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Mariano Gomá: «Aún nos queda por ver la caída del independentismo»

Considera que el referéndum de la Generalitat puede acabar en «un acto ridículo y vergonzoso» y, si no se celebra, habrá elecciones: «Si no las convoca él, le obligará el pueblo catalán»

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Fernando Cancio.  Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

13 de agosto de 2017. 03:43h

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–Parece que, con los últimos movimientos de cara al 1-O, los independentistas están aún más radicalizados...

–Lógicamente andan a la desesperada y necesitan hacer una huida hacia delante. Han perdido cualquier oportunidad de llevar las cosas por un sendero normal y ahora están como el que está en la baranda de un barco preparado para suicidarse. Su inmolación o su suicidio, lo que está provocando es que detrás vamos todos, que es lo grave para un país.

–Todo esto ocurre mientras los sondeos, incluidos los de la Generalitat, muestran cómo el independentismo pierde fuerza. ¿Cree que es una forma de tratar de acallar esos malos resultados?

–Mi teoría es que han perdido la oportunidad de eliminar la frustración del pueblo convocando unas elecciones para el 1 de octubre, que es lo normal que hubieran tenido que hacer. Así, las personas que creen en ese supuesto referéndum hubieran tenido la oportunidad de votar de una forma legal y ellos una salida digna a su situación, pero como están al borde del suicidio, van en una marcha que nadie sabe a dónde les llevará. Y efectivamente, los sondeos les dan menos apoyo y les van a dar menos, porque la gente empieza a estar un poco harta. Estoy seguro de que si no han convocado las elecciones ha sido porque saben que tienen la mayoría perdida.

–¿Por qué cree que siguen insistiendo en ese camino al suicidio con, por ejemplo, el viaje de Puigdemont a Dinamarca para internacionalizar su órdago?

–Primero, uno no sabe por qué los suicidas se suicidan. Y segundo, porque Puigdemont, cuando accedió a la presidencia de la Generalitat de una forma absolutamente anormal, asumió que él era el inmolado, el damnificado y, por tanto, le da igual ir a la cárcel. Es el mártir. Ha preferido, más que ser gobernante, ser un mártir. Él seguirá, y morirá, pase lo que pase, siendo un mártir. He hablado con el cónsul de Dinamarca y me ha dicho que nadie del Gobierno de Dinamarca va a acudir a la apertura de la oficina que quieren hacer allí el día 30. Ni tampoco el embajador español ni el cónsul. Nadie va a ir. Siguen yendo a hacer un ridículo internacional, a reunirse con sus propios amiguetes.

–Vamos, que ellos tampoco le dan importancia a ese órdago.

–No le dan importancia ni los gobiernos de los países a los que va ni, me da la impresión, nuestro propio Gobierno. Porque uno se preguntaría: «¿Por qué el Gobierno no actúa?». Yo creo que no necesita actuar, ya se lo hacen ellos solos.

–¿Lo está haciendo bien el Ejecutivo en este asunto?

–Creo que sí. Porque no entra en la provocación. Ellos están constantemente provocando y el Ejecutivo no está entrando. En ese sentido, yo creo que lo está haciendo bien.

–Puigdemont se queja que Rajoy no quiere hablar con él del referéndum...

–Claro. Cuando uno va al juzgado a decir que quiere robar joyerías, pues el juzgado no le va a recibir. Puigdemont no está llamando a la puerta de Rajoy para hablar de temas sensatos. Sólo pretende hablar de un referéndum que es ilegal y, por tanto, el presidente del Gobierno no puede recibirle. ¿Qué va a decirle?

–Eso sí, él echa a los que dudan del proceso y pone a gente cercana, como el último movimiento con el director de los Mossos, que dijo que la Constitución no les frenará. ¿Es otra amenaza más?

–Yo creo que sí, que es una amenaza más. El problema es que tienen unas grietas en su propio sistema que son imposibles de coser. Hay una serie de personas que ven que se derrumba el edificio y se están marchando. Ponen de nuevo en el Gobierno a «okupas» que les da igual todo. La gente sensata se está yendo.

–¿Qué más nos queda por ver?

–Yo creo que nos queda mucho por ver pero, sobre todo, la caída. El ver su caída y oír el ruido que hace esa caída. Pero nos va a tocar también, además de sufrir ese ruido, sufrir luego el polvo que levanta lo derrumbado. Es decir, nos va a tocar asistir a todas las secuelas que deja una cosa así, la porquería que se levanta y que se tarda mucho en limpiar.

–¿Qué sería ese polvo del que habla?

–La caída y el polvo supondrían la oscuridad de las relaciones entre Cataluña y España. Vamos a tener que volver a coser la cultura catalana con la española, darnos mucho cariño y confianza para que los catalanes que de alguna manera han vivido esta patraña se vuelvan a sentir de nuevo españoles y orgullosos de pertenecer a un país como España. Básicamente, volver a recuperar el espíritu.

–Entonces, ¿habrá referéndum?

–Creo que no lo habrá. En mi agenda no tengo nada para ese día.

–En ese caso, ¿habrá elecciones otra vez?

–Es que es lo que toca. Si no las convoca él, les obligará el pueblo catalán. Yo creo que habría una movilización popular que dirá: «Han fracasado ustedes en este proyecto, vamos a ser serios y vamos a gobernar de una vez».

–¿Y en el caso de que sí que hubiese un referéndum?

–Primero habría que saber dónde y cómo. Si los convocan en las bocas del metro, con las urnas y con unas sillas de alquiler, sin censo, sin control y sin ninguna oficialidad, sería peor que el 9-N. Y considero que iría poca gente a votar y el resultado sería absurdo también. Me da igual que vote que sí el 95% de la gente si únicamente ha votado el 25% del pueblo de Cataluña. Todo es una situación ridícula que puede acabar en un acto ridículo y vergonzoso y vergonzante para ellos. Van a ser unos resultados sin trascendencia nacional ni internacional.

–Los últimos ataques al turismo, ¿pueden verse como una herramienta más del independentismo? Han aprovechado también la huelga de El Prat para vender las bondades de la desconexión...

–Ahí se mezclan dos cuestiones. Primero, que por supuesto ante cualquier problema laboral o coyuntural en Cataluña, ellos lo van a aprovechar para decir: «Veis lo mal que os trata España». Es la excusa del niño pequeño que tiraba la pelota y escondía la mano. Pero todos los ataques al turismo no sólo los alienta el independentismo, también los sectores destructores de la CUP, que son a los que no les interesa ni el turismo ni nada. Sólo les interesa el no hacer nada y vivir del cuento. Les da igual la economía, el consumo, el porcentaje que el turismo representa para las arcas... Para mí son los más sinceros, porque han dicho que venían a reventarlo todo y harán lo que sea para reventarlo todo.

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