lunes, 05 diciembre 2016
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España

La nueva batalla del PSOE: cómo escenificar la abstención al PP

  • Los barones buscan fórmulas para evitar retratarse con la abstención en el Comité Federal

Guillermo Fernández Vara; Susana Díaz y Javier Fernández, esperan para ser saludados por el Rey, a su llegada a la tradicional recepción ofrecida en el Palacio Real con motivo del Día de la Fiesta Nacional.
Guillermo Fernández Vara; Susana Díaz y Javier Fernández, esperan para ser saludados por el Rey, a su llegada a la tradicional recepción ofrecida en el Palacio Real con motivo del Día de la Fiesta Nacional.
eFE

Semana clave para el PSOE. Todavía sin fecha, el Comité Federal –que previsiblemente la gestora fije mañana para el domingo 23– deberá establecer la postura del partido ante la eventual investidura de Mariano Rajoy. Esto es, mantener su inequívoca negativa al candidato del PP, aprobada en diciembre y ratificada en julio, o virar hacia la abstención para facilitar que, más de 300 días después, haya Gobierno. El debate se ha postergado al máximo, se han «agotado los plazos» para intentar «enfriar el incendio interno» que prendió el seno del partido tras el vergonzoso Comité Federal del 1 de octubre, pero tres semanas después la situación sigue enconada y la dilación de los tiempos no ha servido sino para armar de razones a partidarios de una u otra posición. La clave será de nuevo la correlación de fuerzas existente en el pleno del máximo órgano entre congresos y la forma en que ésta se materialice.

A priori, el viraje hacia la abstención parece claro; el problema surge cuando se encara cómo llevarlo a la práctica. Los números se antojan complicados, pues algunos de los dirigentes que propiciaron la caída de Pedro Sánchez no quieren ahora significarse o tienen dudas sobre la conveniencia de mantener a Rajoy en La Moncloa. El perfil bajo que están asumiendo ciertos barones territoriales molesta sobremanera a otros dirigentes que sí han abogado abiertamente por la abstención en los últimos días, ante la necesidad de hacer pedagogía entre militantes y votantes. «Nunca ganarás una posición si no la defiendes», se lamenta un diputado socialista consultado por LA RAZÓN, que muestra su «hartazgo» ante la posición de quienes defienden que no quieren nuevas elecciones, sin arbitrar una solución para evitarlas.

La asunción pública de la abstención genera reticencias entre muchos líderes territoriales por las consecuencias que les puede acarrear a nivel externo o interno. En unos casos porque son presidentes o alcaldes gracias al apoyo de Podemos y otras fuerzas de izquierda y verían comprometidas estas alianzas si facilitasen un gobierno del PP. En otros, porque tienen la mirada puesta en el futuro congreso del PSOE y son conscientes de que la militancia no premiará a quienes se postulen como muleta de Rajoy. El fuerte desgaste de defender esta posición y el miedo a las filtraciones (ya demasiado habituales) en el Comité Federal hacen que la reunión del próximo domingo se encare con desconfianza y temor a quedar señalados. Por ello, fuentes consultadas por este diario apuntan que, previsiblemente, «el debate durará poco y se votará rápido». «No podemos volver a dar un espectáculo», destacan. Todavía está demasiado presente el enfrentamiento y la «excesiva transparencia» del último debate.

Para mantener esta estudiada ambigüedad, se está difundiendo desde sectores «pedristas» la advertencia sobre la posibilidad de que la abstención se decida en una votación secreta en lugar de a mano alzada. Esta fórmula permitiría a quienes abogan por que haya gobierno en privado, pero no concretan cómo en público, posicionarse a favor de la abstención sin quedar retratados. Este sistema de votación, que ahora defenderían quienes forzaron la salida de Sánchez, fue precisamente el que provocó su caída, ya que el ex secretario general promovió una votación en urna sin garantías para aprobar su calendario congresual antes de dimitir. Sus afines, e instigadores de la tesis, amagan con sublevarse si esto ocurre y llaman a que quienes quieran la abstención la «defiendan ante la militancia».

La indefinición a la que juegan los partidarios de que haya Gobierno contrasta con la vehemencia de quienes siguen instalados en el bloqueo. Los partidarios del «no» a Rajoy mantienen su campaña de ruido mediático y no ahorran declaraciones y pronunciamientos públicos para defender su tesis. A la controvertida recogida de firmas iniciada por el alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez, se han sumado ya varios dirigentes de peso, el último, el ex ministro Josep Borrell. El ex presidente del Parlamento europeo, junto a otros alcaldes y barones socialistas, suscribió la petición para que se celebre un congreso extraordinario urgente para atajar la pugna por el liderazgo del partido, una vez se resuelva el calendario institucional de la investidura. Ante la fractura interna todavía imposible de subsanar, el presidente de la gestora, Javier Fernández, sigue haciendo pedagogía entre dirigentes y cuadros medios. Esta «campaña» le llevará a intervenir mañana en la Reunión del Grupo Parlamentario en el Senado. Fernández es partidario de acordar la abstención de todos los diputados, pero, ante las amenazas de ciertas de ruptura de la disciplina de voto por parte de una veintena de parlamentarios, comienza a imponerse –tal como adelantó LA RAZÓN– la posibilidad de promover 11 «abstenciones técnicas» que permitan el objetivo de investir a Mariano Rajoy sin escenificar la división existente en el grupo socialista, ya que el resto de diputados votarían «no». Aunque esta tesis no encuentra cabida en sectores de la vieja guardia o en federaciones como la asturiana y la andaluza, que la consideran «vergonzante», «poco seria» o «ridícula», se abre paso como la «opción menos mala», ya que ayudaría a maquillar las profundas diferencias que existen actualmente en el seno del partido.

En caso de que finalmente se avale esta opción, todavía quedaría por dilucidar un asunto no menor: quiénes serán los encargados de defender la abstención. Aunque en un primer momento se apuntó a que debería ser la dirección del grupo, su número reducido –sólo son siete miembros tras la salida de Sánchez– y la importante presencia de «pedristas» entre ellos –Meritxell Batet, José Luis Ábalos y Sofía Hernanz- complican esta tesis. El PSOE afronta la enésima semana decisiva de los últimos meses. Los esfuerzos de Javier Fernández por aunar una posición común de todos los dirigentes territoriales para el Comité Federal han sido baldíos y la imposibilidad siquiera de reunirles a todos es una muestra palpable de que el clima de división que propició la dimisión de Pedro Sánchez sigue aún latente y amenaza con volver a implosionar.

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