sábado, 23 julio 2016
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España

Los abertzales cambian Bildu por Podemos

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El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha hecho continuos guiños en su programa «La Tuerka» al mundo de la izquierda abertzale, a ETA y a los familiares de presos.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha hecho continuos guiños en su programa «La Tuerka» al mundo de la izquierda abertzale, a ETA y a los familiares de presos.

La aparición de Podemos en el panorama político está removiendo también los cimientos del País Vasco. El crecimiento del partido de Pablo Iglesias lo están notando en el granero tradicional de EH Bildu, que aspira a consolidarse en las instituciones como fuerza de referencia del independentismo de izquierdas. Sin embargo, el crecimiento de Podemos en el País Vasco y Navarra, unido a la desmovilización de la base social abertzale y a la aparición de tensiones internas en la coalición –según constata la información política y policial–, podría afectar sustancialmente a sus expectativas. Los proetarras son reacios a dar credibilidad a las encuestas, pero son conscientes de que para una parte de su electorado tradicional, sobre todo los más jóvenes, las plataformas vinculadas a Podemos resultan más atractivas que la opción EH-Bildu. Por eso están revisando su estrategia para implicar a las organizaciones juveniles de los partidos de la coalición en todas las iniciativas de la campaña. Podemos también está jugando con la ambigüedad en el tablero vasco. Hablan de patriotismo cuando van a otras comunidades autónomas, pero al tiempo se declaran defensores de la autodeterminación. Y ahí están sus antecedentes y los posicionamientos públicos de algunos de los dirigentes actuales del nuevo partido. De acuerdo con documentación incautada en una operación de la Guardia Civil, el entorno proetarra recoge el nombre del dirigente de Podemos como hombre de referencia en Madrid. Dicen desde el Gobierno que la colaboración con el entorno abertzale se remonta al 22 de diciembre de 2012, en el Club de Amigos de la Unesco, donde tuvo lugar un acto de apoyo a los terroristas juzgados y encarcelados, que, posteriormente, se plasmó en la manifestación que se celebró en Bilbao en enero de 2013.

El 6 de junio de 2013, en una herriko taberna de Navarra, Pablo Iglesias defendía: «La Constitución no instaura una suerte de reglas del juego democráticas, sino de alguna manera mantiene una serie de poderes que, de una forma muy lampedusiana, quiere cambiarlo todo para que todo siga igual, permitiendo la permanencia de una serie de élites económicas en los principales mecanismos y dispositivos del poder del Estado español. Me gusta contar esto aquí, porque quien se dio cuenta de eso desde el principio fue la izquierda vasca y ETA. Por mucho procedimiento democrático que haya, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española». Y en un tuit del 27 de junio de 2012, el líder de Podemos sostenía: «Isabel de Inglaterra saludaba hoy a M. McGuinness, jefe histórico del IRA y número 2 del Sinn Féin. ¿Por qué Otegi está en prisión?». Al final, estos mensajes, mezclados con la crisis y con el general desgaste de instituciones y partidos, han hecho mella también en el movimiento proetarra. En la dirección de EH Bildu saben, además, que existe una profunda desmovilización de una parte de su militancia por la ausencia de resultados tangibles tras el cambio de estrategia. La principal crítica es que el final de la violencia de ETA y la apuesta por las vías políticas no han traído cambios en la situación de los presos ni tampoco ha traído avances en el proyecto independentista. Aunque buena parte de estos votantes no votan a opciones distintas a la abertzale, sí hay miedo a que opten por la abstención. Por eso EH Bildu está centrando sus esfuerzos en la preparación de la campaña para atraer al mayor número de votantes independentistas y de izquierdas, o mantener un nivel de apoyos como el obtenido en 2011. Para Sortu, el principal partido de la coalición, resulta esencial obtener un alto porcentaje de votos para avanzar en lo relacionado con «la resolución del conflicto» y consolidar su presencia institucional para poner en marcha la Vía Vasca II (la construcción de un Estado vasco constituido por Navarra, País Vasco e Iparralde). Pero en estos momentos los abertzales temen llegar a perder un número considerable de concejales en el País Vasco e, incluso, la Diputación de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián.

Entre otros problemas se están encontrando con una gran dificultad para trasladar un mensaje innovador frente a opciones como Podemos, en lo que afecta al rupturismo de izquierdas, o frente al nacionalismo institucional de PNV. Además, recientemente han surgido desavenencias en el seno de la coalición por el enfrentamiento entre Sortu y EA por la confección de listas electorales. Sortu diseña el programa y las candidaturas, pero EA pretende mantener la representación a toda costa y no está dispuesto a ceder posiciones en ninguna de las localidades en las que se presenta. Pese a que estos desencuentros han existido siempre, en esta ocasión se ha llegado incluso a plantear la salida de EA de la coalición con el consiguiente perjuicio para la imagen de unidad y transversalidad que aspira a transmitir la izquierda abertzale. El enfrentamiento se ha hecho extensivo al «Frente Amplio», el nuevo proyecto para lograr una acumulación de fuerzas políticas, sociales y sindicales. EA reclama más protagonismo dentro de esta iniciativa y que no sea Sortu la que imponga sus criterios. La obsesión de Sortu es evitar que trasciendan públicamente estos desencuentros para no dañar la imagen de unidad y que no se compliquen más sus perspectivas electorales.

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