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Los yihadistas iban a cometer una segunda fase de atentados con mochilas

Preparaban ataques como el del concierto del Manchester Arena y el objetivo era las grandes concentraciones de personas

Tiempo de lectura 4 min.

29 de agosto de 2017. 04:50h

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La célula que perpetró los atentados de Cataluña tenía previsto cometer al menos una decena de ataques con mochila bomba contra objetivos que los yihadistas denominan «blandos» (grandes concentraciones de personas), según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas.

La adquisición por parte de los yihadistas, el pasado 16 de agosto, en la localidad tarraconense de San Carlos de Rápita de quince fundas de almohada y bridas es la que ha dado las pistas. Las mochilas bomba que iban a fabricar eran similares a las utilizadas por un terrorista del Estado Islámico en el atentado perpetrado el pasado 22 de mayo de 2017 en el Manchester Arena al final de un concierto de la cantante estadounidense Ariana Grande. La explosión, alrededor de las 22:30, causó 22 muertos y 59 heridos.

El explosivo,el TATP, peróxido de acetona, conocido como la «madre de Satán», que en algunos casos puede ser más potente que el TNT, sería introducido en las fundas de almohada. Dentro del explosivo, iría colocado el detonador, del que saldrían dos cables que formarían parte de un circuito alimentado por una pila eléctrica. Para el cierre de dicho circuito y, por lo tanto, para que se produjese la deflagración, habría que activar un pulsador al apretarlo (presión) o, en su caso, soltarlo (alivio presión).

La funda de almohada, ya con el explosivo montado, podía ir alojada en otro receptáculo o no, pero siempre rodeada de metralla (tornillos, clavos y tuercas), con el fin de causar el mayor daño posible. En los registros efectuados tras los atentados de Cataluña fueron encontrados restos de pulsadores.

Este tipo de artefactos están pensados por el Estado Islámico para provocar el mayor número de víctimas posibles. El terrorista se coloca en el lugar en el que encuentra una mayor concentración de personas. Y es entonces cuando acciona o suelta el pulsador, y se produce la explosión.

El hecho de que los terroristas de Cataluña adquirieran 15 fundas –aunque sólo había operativos 10 miembros de la célula– avala que tenían previsto confeccionar, al menos, la misma cantidad de mochilas bomba (un terrorista puede llevar en algún caso dos, una en la espalda y otra en la mano). Se habla de mochilas, pero pueden ir alojadas en otros receptáculos o incluso colocarse la funda con el explosivo adosada al cuerpo fingiendo ser una persona de elevado peso.

Los expertos están convencidos, tal y como adelantó este periódico, de que el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, no tenía ninguna intención de suicidarse en la primera fase de atentados pese a que se lo había manifestado a otros miembros de la célula. Por el contrario, iba a dirigir esta segunda fase de atentados con las mochilas bomba.

La citada primera fase, además de la furgoneta que provocó el atropello masivo en Las Ramblas, incluía la colocación de dos furgonetas bombas en las querían utilizadas las bombonas que, según la versión de los Mossos, fueron compradas poco a poco por los terroristas. Llama la atención este dato, ya que quien utiliza este gas para uso doméstico sabe que el proveedor no da la bombona llena si no devuelves la vacía.Otra cosa es que los terroristas las hubieran robado.

Por otra parte, el vídeo en el que el yihadista Pérez, originario de Granada, era el protagonista de una nueva amenaza a España había sido elaborado por militantes del Estado Islámico en Deir ez-Zor, de la «Wilayat (provincia) al-Khayr», que ha publicado con anterioridad grabaciones de extremada dureza, con ejecuciones y actos similares.

La cinta, que incluye la fotografía del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lleva como título «La primera lluvia. La incursión de Barcelona», lo que hace suponer que se preparan nuevos ataques contra nuestro país.

Las citadas fuentes subrayan que, de no haberse producido la explosión en la vivienda operativa de la célula en la localidad tarraconense de Alcanar, en la que murió el jefe del grupo, el imán de Ripoll Abdelbaky Es Satty, las consecuencias en pérdida de vidas humanas se hubieran contado por centenares.

Se demuestra que el Estado Islámico quería cometer en Cataluña los atentados más sanguinarios, después del perpetrado por Al Qaeda en Madrid, con el fin de lanzar un mensaje de terror no sólo a España sino a todos los países que participan en la Coalición Internacional.

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