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La CUP anuncia desobediencia con acciones de violencia «pacífica»

La presión pretende que el president mantenga la estrategia independentista

  • Cartel en una parada de autobús de Barcelona con un mensaje alusivo al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont
    Cartel en una parada de autobús de Barcelona con un mensaje alusivo al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont

Tiempo de lectura 4 min.

24 de octubre de 2017. 02:09h

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J.M.Zuloaga 24/10/2017

«Desobediencia civil masiva» y a la vez «pacífica», dos líneas de actuación difíciles de llevar a cabo conjuntamente, según expertos consultados por LA RAZÓN, que no descartan actos de violencia contra las representaciones del Estado en Cataluña. En cualquier caso, la CUP, que es la que ha lanzado la campaña, siempre podría decir que los que los que protagonizan esos hechos violentos son grupos ajenos a ellos.

En el seno de la CUP, según las citadas fuentes, existe el temor a perder el control que creen ejercer sobre la situación y sobre los pasos que pueda dar en los próximos días el presidente de la Generalitat. Por ello, la campaña que anunciaron ayer va no sólo contra la «aplicación por el Gobierno del artículo 155 de la Constitución, la mayor agresión contra los derechos civiles, individuales y colectivos del pueblo catalán desde la dictadura franquista», sino que forma parte de una estrategia de presión al propio Puigdemont y a su Ejecutivo.

En un comunicado, titulado «contra la agresión del 155, república, autoorganización, autotutela, resistencia desde el municipalismo e internacionalismo», la CUP señala que estos ámbitos «son las puntas de lanza de esta lucha no violenta para rechazar la aplicación» del citado artículo.

El partido antisistema señala que se trata de «una semana crucial para el futuro de Cataluña» y acusa «al Gobierno de Rajoy, con el apoyo de Ciudadanos, del PSOE y del Borbón, de eliminar el autogobierno y de intervenir las principales instituciones, una agresión que tendrá una respuesta de desobediencia civil masiva».

La CUP anuncia que «se irán presentando iniciativas en estos ámbitos», al tiempo que insiste en que «no compartimos la estrategia de ir a remolque de las decisiones del Gobierno español».

Los citados expertos llaman la atención sobre el contenido del comunicado en el que, bajo el paraguas del pacifismo, se lanzan una serie de ideas-fuerza tras las que subyace la utilización de la violencia si fuera conveniente a la estrategia de los convocantes.

No están dispuestos a ir a remolque, que es tanto como anunciar que van a tomar la iniciativa. ¿En qué campos? También lo dicen: autoorganización, autotutela, resistencia desde el municipalismo e internacionalismo.

La CUP no ha inventado nada que no esté en los manuales utilizados en los últimos años por grupos similares para poner en marcha la desobediencia civil y económica. Lo que vienen a anunciar es que ya tienen un plan que van a gestionar al margen de los otros grupos y que tendrá su base de actuación en las instituciones, en especial algunos municipios donde tienen fuerza.

Un factor fundamental para la CUP sería el control de la calle, pero con la militancia que tiene y los grupos que la apoyan, entre ellos sus juventudes Arran, está por ver lo qué pueden hacer, salvo las manifestaciones o concentraciones que convoquen y que sean secundadas por ANC y Òmnium. No se trata de un motivo de tranquilidad ya que lo que no logren por la vía del «pacifismo» lo intentaran conseguir con la presión social y la violencia urbana.

«Son de manual», dicen los mismos expertos que creen que las primeras iniciativas serán de desobediencia a las instituciones del Estado y presión en torno a los edificios de esas instituciones en Cataluña, protegidos por agentes de la Seguridad del Estado.

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