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La cúpula de Afinsa se repartió 16 millones en negro en ocho años

La «caja B» de la empresa filatélica, con un agujero patrimonial de 1.928 millones, se utilizaba para pagos ocultos a socios y directivos

Ricardo Coarasa.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de febrero de 2013. 12:37h

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Ricardo Coarasa.  Madrid. 11/2/2013

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Los responsables de Afinsa –la empresa filatélica intervenida judicialmente en mayo de 2006 por haber estafado supuestamente a casi 200.000 clientes– autorizaron pagos en «B» de más de 16 millones de euros de 1998 a 2005. Ésta es una de las conclusiones del voluminoso informe pericial encargado por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, instructor de la causa, y que supone, según las fuentes consultadas, «prácticamente el final de la investigación» casi siete años después de la intervención de la sociedad.

En el documento, los peritos Carmen Rojo y Jesús Limón sostienen que los destinatarios de esos pagos en negro (camuflados con conceptos como «comisiones» o «servicios prestados») eran fundamentalmente «los socios y determinados directivos del grupo». Según el informe, el agujero patrimonial de Afinsa en el momento de la intervención era de 1.928 millones de euros. Un año antes, la sociedad cerró sus cuentas afirmando contar con un patrimonio neto de 95,8 millones. La realidad era muy distinta. Afinsa «sabía perfectamente que su negocio era ruinoso» y la filatelia era «una simple fachada». De hecho, para garantizar el beneficio inicial en algunos contratos habría necesitado que los sellos se hubiesen revalorizado «en un solo año un 1.337,50%», algo «totalmente inimaginable y fuera de toda lógica», subrayan los peritos.

Para esos pagos en negro la sociedad filatélica utilizaba –siempre según el informe pericial– el denominado «Fondquin, Fondo quincenal o Caja B», que también se utiliza para compras en «B» de sellos, obras de arte y locales y para abonar los intereses de contratos con titulares opacos. El origen de esos fondos figuraba en la contabilidad de Afinsa, pero posteriormente se ocultaba mediante la «manipulación de las cuentas contables correspondientes a los contratos de inversión».

«Retribuciones en especie»

Pero, sobre todo, servían para gratificar a los miembros de su cúpula, con el entonces presidente honorífico, Albertino de Figueiredo, a la cabeza, pues habría recibido de forma opaca, según el informe, 8,1 millones de euros a través de «sobresueldos, comisiones y dividendos no contabilizados como tales y que se abonaron tanto en Mónaco como, en metálico, en España». Entre 1998 y 2007, ingresó por pagos en «B» 2,3 millones (al margen de los 3,8 que percibió de forma legal en ese plazo), a los que hay que sumar otros 524.527 euros por «retribuciones en especie» (alquiler de su casa en Madrid, cancelación de préstamos, ingreso en sus cuentas para adquirir obras de arte, etc). Además, gracias a 33 facturas falsas emitidas entre 1999 y 2002 a nombre de Aldevega (suministradora de sellos de Afinsa hasta 2005 y cuya administradora única era la esposa de Figueiredo, Consuelo Gómez) se embolsó otros 1,6 millones.

A través de cuentas bancarias en Mónaco, Afinsa emitió facturas a dos proveedores «a personas diferentes de las reflejadas en las facturas», entre ellas el propio Figueiredo. Por si fuera poco, la supuesta venta a otro de los imputados, el ex presidente de Afinsa Juan Antonio Cano, de la colección de sellos Clásicos de Portugal por 1,7 millones fue una mera ficción según el informe pericial. Y es que la Policía halló en el domicilio de Figueiredo tras la intervención judicial un documento informático fechado en 2005, «Mi testamento», en el que incluía esa colección, que incluso aseguró después de la supuesta venta.

Por último, el presidente honorífico de Afinsa vendió entre 2002 y 2005 sus acciones de la sociedad estadounidense GMAI/Escala (de la que Afinsa llegó a controlar el 98,50% de su capital) con unas ganancias de 1,5 millones de dólares. Y lo hizo sin cumplir con la obligación de informar a la Securities and Exchange Commission, el organismo regulador bursátil de EE UU. Esta sociedad multiplicó el valor de sus acciones por 16 por la «manipulación de la cotización» por la transferencia de los supuestos beneficios de Afinsa.

En cuanto a Juan Antonio Cano, presidente de Afinsa en el momento de la intervención, los peritos afirman que habría recibido de esa «caja B» tres millones (en 2006, a través de la empresa de su mujer) que no fueron declarados.

El resto de sobresueldos no declarados a otros administradores de Afinsa (ver gráfico) suman 1,8 millones, a los que habría que sumar otros 17,8 millones de dólares obtenidos por directivos de GMAI por la «manipulación de la cotización de las acciones».

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