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La proclamación internacional de Felipe VI

El respaldo de Isabel II a los Reyes refuerza a la Corona como claro bastón de apoyo en las relaciones exteriores: «Ha marcado un antes y un después»

  • Felipe VI, a su llegada a Londres durante la recepción de bienvenida ofrecida por Isabel II a los Reyes antes de iniciar el viaje de Estado
    Felipe VI, a su llegada a Londres durante la recepción de bienvenida ofrecida por Isabel II a los Reyes antes de iniciar el viaje de Estado

Tiempo de lectura 8 min.

16 de julio de 2017. 05:35h

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No sería pretencioso afirmar que el viaje de Estado realizado por Don Felipe y Doña Letizia a Reino Unido es y será el más importante que hagan como Reyes. Principalmente porque en Reino Unido se conjugan todos los aspectos que pueden hacerlos brillar: es una de las primeras potencias del mundo, la Monarquía más consolidada, y no tiene complejos en hacer brillar una visita de Estado en cuanto a pompa y fastos se refiere. Si el alcalde de la «City», Andre Parmley, se tiene que poner una capa de armiño para celebrar una cena en honor a los Reyes, se la pone. Y si las damas de la Corte tienen que desplegar todo el «patrimonio británico» de joyas para la cena de gala en el Buckingham Palace, también. Otros Jefes de Estado pueden viajar a Londres y tener empatía con los regios anfitriones. Pero nunca podrán llamar a la soberana más longeva del planeta «tía Lillibeth», como si puede hacer Don Felipe dado el matrimonio de Alfonso XIII con Victoria Eugenia. Ni tampoco la mujer del primer ministro en cuestión, o la primera ministra si lo fuera, podrá llevar la Corona que la bisabuela de Felipe VI lució en el día de su boda, como mensaje de unión entre ambas naciones y que sí pudo transmitir Doña Letizia. No hay por qué dudar de la impresión en el círculo más cercano al Rey de que este viaje ha marcado un «antes y un después» en la Monarquía española, y que ha relanzado internacionalmente a Don Felipe y a Doña Letizia. Para Zarzuela, aunque no hagan balances de los viajes, esta visita ha significado un refuerzo del valor de la Corona tanto interna como exteriormente. El respaldo que Isabel II ha dado a España con el despliegue en el recibimiento ha lanzado un mensaje: España tiene dentro de sus fronteras un problema con el órdago independentista, España ha pasado por una situación de bloqueo político que aún tiene secuelas como para poder aprobar unos presupuestos, pero a España se la recibe como merece. Y no sólo eso, sino que la Reina Isabel olvida el distante protocolo británico –tan natural en la vida de los altos círculos como levantarse a desayunar– y, en plena incertidumbre de la situación de los residentes españoles y de la situación de nuestras empresas en Reino Unido, mostrar una clara deferencia como invitada respecto a ellos saludándolos con dos afectuosos besos, tan inalcanzables para el resto en los saludos, siempre precedidos por una mano enguantada. Para el círculo más cercano a Don Felipe esta visita de Estado refuerza a la Corona internacionalmente porque se ha demostrado que, en momentos de negociaciones difíciles, como los que abre ahora Reino Unido tras la salida de la UE, es necesaria. A pesar de que la Casa del Rey no haga valoraciones, un portavoz de la Casa remitía para valorar el sentir del Rey y, por tanto, al de la Institución en general, al último mensaje que lanzó en Oxford: «Tengan la certeza de que no olvidaremos estos días, en los que hemos percibido la calidez del pueblo británico y sus instituciones hacia España. Como tampoco podremos olvidar que han sido posibles gracias a la generosidad de S. M. la Reina Isabel y su familia». Lo que, en resumidas cuentas, significa que la intención de potenciar las relaciones entre ambos países por parte del gobierno británico, principalmente hacia nuestros intercambios comerciales y la situación de los residentes, se debe en gran medida a la escenificación pública que ha hecho Isabel II. En Oxford, se produjo una anécdota relevante. Unos niños recibieron a los Reyes con banderas de Reino Unido y de España, de 7 y 8 años, estudiantes del Tyndale Community School, en el que se imparte español y recientemente habían estudiado sobre España y la Familia Real. Un detallado trabajo de mosaicos representando a la Alhambra de Granada fue observado con emoción por los regios invitados, y una niña que pudo hablar con ellos y posteriormente con este periódico comentó parte de la conversación. «La Reina es muy guapa y huele muy bien», comentó, «y el Rey es muy alto». En una pregunta y una respuesta completamente inocente en un tono de broma, la niña hizo dos preguntas que obtuvieron dos respuestas cruciales: ¿Han conocido a la Reina Isabel II? Según contó la pequeña Stephanie, contestaron que sí y que estaban muy «agradecidos porque era muy generosa y buena». ¿Pesa mucho la Corona?. Entre risas, respondieron que sí. Aunque la respuesta fuera un comentario en broma imaginándose la corona sobre su cabeza, lo cierto es que puede pesar mucho en determinados momentos de dificultad, como el vivido por el Jefe del Estado durante el bloqueo político en el que todas las miradas estaban puestas en él. Pero, con toda probabilidad, ningún lector de este artículo habrá cenado al lado de Isabel II en el Palacio de Buckingham, ni ha sido recibido nunca a su llegada con una fila de siete carrozas tiradas de caballos en entrada principal mientras la Guardia Real mantiene las espadas en alto. Si parte de la elegancia es saber responder sin que el interlocutor se sienta atacado, los británicos lo llevan en la sangre. El contencioso de Gibraltar empezó a calentar motores antes de que comenzase el viaje: los tabloides más sensacionalistas amenazaban con que los tories podrían abandonar el Palacio de Westminster si Don Felipe apelaba al Peñón. Amenaza en balde: todo el Parlamento procedió a una ovación cerrada tras el mensaje del Monarca, e incluso el responsable de la Cámara de los lores lanzó un espontáneo y en español: «Viva el Rey». Lo que no quita para que, horas más tarde, el gobierno británico lanzase un comunicado absolutamente tajante. «Gibraltar es innegociable». En cualquier caso, en cada una de sus intervenciones las autoridades británicas han resaltado las estrechas relaciones bilaterales entre Londres y Madrid. La propia Isabel II defendió en el transcurso de la cena de gala que, con los lazos tan profundos, ningún desafío afectará a la sintonía entre ambos países. Un gesto muy importante en un momento político de gran calado e incertidumbre tras la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Una situación que afecta tanto a la situación de las empresas, como a la de los residentes en la ciudad. En definitiva, un viaje que se produce en un momento histórico: hace 31 años que Don Juan Carlos y Doña Sofía realizaron el último viaje de Estado a Reino Unido, y que se ha tenido que posponer en dos ocasiones: primero, en 2016 por la coyuntura política de nuestro país y que amenazó con no poder repetirse en mucho tiempo –Isabel II sólo recibe dos viajes de Estado al año– y la segunda por la convocatoria adelantada de elecciones por parte de Theresa May.

Una cena de gala sin Brexit

Fuentes asistentes a la cena de gala en conversación con este periódico aseguran que, por cortesía, la salida de Reino Unido no se trató durante la cena de gala en Buckingham. Un encuentro muy protocolario en la que cada comensal hablaba con su vecino, sin producirse largos corrillos «post cena» pero que, sin embargo, no impidió que el duque de Edimburgo intentara interactuar con los invitados. «Es simpatiquísimo y muy divertido». Por cortesía, el Brexit no fue tema de conversación, aunque fuentes asistentes al viaje sí percibieron cierta «tristeza» en algunos políticos por la situación, y manifestaron su deseo de «volver atrás». Según informan fuentes empresariales –el Ibex 35 ha seguido a los Reyes–, el Jefe del Estado les transmitió en conversaciones durante el viaje que había merecido la pena la espera para poder realizar el viaje, y estar «muy contento» con el resultado.

«El Rey es muy consciente de que estamos en un momento en el que hay mucha incertidumbre, y no sólo empresarial, sino también de relaciones políticas», explican. «Pero el tono de las reuniones que se ha mantenido durante estos días ha sido muy sereno, y un deseo por ambas partes de mantener las buenas relaciones comerciales. El balance que hace es magnífico».

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