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«La situación de partida es de extrema gravedad»

Afinsa asumía que dar ciertos datos a Hacienda «dejaba al descubierto demasiadas interioridades del negocio»

  • Extracto de uno de los correos internos de Afinsa, incorporados al informe pericial, que revelan cuál era la situación y el modelo de gestión de la sociedad
    Extracto de uno de los correos internos de Afinsa, incorporados al informe pericial, que revelan cuál era la situación y el modelo de gestión de la sociedad
R. Coarasa.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de febrero de 2013. 11:38h

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R. Coarasa.  Madrid. 11/2/2013

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Los responsables de Afinsa sabían que la filatelia era «una simple fachada» y que el papel de los sellos era, según el informe pericial, «completamente residual», sólo sostenido por el objetivo de «cubrir una apariencia formal» para enmascarar una actividad de captación de recursos.

En el documento se incluyen diferentes correos y notas internas que dejan traslucir esa conclusión pericial. Por ejemplo, una «nota interior» que los autores del informe consideran «muy importante» encontrada en el ordenador portátil del entonces secretario general de Afinsa, Joaquín Abajo, remitida al ex consejero Emilio Ballester con copia a Juan Antonio Cano, presidente de la sociedad, el 5 de mayo de 2003, justo tres años antes de la intervención judicial. En la misma Abajo valora la información que se va a facilitar a Hacienda para justificar las provisiones de contratos de inversión.

Con esos datos (que apuntan a que el inversor nunca puede obtener en el mercado el dinero que Afinsa le garantiza, por lo que está obligado a ejercitar su opción de reembolso), Abajo alerta de que Hacienda se puede preguntar: «¿Cómo puede Afinsa pagar precios que están fuera del mercado?» y «¿dónde está el negocio de Afinsa?». Para Hacienda, expone, sería fácil llegar a la conclusión de que la sociedad opera con precios «artificialmente inflados y las revalorizaciones que ofrece no tienen nada que ver con la propia revalorización de la filatelia». Y de ahí «a concluir que lo que se está haciendo es mover capitales y que los sellos son una mera fachada» hay, insiste, «un paso muy corto». Por este motivo, alerta de que el informe que estaba preparando Afinsa para enviar a Hacienda «dejaba al descubierto demasiadas interioridades del negocio, lo que no debía ocurrir».

En los informes de reposicionamiento realizados en 2002 se analiza el modelo de negocio de la empresa y la conclusión no deja lugar a dudas: «La situación de partida (rentabilidad y solvencia) es de extrema gravedad, sólo soportada por una necesidad creciente de flujos de tesorería». De ahí que los peritos subrayen que sus directivos sabían que la situación real (la de una empresa en quiebra) «era muy distinta de la oficial».

«Necesitamos 23 millones de euros mensuales y debemos buscar nuevas líneas de negocio y la diversificación de productos», se recoge en un acta de la compañía en febrero de 2003. Un año después, en mayo de 2004, se forma un grupo de trabajo entre personal de Afinsa y del despacho de abogados Cuatrecasas para, según los peritos, sustituir a Ballester en alguna (señalado en el informe como el posible responsable del modelo contable) de sus labores. En una carta remitida el 7 de mayo de 2004 a Juan Antonio Cano, Ballester recuerda que «cuando me pediste que le diera "toda, toda la información" de cómo funcionábamos (a Cuatrecasas) suponía un cierto riesgo el que no llegase a comprender los "cuadres"» y, añade, «un concepto de beneficio derivado de nuestra actividad (que realmente no existe, pero que cuando se "forma" se puede explicar a terceros y sobre el que "nadie ha dudado", hasta la fecha)».

«Un artilugio jurídico y contable»

El informe radiografía la actividad de Afinsa y concluye que, al menos desde 1998, se encontraba en «una clara situación de quiebra patrimonial». La sociedad firmaba con sus clientes contratos de intermediación por los que vendía los sellos prometiendo una alta rentabilidad pasado un plazo. Al expirar, se aparentaba que otro cliente los compraba y se entregaba al anterior lo pactado. Pero «ni el cliente cobra lo que paga un tercero de la compra de los sellos, ni Afinsa cobra las comisiones, ni los sellos en ningún caso son vendidos a un tercero». Todo obedecía a «un artilugio jurídico y contable buscado con el fin de no dejar traslucir el auténtico negocio». Para asegurarse la revalorización de los sellos, Afinsa habría recurrido al «control/manipulación de los catálogos filatélicos».

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