sábado, 24 junio 2017
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España

Génova coloca el foco en Aguirre

  • En el PP preocupa que sigan pagando por la corrupción, pero la dirección lo ve amortizado

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ayer durante la clausura de la Asamblea de la CEOE en Madrid
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ayer durante la clausura de la Asamblea de la CEOE en Madrid

La dirección nacional del PP valora la situación del partido en Madrid y la detención del ex presidente de la comunidad madrileña Ignacio González como un problema de la etapa de Esperanza Aguirre. Como si no fuera con ellos, una burbuja tóxica, sí, pero que la descargan en las espaldas de la ex todo poderosa presidenta regional, ex alcaldesa y ex «número uno» del PP de Madrid. Oficiosamente la cúpula popular sostiene que éste es «un problema de Aguirre», una prueba «de su mala gestión y de su incapacidad a la hora de controlar a su equipo». «Que ella no haya metido la mano no la exime de responsabilidades», señala uno de los miembros del Comité de Dirección del PP que representa a la nueva generación del partido. Un discurso que no sostienen en público los que en su día convivieron con Luis Bárcenas y Francisco Correa, aunque también compartan. Ahora bien, nadie va a pedir oficialmente la cabeza de Aguirre, «que ella lo valore». «Estamos ante un problema del pasado, que afecta a Esperanza Aguirre. Tiene pocas salidas», puntualizan. Un discurso que no contradice la realidad interna de que en el PP es un clamor la demanda de que abandone la política. La ex presidenta del PP madrileño se ha quedado sin más apoyo que el de sus más fieles de Madrid, y no hay dirigente con peso nacional o regional que no comparta el criterio de que ha llegado el momento de que se retire del todo de la política y abandone su escaño en el Pleno del Ayuntamiento de la capital. Esta pérdida de apoyos ha sido progresiva, paralela al proceso por el que Cristina Cifuentes ha ido consiguiendo ganarse el respaldo de una organización regional que estaba absolutamente sometida al «aguirrismo» después de tantos años «de mayorías absolutas y sensación de impunidad total». La ruptura con la hoy portavoz en el Ayuntamiento de Madrid viene de lejos, pero es significativo que en su momento más débil desde el partido nacional no haya habido ninguna solidaridad ni gesto de apoyo hacia quien en sus momentos en la cumbre aspiró a hacer de alter ego de Mariano Rajoy. El PP se agarra a la gestión de Cifuentes para reivindicar su compromiso con la regeneración democrática y pasar página de una etapa marcada «por los escándalos, los espionajes, la Púnica, los contratos irregulares o las sombras de financiación irregular». Nadie de la cúpula sostiene este duro discurso en público, pero es compartido en privado.

Por cierto, la confianza que exhibe la dirección del PP en relación a la tesis de que éste es un asunto del pasado, que penaliza a Aguirre, y con escaso coste para el partido a nivel nacional, se diluye bastante fuera de Génova. En segundos niveles y, sobre todo, territorialmente, el partido está mucho más preocupado porque aumente el coste que ya han tenido que pagar por los casos de corrupción que arrastran «desde la etapa Aznar». «Todo esto no ayuda. Y habrá que ver cuáles son los tiempos judiciales y cuándo se produce la testifical de Rajoy. Pero no hay elecciones en el corto plazo y hay que confiar en que la opinión pública entienda que ya juzgó todos estos escándalos en las últimas generales», sentencian. Esta «tranquilidad» la trasladan también desde el entorno de Rajoy. La estrategia oficial ha optado por incidir en la imagen de la disposición a colaborar con el tribunal que juzga la primera parte de la Gürtel, pese al malestar por su «cambio de criterio» al pedir que testifique el presidente del Gobierno.

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