un mes acompañándole hasta que se marchó. Estuve jugando con él a la PlayStation y acompañándole a él y a sus padres para que no estuvieran solos. En estos casos, la familia, los amigos se alejan». No quieren ver cómo la vida de un pequeño se apaga y los padres y el niño se quedan un poco solos. No fue una visita fugaz. Cuando Eduardo acude como Edu Balboa la relación con los pequeños dura «semanas, meses, dos, tres o cuatro años». Un tiempo durante el cual Edu les ayuda a cumplir sus sueños. «Al pequeño de Málaga le llevé a compañeros del Grupo Operativos Especiales de Seguridad (GOES). Le dimos una buena sorpresa porque acudieron todos a su casa vestidos con el equipo de asalto». A otro niño conseguimos que le visitara Cristiano Ronaldo. «Siempre intento que cumplan sus sueños antes de irse».

«Ellos ya saben que se van a marchar pronto. Los niños y los ancianos están preparados para la muerte, más que el resto», asegura. Eduardo recuerda el caso de un pequeño de seis años. «Estuve viéndole a él y a su familia dos años y medio. Era marroquí, los padres sólo podían estar en España porque habían conseguido un salvoconducto para el tratamiento de su hijo. Cuando en su aldea se enteraron de que iban a venir a Madrid para tratar de curar al pequeño les echaron. Les dijeron que no volvieran». El menor debió oír algo a su familia porque «me dijo que no quería morirse porque era el lazo que unía a sus padres y a su hermano pequeño con España».

«Lo mejor de ayudar a los niños es pasar tiempo con ellos, aprender de ellos y dar valor a lo que realmente tiene, porque si te paras a pensarlo, ¿qué problemas tenemos los demás para quejarnos?». Lo peor, «cuando se te va un niño. Cuando estás con ellos cuatro años y se te van se llevan un pedacito de ti». Es inevitable. Aun así, Eduardo no pierde la sonrisa.

«Las visitas de Spiderman son más fugaces. Son en los hospitales. Acudo a donde me llama una familia y luego visito a los niños ingresados en el centro. Mi última visita fue al Hospital Infantil Reina Sofía, el próximo creo que es Sevilla».

Le preguntamos qué es lo que más le ha marcado. «Me marcan ‘‘tonterías’’. No el estado físico del pequeño, su deterioro, los efectos secundarios o que esté en fase terminal». Eduardo guarda para sí todo ese tiempo compartido, jugando, perdiendo o ganando con los mandos de la Play... «Recuerdo una vez que me llamó una familia. Estaba trabajando y me metí en el coche patrulla con el disfraz de Spiderman en la mochila. Cuando los padres vieron a unos agentes se preguntaron qué había pasado. Me cambié en el baño. Recuerdo que vi los zapatos de la madre, del padre y del nene. En ese instante me di cuenta de que esa familia se rompía. Me impactó». Una semana y media después el pequeño al que logró hacerle soñar durante unos instantes perdía la vida.

Eduardo parece estar hecho de otra pasta. «Desde niño supe que quería ayudar a los pequeños. Recuerdo que todas las navidades lo pensaba, ya que es cuando sacan a los niños ingresados en los hospitales, el resto del año no. Así que hace cinco años empecé a colaborar y después a hacerlo por mi cuenta». Colabora como voluntario con la Fundación Ronald McDonald de Málaga, con la Fundación Luis Olivares, con Juegaterapia, «Superhéroes de corazones», Aldina, Akafi, la Asociación Española contra el Cáncer. La lista sigue. ¿Cómo saca tiempo? Se ríe. Yo no lo sé, le contesto. «Yo tampoco». Edu Balboa y Spiderman se apropian de sus días libres. Y aun así él, Eduardo, junto a Spiderman y los Superpelones (ya tiene más de 55.300 seguidores en Facebook), también conciencia a la sociedad de la importancia de que se done médula. «Me marcó mucho que muriera una niña porque no encontró donante. La sociedad no tiene conciencia de que donar médula podría ayudar a salvar vidas de pequeños con leucemia». Un archienemigo que podría ser fácil batir si todos ayudamos.