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El imán de Ripoll actuó como el «captador» de Estado Islámico

Es Satty se quedaba en la mezquita tras el rezo con los terroristas y les ponía vídeos. En junio de 2016 regresó de Bélgica, donde se podría haber radicalizado. Cumplió cuatro años de prisión en Castellón por tráfico de drogas

  •  Abdelbaki Es Satty, el imán salafista de Ripoll
    Abdelbaki Es Satty, el imán salafista de Ripoll

Tiempo de lectura 5 min.

20 de agosto de 2017. 19:31h

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No llegaba a los 50 años y era más bien gordito: así describen sus vecinos a Abdelbaki Es Satty, el imán salafista de Ripoll al que los investigadores atribuyen ahora el papel de captador e instructor de los jóvenes terroristas que cometieron los ataques de Barcelona y Cambrils el pasado jueves. Es Satty podría ser uno de los fallecidos en la explosión de la casa okupa de Alcanar la noche del miércoles, horas antes de arrollamiento masivo de la Rambla, aunque de forma oficial se desconoce su paradero. También de Ripoll se esfumó más de una vez sin que nadie supiera a ciencia cierta donde estaba. Natural del norte de Marruecos, aseguraba que tenía allí nueve hijos aunque aquí nunca trajo a nadie a su domicilio en España. Ayer se conoció que salió de la cárcel de Castellón en 2012 por un tema relacionado con la Ley de Extranjería. Otras fuentes señalaron a Europa Press que la condena fue por tráfico de hachís y que cumplió condena entre 2010 y 2014. Al parecer fue sorprendido en 2010 en un ferri entre Ceuta y Algeciras con un cargamento de droga.

En la localidad gerundense no debía llevar mucho mas de dos años, y al poco, ya se hizo con la batuta de la mezquita de la calle del Progreso donde, a sus puertas, la Comunidad Islámica de Ripoll, salafista y abierta desde 2004, colgó ayer un cartel en catalán desmarcándose de la violencia y condenando los atentados. «Esto nos viene fatal a nosotros, el Islam no dice eso, estamos sobrepasados», explica Hamid Barbach, vocal de esta comunidad islámica de la localidad. Aquí explican que antes rezaban todos juntos en una mezquita pseudo ilegal situada en un garaje cercano, cerrado desde que ocurrió la tragedia.

«Allí no cabíamos todos y decidimos trasladarnos aquí», explica Barbach. Las malas lenguas dicen que entonces se formaron dos escisiones dentro de los musulmanes del pueblo, un ala mas radical y otra mas moderada. Es Satty, que cobraba 900 euros, dicen que pedía «muchas vacaciones» pero hace dos meses dejaron de verle el pelo. «Creo que fue a ver a su familia», dice Barbach, y lo siguiente que supo de él fue a raíz del atentado.

Hace seis, ocho meses, los Mossos acudieron a este centro islámico a pedir información. «No, sólo querían saber si algún vecino se quejaba por algo», explica de puntillas, sin querer ahondar en el tema. Tampoco dicen saber mucho más de su estancia por seis meses aproximadamente en Bélgica. Ni los motivos de su viaje ni nada. De allí regresó en junio de 2016, según calculan en la mezquita. Los investigadores barajan que durante ese periodo de tiempo en el país belga Es Satty pudiera radicalizarse o formar parte de una estructura mayor de Estado Islámico y hacer del penúltimo eslabón de «reclutador y maestro» de muyahidines.

Maestro de «letras árabes»

Es Satty llevaba un año, supuestamente, enseñando a los niños musulmanes de Ripoll «las letras árabes y cosas así», explican desde en centro religioso. Dicen que serian unos 80 niños de entre cinco y nueve años y que no tratan el tema de los radicalismos. «Lo que él hiciera fuera de aquí no lo sabemos», se disculpan. También niegan desde la mezquita que por allí fuera ninguno de los radicales ahora fallecidos, detenidos o buscados por la Policía. «A lo mejor alguno en Ramadán pero poco», sostienen.

Los amigos musulmanes de los yihadistas mas jóvenes (Omar, Moussa y Houssain) desmienten todo esto. «Desde que iban allí, hace un año, estaban encerrados todo el día y ni saludaban casi, solo hola y adiós. A los españoles les dicen que estaban liados trabajando o eso. Que va, estaban ahí con el imán», explica un joven argelino al que «miraban mal» por no ser practicante y fumar. «Se quedaban allí después del rezo y el imán les ponía vídeos, pero no se de qué serían», sostiene. «Yo si», apostilla el compañero sin querer aportar mucho más.

Un vecino de la escalera, también de origen marroquí, comentó que a él le intentaba convencer para que fuera a la mezquita a pesar de que no acostumbraba a practicar su religión en Ripoll.

Los Mossos estuvieron registrando la casa del imán el viernes. Su compañero de piso abrió la puerta a la prensa. Es un sexto piso de maltrechas escaleras situado en el numero 4 de la calle Sant Pere, a la entrada de lo que parece una vieja panadería de nombre Forn de Capdevilla. Su habitación estaba prácticamente vacía tras el registro policial o porque decidió llevarse todas sus pertenencias. Un colchón dado la vuelta y una estantería vacía además de alguna manta era todo lo que se veía. Sobre la mesita alta tipo cómoda situada en un extremo del salón estaba la orden judicial en la que se acordaba «la incautación de cuantas armas, municiones, explosivos, instrumentos, efectos, documentos o papeles se encuentren en el mismo y puedan puedan tener relación con el delito de terrorismo que es objeto de las presentes diligencias». Lo firma el magistrado del juzgado central de instrucción numero 4 de la Audiencia Nacional. Dentro poco más. Se trata de un piso muy modesto. En el salón, además del sofá, había un colchon de 90. En la cocina, también muy austera, había unos pocos enseres para cocinar.

A su compañero de piso, que apenas habla español, antes de esfumarse Es Satty le comentó que iba a viajar a Marruecos porque quería ver a su familia. Como casi todo en Ripoll, éste ayer desconocía si este extremo era cierto o no.

«Quiero que se entregue»

Una treintena de personas se citaron en la plaza del Ayuntamiento de Ripoll para expresar su dolor ante el atentado terrorista. En la concentración se identificaron a las las madres de cuatro de los atacantes, que lanzaron consignas de «no al terrorismo» a la par que exhibían carteles en los que se podía leer «no en mi nombre». Además guardaron un minuto de silencio por las víctimas. La madre de Younes Abouyaaqoub, principal sospechoso de cometer el ataque de La Rambla todavía huido, le pidió personalmente que se entregue. “Quiero que se entregue. No quiero que maten a los demás, el islam no dice eso”, ha dicho la madre Hanno Ghanim.

Otras dos mujeres, que se identificaron como la madre y la hermana de otro de los presuntos terroristas, Mohamed Hychami, abatido en Cambrils explicaron a Efe que todos están «rotos de dolor»y que no sospechaban «absolutamente nada». Hasta la plaza también seacercó Mounir Laghmiri, un hombre de 27 años que forma parte de la comunidad islámica Annur y que conocía a los jóvenes que ahora buscan y acusan de ser los presuntos autores de los atentados de esta semana en Cataluña.

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