Nacionalismo

Francesc de Carreras: «Que todo sea votable es una falacia»

Francesc de Carreras: «Que todo sea votable es una falacia»
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Defensor de la democracia representativa, Francesc de Carreras alerta de los peligros de despojar a los sistemas políticos de límites, como la garantía de derechos. Teme los nacionalismos que recorren Europa, pero mantiene que nunca como ahora España había estado tan bien: «Somos especialistas en ser duros con nosotros mismos»

–Usted defendió un referéndum consultivo para Cataluña. ¿Aún cree que es la solución?

–Después del 11 de septiembre de 2012 defendí utilizar el artículo 92 de la Constitución, que regula los referéndums consultivos, aunque nunca he sido partidario de las consultas. Creo en la democracia representativa, pero podía haber sido útil entonces.

–¿Y ahora?

–El Brexit e Italia han demostrado que en los referéndums no se responde lo que se pregunta sino contra quien lo pregunta. La solución a largo plazo es convencer a la gran mayoría de catalanes de los inconvenientes de la independencia y, a su vez, de las grandes ventajas de permanecer en España. Hasta ahora la voz predominante ha sido del gobierno de la Generalitat, los catalanes esperamos conocer las razones del gobierno de España. A corto plazo habrá momentos de tensión debido a las constantes vulneraciones del derecho por parte de la Generalitat y se requerirán medidas extraordinarias.

–¿El artículo 155 de la Constitución?

– Es muy probable que el Gobierno tenga que emplear tal medida extraordinaria, pero no excepcional, prevista en el 155. Hay que desdramatizarlo. No es la suspensión de la autonomía de Cataluña sino una medida para restablecer la autonomía frente a quien la vulnera.

–¿Se ha fracturado la sociedad catalana?

–Desde 1980 la Generalitat, que siempre ha sido gobernada por nacionalistas, ha intentado lo que se denomina «construcción nacional», convertir a Cataluña en una nación muy distinta al resto de España, para justificar la secesión.

– ¿Un proceso inducido?

–Totalmente. Más de treinta años de construcción nacional han provocado que se llegara a pedir abiertamente la separación entre 2010 y 2012. Han convencido a muchos que hay buenos y malos catalanes, según sus ideas sobre la cuestión nacional. Tal división va contra los principios democráticos. También sucedió en el País Vasco. Restañar las heridas no será fácil.

–Ahora los casos de corrupción sacuden al independentismo...

–Habrá que ver cómo ha pesado la corrupción en la petición de separarse de España. Hubo 3% en la etapa Pujol y en la etapa Mas. Por eso el separatismo de izquierdas va cogiendo cada vez más fuerza. Además, Convergència deja un vacío electoral. Antiguos votantes desplazan su voto al PSC, al PP o a Cs.

–Usted participó en la fundación de Ciudadanos. ¿Cómo ve ahora a esta formación?

–El valor que puede tener Cs en España es representar a una tercera España que no se siente representada ni por el PP ni por el PSOE.

–Ha habido una tradición bipartidista, que ahora se ve amenazada. ¿Volverá?

–No se sabe. Dependerá de si Ciudadanos y Podemos, dos partidos opuestos, son útiles. Ahora bien, sería un desastre que el PSOE quedara reducido a un partido residual y que Podemos le sobrepasara.

–El PSOE ahora apuesta por recuperar la socialdemocracia. ¿Tiene que reinventarla?

–La socialdemocracia está en crisis por el éxito que ha tenido. Ha construido el Estado Social: enseñanza para todos, sanidad, pensiones, seguro de paro... Cuando se dice que el Estado social está destruido no se dice la verdad. Ha sido un colchón para que la crisis no haya sido un desastre como la de 1929. La crisis de la socialdemocracia es una crisis de éxito. Deben construir un modelo que continúe este éxito.

–Ahora se defiende el sistema de primarias en los partidos...

–No creo en el dogma de que los partidos sólo serán democráticos con las primarias, porque la experiencia nos lleva a ver que no conducen más que a su fraccionamiento y no los convierten en más democráticos.

–Y el referéndum. ¿Es el culmen de la democracia?

–Ahora predomina la idea de que «democracia es votar». Que todo sea votable es una falacia. La democracia es algo más: garantía de los derechos, división de poderes, gobierno representativo, pluralismo político, principio de legalidad...

–Los nacionalismos resurgen con fuerza en Europa. ¿Es un paso atrás en la historia?

–Evidente. Esto sí que da miedo. Estos cambios en el mundo son inesperados, tan solo hace dos años impensables. El Brexit puede asimilarse, incluso puede ser un paso adelante de la UE, pero si no se frena a Trump la repercusión es mundial, tanto desde el punto de vista económico como geoestratégico. Europa puede quedar en una posición muy débil. Esto incita más al pesimismo que la situación española.

-¿En España no estamos mal?

-Vivimos un momento de excesivo pesimismo, como sucedió en el 98. En cuanto a índices democráticos, según un estudio reciente de una consultora no española, España está en el número 17 entre todos los países del mundo, a la altura de los mejores europeos, y aquí estamos diciendo que somos lo peor, los más corruptos... En lo que sí estamos mal es en el aspecto cultural. Esto nos debería preocupar y va más allá de un pacto para la educación. Hay un problema de contenidos culturales, éticos... Es un tema para pensar.

Y SOBRE ESPAÑA:

–Un recuerdo: el país donde he vivido y que mejor conozco.

–Una palabra: futuro

–El futuro: Europa

–Un tópico real: despreciamos lo bueno que tenemos.

–Un tópico irreal: somos vagos, alegres, mangantes e impuntuales... Hay de todo como en todas partes.