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Junqueras dará la batalla a Puigdemont

ERC reinvindicará que es el vicepresidente legítimo ante la imposibilidad de una investidura a distancia. Los republicanos se niegan a «retorcer» el reglamento para hacerle president y en Bruselas son conscientes de que si el partido de Junqueras acepta el «cambiazo» por Artadi, Pujol, Turull o Rull «las condiciones de negociación serán más duras»

  • Oriol Junqueras
    Oriol Junqueras / EFE
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Toni Bolaño Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de enero de 2018. 03:52h

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Toni Bolaño Barcelona. 14/1/2018

El Parlament se constituirá el miércoles. Eso es lo único claro en la semana que comienza, tras el acuerdo que ERC alcanzó con Junts per Catalunya por el que los de Puigdemont abandonaron su idea de boicotear la constitución de la Cámara catalana. Más allá de este acuerdo todo está en el aire y las espadas en alto. Los independentistas quieren fraguar sus pactos para controlar la Mesa y el Gobierno, pero los intereses difieren. ERC sólo admite un acuerdo para la Mesa, mientras que Junts per Catalunya sigue apostando por la investidura de Puigdemont porque «es democrático, legal y reglamentario», en palabras de Josep Rull, ex conseller de Territorio y diputado electo de Junts per Catalunya. Y aquí está el nudo gordiano. Para investir a Puigemont se tiene que «retorcer» el reglamento a lo que ERC se niega amparándose en el presumible dictamen contrario de los letrados del Parlament y la más que segura intervención del Tribunal Constitucional. Por tanto, Puigdemont no puede ser investido y está posibilidad empieza a ser aceptada por su más estrecho entorno en Bruselas, tras los mensajes del propio PDeCAT con intervenciones como la de Artur Mas en el Consell Nacional del partido, desde ERC e incluso desde la CUP.

La guardia pretoriana de Puigdemont no acepta este planteamiento en su discurso oficial, pero «el plan B cada día coge más fuerza porque saben que la investidura es un imposible», apuntan fuentes conocedoras del ambiente que se masca estos días en el mundo independentista. «Se están analizando las posibilidades de reemplazar el candidato», el «cambiazo» en el argot que se utiliza estos días, pero «el temor que se tiene en Bruselas es si los republicanos se resisten».

El PDeCAT, junto con relevantes personas del soberanismo, sostiene que hay que aguantar hasta el final en el reto de investir a Puigdemont, sin explicar el plan B, es decir proponer otro candidato, pero moviendo piezas para buscar el mayor consenso y evitar que ERC rompa el frente independentista. De momento, se seguirá blandiendo la máxima «o Puigdemont, o elecciones», sabedores que hace dos años fracasaron con estrépito con su «Mas o elecciones». Además, unas nuevas elecciones cuestan dinero, y el dinero no corre a raudales en lo que fue la Casa Gran del Catalanisme, teniendo en cuenta que hoy los tribunales acabarán dando un duro mazazo a las finanzas del PDeCAT y de CDC, que son los receptores de las subvenciones de Junts per Catalunya, con la sentencia del caso Palau. Y una última guinda, el leif motiv de la campaña de Puigdemont fue «si me votas y gano, vuelvo y restituyo al gobierno legítimo», un eslogan que en una nueva convocatoria es simplemente agua de borrajas porque se ha demostrado falso e inconsistente.

Es precisamente este discurso el que ahora utilizan los republicanos para plantar cara y aupar a Junqueras. «Si Puigdemont no puede ser investido y hay que recuperar el gobierno legítimo, la primera opción es Junqueras, que es el legítimo representante del gobierno cesado». ERC se hace fuerte en este argumento porque «la prisión preventiva no será eterna». «¿Se puede ser presidente desde la cárcel?», contraatacan desde Junts per Catalunya, a lo que los republicanos contestan con una cierta chanza «tanto como desde Bruselas» con la ventaja de que Junqueras «podría acelerar su liberación con un compromiso explícito de acatar la Constitución como han hecho otros encarcelados, incluidos los representantes de la sociedad civil», apuntan fuentes conocedoras de las alambicadas hipótesis que se están planteando en estos momentos.

Esta actitud de ERC ha desatado una crisis interna en Junts per Catalunya conscientes de que la investidura de Carles Puigdemont no se puede llevar a cabo. Sin embargo, el «cambiazo» de Puigdemont por Elsa Artadi, Eduard Pujol, Jordi Turull o Josep Rull –los nombres que barajan en el entorno de Bruselas– abre la incógnita de cuál será el papel de ERC y hasta dónde llegará su resistencia a no investir a Junqueras como alternativa. También en el núcleo duro de Puigdemont son conscientes de que si Esquerra acepta el cambio, «las condiciones de negociación no serán las actuales, serán otras y más duras». Por eso, también está sobre la mesa la propuesta del ex consejero de Economía, Andreu Mas Colell, que plantea un gobierno técnico y realista –coincidiendo en este adjetivo con ERC– que recupere las instituciones. A nadie se le escapa que la propuesta de Mas Colell, que tiene predicamento en el mundo independentista, está hecha a medida de Elsa Artadi, que trabajó a sus órdenes en Economía.

Las negociaciones sobre la Mesa del Parlament se seguirán desarrollando en estos días. La fecha límite se fija a las 11 de la mañana del miércoles 17. Antes, la sentencia del Palau tendrá efectos en el mundo independentista y en sus decisiones. Con la Mesa constituida, empezará la verdadera negociación, la de la investidura. Puigdemont quiere ser presidente, pero empieza a ser consciente de que su veleidad es irrealizable. Habrá que estar atentos al «cambiazo», quién será la persona designada, y la respuesta de ERC, que ha desempolvado a Oriol Junqueras.

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