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Las antisistema de la CUP: «pijas» con bonos del estado español

El llamado «Gobierno femenino» no predica en su vida diaria con el anticapitalismo. Sus inversiones actuales en negocios diversos son buena prueba de ello

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Tiempo de lectura 8 min.

07 de agosto de 2017. 15:04h

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Anticapitalistas radicales, pero practicantes en su vida privada de un capitalismo que denostan públicamente. Los antisistema de la CUP (Candidaturas de Unidad Popular) nacieron bajo la primera égida de un zamorano, David Fernández, pero ejercen hoy una farsa política de primer orden en manos de varias mujeres: Anna Gabriel, Gabriela Serra, Mireia Boya, Eulalia Reguant y un gerundense, Benet Salellas, íntimo amigo de Carles Puigdemont. El llamado gobierno feminista de la CUP, violentas y agresivas, ocultan tras de sí un pasado y un presente muy diferentes. Nacidas en el seno de buenas familias, educadas en colegios religiosos y con inversiones actuales en negocios en toda España. Las mujeres de la CUP –que hace meses declararon ante el Parlament de Cataluña: «Somos sucias, feas y malfolladas por hacer política»– protagonizan una auténtica farsa. Estas diputadas aprovechan el discurso nacionalista, que Artur Mas les puso en bandeja, para montar un mitin y proclamar que son «las nietas de las brujas que no pudieron quemar».

Los nombres de Gabriela Serra, Anna Gabriel, Mireia Boya, Eulaia Reguant y otras tantas son el más crudo ejemplo de dónde ha llevado a Cataluña el nacionalismo radical .

Gabriela Serra, el rostro firmante, junto al convergente Jose Luis Corominas, de la ley del referéndum, es una «monstruita» entrañable, en palabras de muchos diputados del PDeCAT. Nacida en 1951 en una familia de clase acomodada del sector textil, se educó en una escuela de monjas de Mataró en el momento más duro de la dictadura. De pequeña, según recuerdan ahora vecinos de la época, «la Gabrielita» quería ser monja misionera o bailarina. Con la adolescencia, sin embargo, llegaron las oleadas de inmigrantes y ella se radicalizó. Cambio su asistencia al servicio religioso diario por una casa de asistencia a inmigrantes. Su familia, curiosamente, según afirman vecinos de Mataró, poseía varios inmuebles de negocio textil con buenos beneficios. Bajo su apariencia de mujer ruda y agria, la dirigente cupera es una mujer sensible. Casada con 19 años, se trasladó a Roma en 1972 siguiendo a su marido. En Roma se deslumbra con el comunismo italiano del momento.

Cuando Serra regresa a Catalunya, el PSUC le parece un partido demasiado moderado. Quiere experimentar de primera mano la vida de los obreros y se instala en Santa Coloma de Gramanet, donde todavía hoy es querida y recordada.

Serra hace de maestra en el Camp de la Bóta, se implica en las luchas vecinales del barrio de Singuerlín y arraiga en Santa Coloma. Participa en el secuestro de autobuses, en la organización de escuelas y en todo tipo de luchas comunitarias que la acercan al activismo de base. Cuando Felipe González organiza el referéndum de la OTAN, Serra ya forma parte de organizaciones pacifistas. Decepcionada del PSOE y de la recién estrenada democracia española, Serra se marcha a Guatemala y El Salvador después del referéndum de la OTAN de 1986. No hace de monja misionera, pero sí de defensora de obreros que apuestan por los mismos principios que había visto reclamar en la agonía del franquismo. La violencia pone a prueba su coraje y su pacifismo. En este contexto conoce a su pareja actual. También a Rigoberta Menchú, que fue Premio Nobel de la Paz. Serra descubre que es independentista por los mismos motivos que otra radical, Anna Gabriel, que ahora ejerce la «turismofobia» y pasó muchos años de su vida, en especial en verano, en una comuna «hippie» de Ibiza. En las dunas de San Miguel y Santa Eulalia, antiguos paraísos de la movida, la recuerdan como una radical extremista de muy mal carácter. En aquella época, según estas fuentes, regentó con otros amigos un restaurante en la isla ibicenca. Gabriel es un puro ejemplo de la farsa cupera, y quienes bien la conocen la tildan de «despiadada» pero falsa. Su sueldo ahora en el Parlament, donde ejerce de portavoz en todas las comisiones importantes, es de los más altos en la Cámara autonómica.

Tras conocerse las propiedades declaradas de los diputados de la CUP, después de que la diputada Eulalia Reguant abriera la puerta a las ocupaciones de segundas residencias, siguen saliendo sorpresas. La señora Serra, según la declaración de bienes pública que entregó en el Parlament, ha comprado bonos del Estado español , por casi 5.000 euros, pero resulta curioso que una diputada independentista, de izquierda radical, que quiere romper con España compre bonos del Tesoro español sin que la elevada prima de riesgo que continuamente ha castigado la deuda pública española se lo replanteara.

Anna Gabriel Sabaté (Sallent de Llobregat, 1975) es una educadora social, profesora de Derecho y política española. Desde octubre de 2015 es diputada en el Parlamento de Cataluña por las CUP, formación en la que milita desde 2002. Es miembro de Endavant (Organización Socialista de Liberación Nacional) y del equipo fundador del colectivo Terra i Llibertat, además de afiliada a la Confederación General del Trabajo entre 2003 y 2011. Sus abuelos eran de Huelva, mientras sus padres se reparten entre Tarragona y Murcia. Cuentan que su bisabuelo llegó a quemar dinero en la plaza del pueblo en un acto de festejo libertario. Pero toda esta leyenda anarquista la echan por tierra muchos vecinos de la zona, que cuentan cómo la familia regentaba varios negocios agrícolas y emigró a Cataluña «con los bolsillos llenos». Anna Comenzó su militancia en agrupaciones de izquierda en la adolescencia, precisamente en Andalucía, y según personas que en aquella época la conocieron, «aspiraba a ser una gran hotelera». Hoy es la más radical, lidera Endavant , dentro de la CUP, y está detrás de los ataques violentos contra el turismo por parte de la organización radical Arran.

La que tampoco tiene desperdicio es Mireia Boya Busquet, un niña rica , hija de padres adinerados, que juega a ser antisistema. La diputada de la CUP oculta en su declaración oficial de patrimonio que es propietaria, junto a su hermano, de un hotel rural situado en el Pirineo leridano y valorado en alrededor de 250.000 euros.

Según su declaración de bienes presentada en el Parlament en el año 2015, el único inmueble que posee Mireia Boya es el 50% de una «finca urbana» valorada en 8.199,24 euros. En realidad, se trata de un hotel rural de 170 metros cuadrados, distribuidos en tres plantas, que cuenta con un huerto anexo. La diputada explota este establecimiento a través de la comunidad de bienes Borda Guilhamuc C. B., de la que es socia junto a su hermano, Josep Boya Busquet, quien desde enero de 2016 es director general de Archivos, Bibliotecas, Museo y Patrimonio de la Generalitat.

Elegida por la circunscripción de Lérida, Miria Boya se convirtió en diputada autonómica el 18 de diciembre de 2015 y, tan sólo un mes después, el Gobierno de Carles Puigdemont colocó a su hermano como alto cargo de la Conselleria de Cultura.

Funcionario del cuerpo de conservadores de la Generalitat, Josep Boya ha sido con anterioridad director del Museo del Vall d’Aran y, desde el año 2014, director del Museu d’Història de Catalunya. En ambos casos, durante gobiernos de Convergencia (hoy PDeCAT)

Y otra independentista fervorosa es Eulàlia Reguant, nacida en la elitista clínica Dexeus de Barcelona en 1979, hija y nieta de una familia de profesores de clase media defensora de la lengua catalana durante la dictadura.

Educada en los Escolapios de la calle de la Diputació de Barcelona, la dirigente de la CUP tuvo una infancia agradable y catalanista, pero muy alejada del separatismo radical. Su vestuario actual, hecho de ropas muy por encima de su talla, revela su demagogia izquierdista de mal gusto. En sus años de estudiante frecuentaba otro tipo de tiendas en el Paseo de Gracia barcelonés. Reguant estudió matemáticas y se politizó durante los años que pasó en la universidad. Fue en esa etapa universitaria cuando Eulalia conoció a Benet Salellas, el dirigente de la CUP íntimo amigo de Carles Puigdemont, hijo de una ilustre familia de juristas de Gerona. Allí coquetearon con ERC para luego derivar en la CUP, donde la demagogia prima frente a un pasado que, quieran o no, es irrefutable. Primero el bolsillo lleno, a costa del Estado español, que siempre paga. La independencia les sale, hoy por hoy, muy barata.

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