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Joaquín Leguina: «Es mentira que España sea una nación de naciones»

Convencido de que la Constitución contiene las soluciones para resolver los retos actuales, Joaquín Leguina apela a recuperar el valor de la política («no se puede admitir, llegar para robar») y elevar el nivel de quienes se dedican a ella.

  • Joaquín Leguina
    Joaquín Leguina
Alejandra Clements.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

19 de marzo de 2017. 17:13h

Comentada

–Usted fue el primer presidente de la Comunidad de Madrid. ¿Funciona el sistema autonómico?

–El Título VIII de la Constitución es un camello. Es decir, un caballo dibujado por una comisión. Está lleno de ambigüedades que impusieron los nacionalistas. Siempre hay que pactar con ellos el desarrollo legal: fue un error tremendo.

–¿Y esas ambigüedades no se han concretado a lo largo de los años?

–PSOE y UCD tenían las ideas claras, pero se avinieron a ese apaño por el consenso y lo hemos pagado caro. Las autonomías de primera y segunda no se sostienen en la lógica federal que está detrás de la Constitución.

–¿Vivimos en un estado federal?

–Sin duda, aunque no se nombre así. No ha traído problemas de funcionamiento, pero desde el punto de vista ideológico ha creado unos reinos de taifas que no se sostienen y le hacen el juego a los nacionalismos separatistas. Así se llega a la propuesta de Pedro Sánchez y de Podemos de que España es una nación de naciones. Y eso es mentira. La Constitución lo deja muy claro en sus artículos 1 y 2.

–¿Y cómo frenar al separatismo?

–Aplicando la Constitución. Cambiar esos dos artículos exige unos procedimientos muy complicados que ningún gobierno está dispuesto a asumir. Lo que tiene que hacer el Estado es ejercer sus competencias. No hace falta más, ni cambiar nada. Si los separatistas catalanes se dedican a echar el castellano de las aulas, tu intervienes y punto.

–¿Recurriendo al artículo 155, por ejemplo?

–Yo no creo que haya que recurrir a nada. Los independentistas catalanes están en una pelea interna, lo único que les une es el odio a España. El problema lo han creado ellos, así que tienen que solucionarlo ellos. ¿Qué diálogo cabe?

–¿Y si convocan otra consulta?

–Se manda a una pareja de la Guardia Civil...Yo no creo que hagan otro referéndum. ¿Qué van a hacer? ¿Repetir la jugada del 9-N? No creo que se les ocurra.

–Usted es un experto estadístico. ¿Cómo retratan las cifras a España?

–Las estadísticas económicas y sociales reflejan un país bastante moderno con un gran problema: el desempleo. También los bajos salarios y la desigualdad. Estamos en el pelotón de cabeza porque somos un país grande dentro de Europa.

–Hemos pasado un año con Gobierno en funciones. ¿No sabemos negociar?

–Para evitar este «impasse» absurdo, en la votación que elige al presidente dentro del Parlamento sólo debería votarse «sí» o abstención.

–¿Debería cambiarse la ley?

–Creo que sí y hay que retomar la idea de segundas vueltas, tipo Francia. Hay mucho votante que no vota «a favor de», sino «en contra de». Con una segunda vuelta el resultado es más real.

–¿Reconoce al PSOE actual?

-Poco.

–¿Por qué?

–Le falta liderazgo. Es un proyecto que está muy dividio en dos fuerzas muy disolventes, muy tóxicas

–¿Qué fuerzas?

–La de lo políticamente correcto y luego tenemos la situación del PSC. A ver si se resuelve esta situación...

–El último acuerdo entre PSOE y PSC no lo ha resuelto...

–No puede ser que un partido que se está disolviendo en Cataluña, aunque antes era fundamental para la gobernabilidad del país, sea ahora una carga para todo el partido ...

–¿Sobrevivirá el PSOE?

–No está escrito en las estrellas que los partidos duren siempre. Creo que sería muy malo para España que desapareciera una izquierda moderada y potente.

–¿Son las primarias un buen sistema para elegir al líder?

–No, no. Si las primarias no son abiertas, no sirven para nada. Además, tendrían que ser a dos vueltas y sólo ser válidas si participan más de dos millones. Yo no quiero la democracia de Pablito Iglesias, que no es democracia ni es nada. O votan muchos ciudadanos o no vale.

–¿Cómo es esa democracia de Pablo Iglesias?

–Vienen de dónde vienen. De la asamblea de facultad, de los escraches que trataban de impedir que la gente pudiera hablar... Podemos no es un partido, es un movimiento que surgió por la crisis económica y por la falta de nivel de la dirigencia de partidos constitucionalistas, como el PP y el PSOE. Tienen el voto del «no».

–Entonces, ¿tendrán un tope en las urnas?

–Espero que sí. Aunque las personas no siempre nos comportamos con racionalidad...

–Al final no hubo «sorpasso», pero ¿aún son una amenaza para el PSOE?

–Los líderes del PSOE tendrían que saber distinguir entre el enemigo que te quiere matar y el adversario que te quiere ganar. Éste es el PP y el otro es Podemos.

–Aún así hay quien en el PSOE le hace guiños a Podemos...

-Si se van con ellos, ya verán donde acaban... Es una locura políticamente hablando.

–¿Ha perdido prestigio la política?

–No llega al desprestigio, pero la corrupción ha sido una tara enorme. Lo que sí hay es una pérdida de la calidad media de la dirigencia. Para presentarse a cualquier cargo público tendría que haber una ley de partidos que exigiera haber trabajado fuera de la vida pública al menos diez o doce años. Es imprescindible.

–Y sobre España...

–Un recuerdo: el peor: España en la Guerra Civil. El mejor: los escritores españoles.

–Una palabra: patria, ¿no?

–El futuro: yo soy optimista.

–Un tópico real: demasiado corazón.

–Un tópico irreal: somos todos toreros.

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