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Felipe VI no visitará Cataluña hasta después de las elecciones del 21-D

Hoy no asistirá a los premios del Fomento del Trabajo Nacional que presidirá Rajoy. Los empresarios afirman que sí acudirá al «Mobile Congress» de febrero para relanzar la economía.

  • El Rey junto al ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el fiscal en funciones, Luis Navajas, ayer en el funeral de Maza
    El Rey junto al ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el fiscal en funciones, Luis Navajas, ayer en el funeral de Maza

Tiempo de lectura 8 min.

22 de noviembre de 2017. 10:10h

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Aurora G. Mateache 22/11/2017

«¿Qué sentido tendría que el Rey vaya a Cataluña ahora? Está a punto de comenzar la campaña electoral, y cualquier mensaje se podría tergiversar», afirma una persona del entorno de Don Felipe cuando se le comenta que este año no asistirá a la entrega de las Medallas de Honor y de los premios Carlos Ferrer Salat del Fomento del Trabajo Nacional. El Monarca ha presidido habitualmente estos actos celebrados por la principal organización patronal de Cataluña, que representa desde 1771 al mundo empresarial e institucional de la región. Desde que en 2014 asumiera la representación de la Corona, el secesionismo catalán ha enmarcado el acto: en aquel entonces le espetó al entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, que «la primera responsabilidad de todas las instituciones es garantizar nuestra convivencia en paz y libertad». En esta ocasión, asistirá Rajoy, pero no habrá Rey y el que debería ser presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, estará en Bruselas tratando de no terminar entre rejas.

Y es que, según ha podido saber este periódico, el Monarca no tiene previsto visitar la región hasta que se celebren las elecciones autonómicas, salvo nuevo aviso. El 5 de diciembre, un día después de que el ex presidente de la Generalitat y los ex consejeros catalanes presenten sus alegaciones ante el juez belga, comienza la campaña electoral catalana, por lo que Don Felipe reducirá en su agenda oficial los actos de contenido político. Al igual que la ley prohíbe a los políticos hacer inauguraciones de infraestructuras o servicios tras la convocatoria de elecciones, los Reyes acentúan sus compromisos oficiales en otras áreas. Durante la pasada coyuntura política en la que los partidos no podían formar gobierno en nuestro país, el Rey tuvo incluso que suspender sus compromisos en el exterior. De hecho, la reducción de las apelaciones al desafío secesionista en sus discursos ya ha comenzado: las últimas veces que éstas se produjeron fueron en el mensaje a la nación que lanzó el pasado 3 de octubre y en su discurso en los premios Princesa de Asturias. Allí, en el único mensaje que el Rey hace sin la intervención del Ejecutivo –por mucho que se crea que también en el de Navidad–, Don Felipe advirtió de que el país «resolverá el inaceptable intento de secesión por medio de la Constitución». Desde entonces, se ha ceñido a la esencia del acto a presidir. Ni en la pasada visita de Estado del presidente israelí, Rouven Rivlin, mencionó la situación en España ni en la del pasado lunes en la del palestino Mahmud Abás, a pesar de que ellos sí lo hicieran. Tampoco en la cena de gala con motivo de la Cámara de Comercio de EE UU con España el Jefe del Estado hizo alusión alguna. Independientemente del periodo electoral, tanto la Casa del Rey como el Ejecutivo trabajan en un objetivo conjunto de devolver la estabilidad al país y relanzar la economía catalana. La pérdida de la candidatura para albergar la Agencia Europea de Medicamentos en Barcelona no sólo ha supuesto la pérdida de 5.000 puestos de trabajo indirectos o para 900 funcionarios, sino que también ha culminado el desastre de que 2.621 empresas hayan «huido» de Cataluña. El que el jefe del Estado tenga el foco de atención en la coyuntura secesionista no entra dentro del juego político, como desde algunos partidos radicales se ha intentado hacer ver. «¿Qué es lo que hace un jugador de ajedrez cuando está perdiendo la partida? Mover al Rey». Esta audaz reflexión pertenece al líder de Podemos, Pablo Iglesias, tras el mensaje de Don Felipe a la nación instando a los poderes del Estado a asegurar el orden constitucional. La declaración acertó en lo que concierne al escenario, pero con una salvedad: a Don Felipe no lo ha movido nadie fuera de los muros del Palacio de la Zarzuela. Este discurso, obviamente con conocimiento del Ejecutivo, fue iniciativa de la Casa del Rey.

Partiendo de la base de que Don Felipe ejerce una función arbitral y simboliza «la unidad del Estado», siempre va a promover el orden constitucional frente a los que pretenden la desintegración de España, al margen de cualquier tendencia política.

Hay una parte que no trasciende públicamente pero que existe, y es la que realiza el Rey de forma privada en su papel de moderador de las distintas instituciones. En la última semana de octubre en que el Parlamento catalán anunciase la declaración unilateral de Cataluña, el Monarca suspendió su agenda para seguir los acontecimientos, siendo la Reina la encargada de presidir los actos. Otro debate es que debiera hacerse pública la escenificación de los encuentros del Rey con los actores de la vida pública dentro de su despacho, pero es un equilibrio difícil, ya que podría perderse la efectividad de su labor «en la sombra». Fuentes de uno de los mayores «lobbies» empresariales en conversación con este periódico aseguran que, sin poder dar nombres, los presidentes de las principales compañías que han movido la sede fiscal de sus empresas de Cataluña se entrevistaron previamente con Don Felipe en la Zarzuela para informarle de su decisión. Y el Rey tampoco ha dejado de estar en contacto con los representantes de los principales partidos políticos –no sólo con el presidente del Gobierno– medios de comunicación y distintos agentes sociales para pulsar la situación. Las mismas fuentes empresariales informan de que el acto más relevante al que el Rey tiene previsto asistir después de las elecciones autonómicas es el que se celebra en Barcelona con motivo del «Mobile World Congress» en febrero. La ofensiva secesionista hizo tambalear el cambio de escenario del congreso, pero el contrato firmado hasta 2023 para que se celebre en Barcelona hizo que la organizadora GSMA continuara con el plan previsto. El año pasado se registró un récord de visitantes con 108.000 profesionales y su impacto económico se situó en los 465 millones de euros. El respaldo de la presencia del Rey en esta edición «es fundamental en esta cita crucial», asegura un empresario.

La última vez que el Rey se desplazó a la comunidad fue el pasado mes de agosto, con motivo de la manifestación en Barcelona en contra del terrorismo tras los atentados yihadistas.

Desde entonces, 26 de agosto, hacia atrás, las visitas públicas más importantes del Monarca a la región se han producido con la periodicidad casi matemática de un mes: las más importantes tuvieron lugar el 25 de julio, con motivo del aniversario de los Juegos Olímpicos. Una imagen quedó inmortalizada: la de un conciliador Don Felipe dando la mano a un entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, antes de poner a Barcelona como ejemplo de que «los éxitos se consiguen unidos» en su discurso. El 29 de junio, Don Felipe y Doña Letizia presidieron los premios Princesa de Gerona, también en presencia de Puigdemont. Quién podría suponer que, meses después, la situación llegaría al punto de que el pleno del ayuntamiento de la ciudad declarase a Don Felipe «persona non grata».

Fuentes del entorno del Jefe del Estado aseguran que, haya periodo electoral o no, Don Felipe tiene como prioridad en su agenda relanzar la actividad exterior, área determinante el próximo año después del impacto negativo que ha producido la internacionalización mediática del conflicto catalán. En definitiva, el funcionamiento del Estado no puede girar en torno al soberanismo.

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