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La imposibilidad del «efecto Macron»

Expertos politólogos destacan que aunque tanto Albert Rivera como el presidente francés son «emprendedores políticos», y señalan paralelismos entre los dos líderes, en España el eje «izquierda-derecha no ha desaparecido» a la hora de votar

  • El líder de Ciudadanos, Albert Rivera (arriba), quiere seguir la estela de Emmanuel Macron (abajo) en Francia
    El líder de Ciudadanos, Albert Rivera (arriba), quiere seguir la estela de Emmanuel Macron (abajo) en Francia / Reuters

Tiempo de lectura 5 min.

14 de enero de 2018. 05:03h

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Andrés Rojo 14/1/2018

Acaba de arrancar el año político y todo parece sonreír a Albert Rivera. La victoria de Emmanuel Macron en Francia, en mayo, y la victoria de Arrimadas en Cataluña, en diciembre, se han dado la mano para impulsar a Ciudadanos en todas las encuestas: de ser el hermano pequeño de Podemos en la llamada «nueva política» quedando 8 puntos por detrás en las generales de 2016 han pasado a superar a los de Iglesias en casi 3 puntos, separándole del PSOE sólo 5. Pero, ¿es posible que España se deje contagiar del «efecto Macron» y que Rivera conquista la Moncloa? ¿Realmente es factible un cambio de paradigma tan profundo en nuestro país en tan poco tiempo? ¿Podemos dar como amortizado no sólo el bipartidismo sino también la vieja división entre izquierda y derecha que el joven político catalán proclama encarnar? Y en un mundo en el que ya no hay rojos ni azules... ¿qué significa exactamente ser naranja?

«Imposible», así de categórico contesta el politólogo Pablo Simón a la primera de las preguntas: Rivera no será un Macron español. La razón de su seguridad estriba el marco institucional español, distinto del francés, que es presidencialista. El parlamentarismo de nuestro ordenamiento político «hace muy difícil que en un solo disparo llegues a la mayoría absoluta. Es necesario pactar y empezar apoyando a uno de los partidos tradicionales», explica. Ésta es también la razón de que en España no haya cuajado la hipótesis populista como ha sucedido en Hispanoamérica, donde los regímenes presidenciales son la norma. «En España tenemos contrapesos. Un ‘‘outsider’’ casi total como Macron logrando el poder es imposible». En el caso francés, además, se dio durante la primera vuelta un panorama electoral análogo al español con cuatro partidos que se repartían los sufragios casi a partes iguales. Sin embargo en la segunda vuelta el voto se concentró y Macron recibió votantes de todo el espectro ideológico, una ayuda con la que nunca contará Rivera en nuestro país. Se da la circunstancia de que en Francia, a diferencia de en España, el proceso de sustitución de los dos partidos tradicionales –los socialistas y los republicanos– se ha completado y su sustitución por el Frente Nacional de Le Pen y el movimiento En Marcha de Macron es completa. En nuestro país, continúa explicando Simón, la situación es netamente diferente: a pesar de que la muerte del bipartidismo ha sido profetizada hasta la saciedad, lo cierto es que tanto PP como PSOE siguen siendo –tanto en las encuestas como en el Congreso– las fuerzas de referencia en la derecha y la izquierda.

No es este el relato que defienden en En Marche y Ciudadanos. Para estos partidos ese eje ha saltado por los aires y ha sido precisamente en Francia, la nación donde ese eje apareció por primera vez, donde ha pasado a la historia. Así lo explica Fernando Páramo, diputado en el Parlament de Cataluña y secretario de comunicación de Ciudadanos: «La batalla ya no se libra entre izquierda y derecha, sino entre liberalismo y proteccionismo, entre aperturismo y nacionalismo, entre quienes queremos eliminar fronteras y quienes quieren levantar más, entre pasado y futuro». Los dos partidos, tanto en España como en Francia, cuentan con los mismos enemigos principales: el nacionalismo y el populismo. Y la solución que ofrecen es la misma: reformas. En palabras del propio Páramo: «Cs y En Marche coincidimos, salvando todas las diferencias que hay entre ambos países, en defender un catálogo de reformas que no pueden liderar ni el inmovilismo conservador ni la vieja socialdemocracia y en evitar que el descontento y el hartazgo con la vieja política dinamite el proyecto europeo». También entre ambos líderes, dentro de las filas de Cs, se ven coincidencias: «Rivera y Macron comparten una vocación política europeísta, liberal, progresista y reformista que ha logrado conectar con las nuevas demandas de la ciudadanía».

La confluencia generacional y de perfil entre Macron y Rivera podría dejar muy pronto el terreno de la especulación política y convertirse en una realidad parlamentaria si el presidente francés toma la iniciativa de conformar un grupo propio en el Parlamento Europeo con su partido En Marcha. El pasado 12 de diciembre en Estrasburgo, Albert Rivera dejó la puerta abierta a unir fuerzas con el hipotético grupo de cara a la próxima legislatura después de los comicios europeos de 2019. «Lo veo como oportunidad interesante para unir fuerzas, pero es pronto para hablar de grupos y escaños», dijo. Actualmente, el partido naranja forma parte del grupo parlamentario de la alianza liberal europea (ALDE), pero el joven político catalán ya dejó claro aquel día que a Cs y a En Marcha «les unen muchas cosas». El presidente francés ya ha hecho pública su intención de revitalizar el Parlamento Europeo y ha lanzado la iniciativa de que los 73 escaños que dejará libres el Reino Unido sean cubiertos por candidaturas transnacionales con personas de distintos países. En 2025, la mitad de los escaños deberían elegirse mediante esa fórmula, según Macron. ¿La fórmula perfecta para fusionar el centro reformista francés y el español en un sólo ente político?

Lluis Orriols, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford, coincide en afirmar que ambos partidos responden a un mismo fenómeno existente en las democracias europeas con sistemas de partidos convulsos y en cambio. Macron y Rivera son «emprendedores políticos» a los que se les han abierto ventanas de oportunidad. La crisis económica y política en Europa ha dado lugar a dos tipos de propuestas de solución: el populismo de la Francia Insumisa o Podemos, por un lado, y la tecnocracia de En Marche y Ciudadanos. «El eje izquierda-derecha no ha desaparecido. Sigue siendo muy importante Pero hay otros ejes de competición. No ha desaparecido pero tiene un competidor», argumenta Orriols. Según este experto, Cs tenía como reto hace pocos meses demostrar que era capaz de no caer en las arenas movedizas de un sistema electoral en el que si caes un 1% en votos puedes perder hasta 20 escaños. «Era un contexto de supervivencia para no ser un nuevo UPyD». Y entonces llegó la crisis independentista, que ha hecho cambiar las coordenadas, ya que en este punto Cs tiene una «acreditada hoja de servicios», en palabras de Orriols. El mantra de que «el PP gana votos con la confrontación independentista» ya no se sostiene. Refleja una manera de pensar propia de los tiempos en los que el bipartidismo lo era todo». La situación es ahora otra y el líder de Cs podría tener un importante viento de cola que no tuvo Macron: la tormenta independentista, que nadie sabe cuándo concluirá.

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